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Seguro estoy que muchos de nosotros nos
preguntábamos algo temerosos, de cuán
estrujado debía de estar el corazón del
español Luis Eduardo Aute en esta
jornada de homenaje que ha recibido
durante su actual estancia en La Habana.
Semejante carga de amor, impregnada en
lo profundo de su esencia, lo llevan del
modo más natural a pedir, en pleno
escenario del teatro Karl Marx, que se
le conceda el deseo de ser ciudadano
cubano. En momentos como este, vale la
reflexión acerca de quien es realmente
el privilegio: si de Aute, por los tantos
regalos otorgados al alma o nuestro, que
por saberlo desde siempre al lado de la
belleza, nunca nos ha abandonado. En
esta noche de luna llena que abre el
comienzo de la primavera, un grupo de
artistas cubanos traducen la gratitud de
un pueblo que lo enaltece por tanta
hermosura cantada.
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En medio de una intimidad propia de las
reuniones entre hermanos, convocada por
la complicidad del talento y la firmeza
de los principios, el alborozo de la
lírica en este concierto La trova le
canta a Eduardo, es infinito. Y como
para no poner en duda tal afirmación,
es Silvio Rodríguez quien junto al trío
Trovarroco, el grupo vocal Sexto
Sentido, la flautista Niurka González y
el percusionista Óliver Valdés, nos
ofrecen como tema inicial del concierto
una acriollada versión de "Me va la
vida en ello" para continuar con la
pieza "Dentro", obra que define a
Luis Eduardo Aute como el Alquimista
Mayor de lo Erótico en la canción
hispanoamericana y concluir con una
aplaudida "Quién fuera" cuya
dinámica entre el solista y el coro le
imprimen una renovada vitalidad mucho
más allá de lo que pudiera hacer un
tradicional grupo acompañante.
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La inspirada actuación de Liuba María Hevia y su grupo en esta noche
constituye una huella de cuánta
admiración y respeto pervive entre
nosotros por Aute ya que solo a causa de
una intensa afinidad, puede Liuba
convocar la nostalgia original de la
obra "De alguna manera" o la
solemnidad y el dramatismo de ese himno
llamado "Al Alba". La joven
representación de la trova, en la
persona de Karel García acompañado por
el guitarrista José Luis Beltrán y la
cantante Aurora de los Andes, emocionan
hasta las lágrimas al autor de "5
minutos" y "Donde crecer
es ir"
mientras que un entusiasta Amaury Pérez
nos deleita con esa cualidad de lo bello
que magnifica su obra al mostrarnos el
duende que colma el teatro en "La
belleza" y extiende hasta el esplendor
de la amistad en su canción "Se te olvidaron" sin dejar
de acentuar la presencia de temas
clásicos del género como "Te amaré",
de Silvio, "Yolanda", de Pablo
Milanés y "Es más, te perdono", de
Noel Nicola.
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Por su parte, otro de los
imprescindibles como Vicente Feliú,
acompañado por el guitarrista Alejandro
Valdés, el trecero José Ordaz y Aurora
aportan lo épico en Aute con la pieza "Un beso por fusil"; estimulan al
inesperado coro de la sala en la movida
"Sin tu latido" y aportan "Al
filo de las 4 y media", una canción
que bien pudo haber sido de Aute.
El humor a lo Santiago Feliú es un
hecho tan coherente en su personalidad
como lo distingue el vehemente canto al
también interpretar "Dentro" en
compañía de Yusa al bajo y del
guitarrista Elmer Ferrer, además de
dedicarle un delicado tema de Cupido a
Aute y a su esposa.
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La actriz Coralia Veloz quien ha
intercalado escogidos poemas de Luis
Eduardo Aute durante la noche, da paso
al segmento final del programa con
Carlos Varela y su grupo. Cierre bien
arriba, motivado por el sello de un
sonido tan personal como intenso, Carlos
se apropia y de qué manera, de los temas
"Siglo XXI" y "Hafa Café" para
entonces con su obra "25 mil mentiras
sobre la verdad" declarar que una
verdad evidente es el cariño que el
pueblo cubano les ha entregado a él y a
su esposa Maritchu en estos días.
Cuando parece que ya las emociones han
llegado al tope, el mismísimo Aute se
persona en este escenario, ambientado
por Kcho y Rancaño a partir de grandes
réplicas de las pinturas del músico,
para entregarnos junto a "Rosas en el
mar", su impresionante versión a
capella de "Al Alba", la misma que
le enrojeció las pupilas cuando la
interpretó aquí en la sede de La
Jiribilla.
Así este musicazo, humilde y sencillo
como el que más, a quien puede que
pronto se le agote la reserva de
palabras para agradecer tantas
atenciones, se ha ganado su espacio
vital entre los hijos de esta Isla. No
podía ser de otro modo por parte de un
convencido de que las canciones nos
pueden hacer mejores seres humanos,
justamente como él, quien ha dedicado
todo un largo tiempo a jugarse la vida
en ello. |