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(…) que no s´acaba el dia
són
Són dies de colors
Dels dies sense pors
Malabarismes par ser com
som
Que aprop
Un somni encara dorm
Desperta amb la claror
del teu somriure
Un dia nou…
…es la última estrofa de una canción
cuya música no podría transcribir. El
mayor alcance, traducirla sin reglas a
un idioma universal, sería solo duplicar
el “prólogo” de su autor e intérprete:
“es la intensidad de las cosas, la
eterna lucha consigo mismo para resumir
la vida en canción. Es revivir aquellos
momentos que te han hecho como fuegos
artificiales dentro para sentirnos más
seguros, como arropados por los pequeños
e imprescindibles detalles de las cosas
y las gentes”.
Aquella extraña manía de creer en la
vida
inundó el teatro Amadeo Roldán mientras
Jordi Gasion,
Oscar Bris
y Roger Mas regalaban a los cubanos los
acordes de la trova catalana, como parte
de las jornadas finales del Festival
Barnasants.
“Estos tres jóvenes cantautores –explicó
Per Camps, director del evento- se han
unido al festival junto al huracán Aute.
Son magníficos exponentes de una
generación vinculada, como movimiento y
como actitud, con la Nueva Trova Cubana.
Seguidores de la Nueva Canción Catalana,
también un movimiento colectivo que
significó ruptura y reivindicación, no
podrían estar más unidos a esta tierra.”
Demostrarlo no quedó para próximas
ediciones. Tras dos años de
participación en el Festival, La Habana
les aportó “nuevas miradas” para
incorporarlas a la canción, género donde
hombre y artista, vida y música, tienen
cauces comunes.
“Cuba me ha dado mucho -afirmó Jordi
Gasion-, me ha alejado de la planicie
española, donde la diversidad es como si
fuese nula. Aquí hay contrastes hermosos
desde el malecón hasta dentro de la
ciudad. Son nuevas experiencias, porque
al pensar en La Habana desde mi visión
de extranjero, pienso también en
Cataluña y en lo que la gente de fuera
puede sentir cuando la visita. Y
pensarnos a nosotros mismos es también
sustancia para el arte que hacemos.”
Los cantautores ofrecieron al público de
la Sala Caturla más de quince canciones
que hoy integran el repertorio de la
trova catalana: 110 colors,
País descalç, Una mandra per
llevar… la imprescindible Al alba.
Un encuentro cordial, una propuesta casi
informal a la que se sumó el público en
perfecto acuerdo y que concluyó -más que
en entrevistas- en un trío de oportunas
reflexiones: motivaciones, perspectivas
y sinsabores de un género y una ciudad
que insisten en mantener su identidad.
Un idioma que comparten solo unos pocos
millones de personas en el mundo; pero
que seguramente –según Camps- es la
lengua sin nación más importante del
planeta.
“La cultura catalana no cuenta con una
aprehensión por parte de los
españoles–dijo Oscar Bris-, por
problemas culturales y políticos de
años. Es una especie de uniformidad
donde los catalanes, por ejemplo, somos
discordantes. Confieso que he tocado
antes en La Habana que en Sevilla y me
siento satisfecho, porque esta edición
ha demostrado que el catalán puede mover
sensaciones a todo el mundo. Cuba nos ha
reconocido en primer lugar como cultura
homenajeando además a Aute, uno de los
poquísimos españoles que ha querido
también cantar el catalán. Eso nos
impone un respeto y un camino de ida y
vuelta”.
En La Habana, un festival que se propuso
hace dos décadas borrar de los
cantautores el apellido de “no modernos”
incluyó entre canciones un acercamiento
a la realidad de un género –según los
trovadores catalanes- competente pero
aún minoritario.
Afirmó Gasion que el público real de la
trova en muchas regiones, como en
España, se despidió de muchos de sus
referentes y “el mundo globalizado les
regaló otros. Antes, por mucho que
sufrieran los cantautores, lo tenían
mejor que nosotros hoy, aunque
teóricamente vivimos en un mundo mucho
más libre.”
“Pero el formato se impone siempre. La
canción es un arte y aunque se vea como
pequeñas miniaturas, funciona como hecha
para poetas como Aute. Es construir en
pocos minutos todo un sentimiento para
que los demás lo compartan, no importa
si entienden o no el idioma”, aseguró
Roger Mas, quien pudo comprobarlo
minutos antes cuando la Sala Caturla
toda lo acompañó - tarareando las
estrofas en catalán y coreando el
español- desde que reconoció los
primeros acordes y la voz comenzó a
vibrar con un halo conocido:
Si te dijera, amor mío, que temo a la
madrugada… |