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Las mejores imágenes de Israel López,
"Cachao" (La Habana, 14 de septiembre de
1918
—Coral Gables, 22 de marzo de
2008), las construyó con su sonido,
mucho más perdurable que aquella en la
que se les ve con el clan Estefan en
Miami, que aprovecharon su genio, o la
muy patética que recorrió el mundo un 20
de mayo en la Casa Blanca, junto a
George W. Bush, en un acto de demagogia
del mandatario que ni siquiera pudo
pronunciar a derechas el nombre de su
invitado.
El músico que acaba de fallecer en el
estado norteamericano de Florida llenó
con su talento varias etapas esenciales
en el desarrollo de la música cubana
durante la pasada centuria. El crítico
Ned Sublette no dudó en considerarlo
“posiblemente el más importante
contrabajista de la música popular en el
siglo XX no solo por las innovaciones en
la música cubana, sino por la influencia
que ejerció en la línea de los bajos del
rythm and blues”.
Cachao creció entre músicos. Siendo un
muchachón integró un septeto en el que
alternaría con quien sería luego uno
de los más grandes boleristas, Roberto
Faz. Pero a la par que cultivaba los
aires populares se hacía notar en el
territorio clásico, donde aún
adolescente integró la Filarmónica de La
Habana, bajo la dirección del maestro
Pedro Sanjuán.
Junto a su hermano Orestes hizo época,
desde los 30, en la Orquesta de Arcaño y sus Maravillas.
“Éramos jóvenes inquietos con ganas de
renovar la música —recordó en una
entrevista—, nos estábamos preparando, y
queríamos ir más allá de los danzones
tradicionales, el pianista Jesús López
era muy original, Ulpiano Díaz con
excepcionales cualidades rítmicas. Mi
hermano y yo éramos los compositores. De
ahí sale el mambo y otras nuevas e
interesantes obras. Estuve con la
orquesta 12 años. En ese lapso, de
1937 a 1948, que fue cuando yo me fui,
la Orquesta era difícil de igualar. Fue
la mejor época que tuvo la Orquesta de Arcaño, porque ensayábamos mucho,
estrenábamos obras y todavía estaba mi
hermano Orestes, Jesús López y Ulpiano.”
Hacia la medianía del siglo, Cachao se
convierte en contrabajista de
agrupaciones que animaban la vida
nocturna habanera. Estando justamente
con la orquesta del cabaret del hotel
Riviera, en 1957, tuvo la iniciativa de
realizar una jam session, o mejor dicho
en cubano, descarga, que marcó para
siempre los derroteros del jazz latino.
“Cité a todo el mundo a las cuatro de la
mañana —contó alguna vez— e íbamos
grabando hasta las nueve de la mañana.
Hicimos en cinco horas todo eso que se
ha oído de ahí en adelante, pero no lo
hicimos con la idea de que fuera un gran
negocio. La intención era innovar y
tocar lo que nos gustaba. Después de
todo eso nos dijimos: vamos a
escondernos todos porque nos van a
matar. Contra lo esperado, gustó”.
Emigró a España en 1962 y poco después
se instaló en EE.UU., donde
tardó años en ser reconocido, a pesar de
su decisiva contribución a
orquestas de baile, como las de Tito
Rodríguez, Tito Puente, Charlie
Palmieri y Machito, y dar sabor a las
noches neoyorquinas de los clubes The
Birdland, The Roseland y Havana San
Juan.
En 1993, Andy García rescata al músico
con el documental Como su ritmo no
hay dos, valiéndose del mito
resucitado por el escritor Oscar
Hijuelos en la novela Los reyes del
mambo tocan canciones de amor.
Fue como tomar un segundo aire. Cachao
se agenció al fin un Grammy en 1995 con
Master sessions vol. 1; y otro en
2005 con Ahora sí, además de un
Grammy Latino en 2003 con un álbum
compartido con el pianista Bebo Valdés y
el percusionista Patato Valdés.
Hace cinco años, interpelado por la
agencia EFE sobre cómo quería ser
recordado, no vaciló al contestar: "Como
un músico preocupado siempre por
mantener las raíces de la música cubana". |