Año VI
La Habana

22 al 28 de MARZO
de 2008

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Trova joven catalana en el Festival Barnasants

La extraña manía de cantarle a la vida

Marianela González • La Habana
Fotos de la autora

 

(…) que no s´acaba el dia són

Són dies de colors

Dels dies sense pors

Malabarismes par ser com som

Que aprop

Un somni encara dorm

Desperta amb la claror del teu somriure

Un dia nou… 

…es la última estrofa de una canción cuya música no podría transcribir. El mayor alcance, traducirla sin reglas a un idioma universal, sería solo duplicar el “prólogo” de su autor e intérprete: “es la intensidad de las cosas, la eterna lucha consigo mismo para resumir la vida en canción. Es revivir aquellos momentos que te han hecho como fuegos artificiales dentro para sentirnos más seguros, como arropados por los pequeños e imprescindibles detalles de las cosas y las gentes”.

Aquella extraña manía de creer en la vida inundó el teatro Amadeo Roldán mientras Jordi Gasion, Oscar Bris y Roger Mas regalaban a los cubanos los acordes de la trova catalana, como parte de las jornadas finales del Festival Barnasants.  

“Estos tres jóvenes cantautores –explicó Per Camps, director del evento- se han unido al festival junto al huracán Aute. Son magníficos exponentes de una generación vinculada, como movimiento y como actitud, con la Nueva Trova Cubana. Seguidores de la Nueva Canción Catalana, también un movimiento colectivo que significó ruptura y reivindicación, no podrían estar más unidos a esta tierra.”

Demostrarlo no quedó para próximas ediciones. Tras dos años de participación en el Festival, La Habana les aportó “nuevas miradas” para incorporarlas a la canción, género donde hombre y artista, vida y música, tienen cauces comunes.

“Cuba me ha dado mucho -afirmó Jordi Gasion-, me ha alejado de la planicie española, donde la diversidad es como si fuese nula. Aquí hay contrastes hermosos desde el malecón hasta dentro de la ciudad. Son nuevas experiencias, porque al pensar en La Habana desde mi visión de extranjero, pienso también en Cataluña y en lo que la gente de fuera puede sentir cuando la visita. Y pensarnos a nosotros mismos es también sustancia para el arte que hacemos.”

Los cantautores ofrecieron al público de la Sala Caturla más de quince canciones que hoy integran el repertorio de la trova catalana: 110 colors, País descalç, Una mandra per llevar… la imprescindible Al alba. Un encuentro cordial, una propuesta casi informal a la que se sumó el público en perfecto acuerdo y que concluyó -más que en entrevistas- en un trío de oportunas reflexiones: motivaciones, perspectivas y sinsabores de un género y una ciudad que insisten en mantener su identidad. Un idioma que comparten solo unos pocos millones de personas en el mundo; pero que seguramente –según Camps- es la lengua sin nación más importante del planeta.

“La cultura catalana no cuenta con una aprehensión por parte de los españoles–dijo Oscar Bris-, por problemas culturales y políticos de años. Es una especie de uniformidad donde los catalanes, por ejemplo, somos discordantes. Confieso que he tocado antes en La Habana que en Sevilla y me siento satisfecho, porque esta edición ha demostrado que el catalán puede mover sensaciones a todo el mundo. Cuba nos ha reconocido en primer lugar como cultura homenajeando además a Aute, uno de los poquísimos españoles que ha querido también cantar el catalán. Eso nos impone un respeto y un camino de ida y vuelta”.    

En La Habana, un festival que se propuso hace dos décadas borrar de los cantautores el apellido de “no modernos” incluyó entre canciones un acercamiento a la realidad de un género –según los trovadores catalanes- competente pero aún minoritario.

Afirmó Gasion que el público real de la trova en muchas regiones, como en España, se despidió de muchos de sus referentes y “el mundo globalizado les regaló otros. Antes, por mucho que sufrieran los cantautores, lo tenían mejor que nosotros hoy, aunque teóricamente vivimos en un mundo mucho más libre.”

“Pero el formato se impone siempre. La canción es un arte y aunque se vea como pequeñas miniaturas, funciona como hecha para poetas como Aute.  Es construir en pocos  minutos todo un sentimiento para que los demás lo compartan, no importa si entienden o no el idioma”, aseguró Roger Mas, quien pudo comprobarlo minutos antes cuando la Sala Caturla toda lo acompañó - tarareando las estrofas en catalán y coreando el español- desde que reconoció los primeros acordes y la voz comenzó a vibrar con un halo conocido:

Si te dijera, amor mío, que temo a la madrugada…

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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