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Con más de 40 años de carrera musical y
una discografía de
28 volúmenes, Luis Eduardo Aute es uno
de los más conocidos cantautores
españoles y uno de los más admirados en
Cuba. Sus canciones de amor, llenas
símbolos y
emociones, desafían al tiempo y van
fascinando de generación en generación.
Este artista autodidacta y dinámico
repasa con ojo crítico la sociedad que
lo rodea, y con una cuota de realismo y
otra de poesía construye canciones que
quedan en la memoria y el corazón. Sin
embargo, la música no es la única ni su
primera afición. Sus comienzos
artísticos los marcó la pintura, y luego
el cine y la poesía. En su arte, ya sea
para escuchar o contemplar, transmite
siempre la confianza en el hombre y en
su capacidad para mejorar, que nos
descubre su honda fibra humanista.
Todas estas facetas de Aute —el pintor,
el cineasta, el compositor y el poeta—
las han podido disfrutar los cubanos
gracias al homenaje que le rinde la Isla
en ocasión de la clausura del XIII
Festival de la Canción de Autor
Barnasants 2008, que por primera vez en
su historia ocurre fuera de Cataluña, su
sede habitual, y que este año ha estado
dedicado a él.
Hace tres años
el cantante compartió con
La Jiribilla largas
conversaciones digitales y el entusiasmo
de un proyecto naciente, pues la revista
preparó, con su animada colaboración, el
programa de la Semana de Aute en Cuba en
ocasión al quinto aniversario de la
publicación. En aquella oportunidad
también se aspiraba a presentar a los
cubanos un Luis Eduardo Aute artista en
todos sus matices creativos, y no solo
como cantautor, y aunque la idea no pudo
hacerse realidad en su momento hoy
encuentra su herencia en esta jornada
del Barnasants.
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Frescos en la memoria aquellos
intercambios de mensajes electrónicos y
con la complicidad de haber creado
juntos una idea hermosa, a pesar del
apretado programa, Aute visitó la sede de La Jiribilla y compartió
con su equipo momentos de reflexión, de
intercambio y amistad, de los que damos
cuenta con algunos fragmentos de sus
comentarios.
De su estancia en La Habana, recordó
admirado el concierto que le dedicara la
orquesta Solistas de La Habana dirigida
por el maestro Iván Valiente en el
teatro Amadeo Roldán —que interpretó
"Wagneriana", de Leo Brouwer; la "Suite
del Amor", de Silvio Rodríguez y la
"Suite Auténtica", del propio Aute, con
arreglos de Beatriz Corona; además de
acompañar en sus interpretaciones a
Vicente Feliú, Lázaro García y Eduardo
Sosa. Confesó: "Estuve conteniendo las
lágrimas, intentando mantenerme firme,
hasta que escuché mis temas, entonces
intenté disimular. Fue un momento
emocionante".
El edificio de Arte Universal del Museo
de Bellas Artes, donde acaba de ser
expuesta su propia obra, lo impresionó
con su belleza arquitectónica y
magnífica colección: "El Museo es una
maravilla. Todo el edificio, el
continente y el contenido. Tienen una
colección de arte envidiable, con un
increíble trabajo. Hay toda una
colección de Sorolla, lo mejor que hizo.
Vengo sorprendido porque he visto
cuadros que conozco muy bien y no sabía
que estuvieran aquí."
Aunque es conocido internacionalmente
por su música, la pintura siempre ha
sido muy importante en su vida. Por
mucho tiempo se consideró un pintor que
a veces hacía canciones:
"La pintura es la mejor terapia para
todo, no solo un medio de expresión. Es
mucho mejor que la música, pues hay
libertad plena, tomas un papel en blanco
y lo manchas como quieras. En la pintura
no hay ninguna regla del juego, las
reglas son las que uno necesita, en ese
sentido es muy liberador.
"Cuando ando así un poco tenso y un poco
mal, me encierro en el estudio a
mancharlo todo, y salgo mucho mejor que
si hubiera estado con un psicoanalista,
y mucho más barato. Y eso como
tratamiento, para la gente que tiene
problemas de patologías psíquicas, es la
mejor terapia, junto a la escultura y
trabajar la arcilla. Es muy físico: la
pintura se toca, se huele, y el barro
también se toca, es muy sensual, muy
física esa descarga… es la mejor
medicina."
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Acompañado en su visita por el trovador
Vicente Feliú, rememoró sus primeros
intercambios musicales con los
integrantes de la Nueva Trova cubana, y
de la afinidad de arte y pensamiento que
compartían aun antes de conocerse:
"Entramos en contacto a través de unos
amigos comunes que iban y venían entre
Cuba y España. Aparecieron con unas
cintas, 15 ó 20, sobre todo de Pablo y
de Silvio, y cuando escuché esas
canciones dije: he encontrado unos
hermanos con los que me siento
totalmente identificado, a mí me hubiera
gustado escribir así, esta canción la
hubiera firmado íntegramente, y entonces
les cedí unas cintas mías para que las
trajeran aquí y las escucharan. Así
seguimos intercambiado cintas durante
una época. Personalmente nos conocimos
bastante más tarde. Era una sensación
curiosa, escuchar canciones que son del
otro lado del mundo, de una gente que no
conoces y decir: es mía, la siento como
mía, yo la hubiera escrito igual y a
partir de ahí surge mi amistad con
ellos, hasta hoy".
Como compositor e intérprete, ha sido
siempre cultor de la canción de autor
más insumisa, aquella que incorpora una
hermosa melodía a las ideas; que puede
ser, según se mire, una canción de amor
o una canción política, como ocurre con
uno de sus temas antológicos, "Al alba":
"El proceso de escribir una canción es
muy extraño, 'Al alba' fue por donde le
dio la gana. A veces he tratado de hacer
una canción y he desistido, ha quedado
como tapada y hay que descubrirla. Yo
quería hacer, en vida de Franco, una
canción contra la pena de muerte, pero,
o me salía muy panfletaria, no me
gustaba, o salía que era imposible que
pasara la censura. Entonces abandoné la
idea, seguí escribiendo canciones y, de
repente, apareció algo que sin
pretenderlo es una canción que sugiere
una despedida. Se vivía aquel clima, un
proceso constante de gente condenada a
la pena capital, y de ese clima sale la
canción sin que tuviera ninguna
pretensión de ser una canción combativa.
Es una canción de amor… pero el entorno,
el caldo de cultivo, era ese. Era
inevitable no sentirse metido en ese
estado de asfixia y de despedidas.
Cuando la canción estaba acabada y
empecé a cantarla, a la gente que me
escuchaba le pareció que era sobre
alguien que iban a fusilar.
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"En esa época yo no cantaba en público.
Aunque había grabado discos antes,
estuve cinco años sin hacer nada y
cantaban otros compañeros. Rosa León me
estrenó 'Al alba' y justo a poco de
empezar a cantar ella la canción,
agarran a aquella gente en el año 1975
[los cinco últimos fusilamientos del
franquismo], se les hace el proceso y se
les condena a muerte… y Rosa, en vista
de que la canción evocaba esa situación,
en los conciertos la dedica
clandestinamente a los condenados, pues
no se podía manifestar.
"Yo tenía una técnica para escapar de
las tijeras de la censura y era
presentar bastantes canciones, porque si
hubiera presentado únicamente esas, sin
duda, no hubieran pasado. Creo que soy
de los que más canciones prohibidas
tengo en España y quizá sea por eso. Las
hacía para que me las prohibieran.
Supongo que dirían, bueno, vamos a
dejarle a este hombre algo porque tiene
que grabar algún disco, y dejaban pasar
las 'canciones de amor' y también las
que estaban en clave de humor. Se podían
decir muchas cosas en clave de humor. Si
se hubieran dado cuenta de que 'Dentro'
es una canción sobre una masturbación,
me la hubieran prohibido radicalmente."
Otra canción con historia es la muy
conocida "Aleluya No. 1", una de sus
primeras composiciones en alcanzar fama
mundial:
"Grabé 'Aleluya' en el 67 y fue un éxito
rotundo, se tradujo a muchísimas lenguas
y se hizo una adaptación al inglés.
Vendió muchísimo en EE.UU. y en
Inglaterra. Fue una canción muy conocida
en aquellos años. Su título en inglés
era 'Who will answer', planteaba una
serie de preguntas y el estribillo era
ese: 'quién responderá'. Entonces sale 'Let
it be', de los Beatles, que de alguna
forma recupera algunos de aquellos
planteamientos y dice: "There will be an
answer, let it be" (habrá una respuesta,
déjalo estar). Luego me comentó el
director de la compañía discográfica que
había estado en EE.UU. con gente de su
gremio, y que le habían dicho que la
canción de McCartney era una respuesta a
'Aleluya'. Mi canción es una pregunta y
la de McCartney responde de algún modo,
o eso me contaron."
Sin embargo, Aute no rechaza otras
formas de hacer la música siempre que
subsistan las opciones: "La música para
consumir, para bailar, para divertirse,
está muy bien. La música frívola es
necesaria, no todo va a ser reflexión,
hay que divertirse y hay que bailar y
hay que disfrutar. Otra cosa es
destrozar el pensamiento". Sobre este
último punto, refiriéndose a la
violencia y otras formas grotescas de
comportamiento que difunden los grandes
medios, llegó a darnos su concepción del
artista y del propósito de su arte:
"La comparación es odiosa, pero también
la literatura está llena de autores
tremendistas: Rimbaud, el Marqués de
Sade, pero esta era gente con talento.
Eso de hurgar por las entrañas del mal
es algo muy antiguo en la literatura
hecha con talento, son poetas que
indagan en las entrañas del infierno e
intentan extraer flores del horror; pero
en el caso actual no es por extraer
flores, sino por incentivar el morbo de
la gente, con el objetivo de
enriquecerse económicamente. Baudelaire
cuando escribía no pensaba en los
derechos de autor, simplemente se
expurgaba. Ahora lo hacen simplemente
para tener las máximas audiencias y
vender muchísimos discos. Inciden sobre
todo en lo que ya conocen bien, que las
grandes audiencias son los niños. Hay
una forma morbosa en esos años y sobre
ella inciden para destrozarlos
culturalmente. En España ahora hay un
horror con la televisión basura. Hay una
generación que se ha criado en ese
horror, con la televisión como la máxima
fuente de cultura. Es una generación con
poco vocabulario y que rechaza cualquier
cosa que sea despertar curiosidad por
algo bello o humano, no voluntariamente,
sino porque no lo pueden soportar. Con
los años ha habido cierto cansancio de
las audiencias, pero no hay una
alternativa.
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"Yo creo que la función del arte, la
función de la gente que hace cultura,
debe ser inequívocamente expurgar los
fantasmas más terribles, y hacerlo de
una manera talentosa, donde se ofrezcan
valores. Esa es la función, entre otras,
de la cultura: ser más seres humanos.
Que el que lea un libro, escuche una
canción, vea una película, después de
consumir ese producto, salga mejor ser
humano de lo que es. En los conciertos
de Marilyn Mason y otros de su tipo, la
gente entra bruta y sale mucho más
bruta. Necesita tener una propuesta para
salir mucho más educada, más civilizada,
un poco más ser humano, un poco más
sensible, eso es lo que yo pretendo con
mis obras.
"Si mi música le sirve a alguno, y de
esa experiencia sale un poco más
sensible —ni siquiera más culto, sino
solo un poco más sensible—, ya eso vale
la pena. Cuando me agradecen haberlos
acompañado en algún momento difícil de
sus vidas —tengo más de una carta así—,
me reconforta mucho. La gente solitaria
me agradece que les hayas acompañado,
qué más se puede pedir. Hacer cosas para
que se sientan menos solos es el máximo
premio."
Le alegra especialmente que los jóvenes
sigan su música y sean mayoría en sus
conciertos, prueba de que la atracción
por lo bello perdura: "Felizmente van
muchos jóvenes. La media es entre 20 y
35 años. Los que no van son los de mi
generación. Esos se quedan en casa
viendo la televisión, un partido de
fútbol, prefieren oír mis grabaciones.
Yo voy a mis conciertos porque no me
queda más remedio". Apuesta por las
nuevas generaciones a pesar (o a causa)
de los tiempos que corren y se nota
cuando dice que los nuevos cantautores
son los jóvenes raperos. "Los de mi
generación mal utilizábamos la música
para poder contar cosas, pero los de
ahora saben tocar bien un instrumento y
conocen de música".
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A modo de despedida dejó firmado un
ejemplar de La Jiribilla de Papel
en el que se publicó
una entrevista
suya, y en una hoja en blanco dedicó
unas líneas de amistad a quienes le
acompañaron en el encuentro. Prometió,
para nuestra alegría, dibujar una
versión propia del Ángel de la jiribilla
como antes hicieron otros artistas,
entre ellos Adigio Benítez, Choco, Diana
Balboa, José Luis Fariñas y Silvio
Rodríguez.
Luego, guitarra en mano, ofreció a su
reducida audiencia dos de sus más
admiradas canciones: "La belleza " y
"Anda ", para culminar
--a capella--cantando “Al alba ” , con una voz vibrante
que hizo saltar las lágrimas a unos
cuantos y terminó por emocionar al
propio artista.
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LUIS EDUARDO AUTE
(ENCUENTRO CON LA JIRIBILLA) |
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1. |
La Belleza |
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2. |
Anda |
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3. |
Al alba |
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Canciones
interpretadas en el encuentro con
La Jiribilla, 18 de marzo de 2008 |
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Entre las muchas actividades que se le
han ofrecido desde su llegada a la
capital estuvo una muestra de las obras
cinematográficas en las que ha
incursionado Aute, exhibida
en el Complejo Cinematográfico Infanta,
en la que se incluye títulos como: Chapuza uno, A flor
de piel, El muro de las lamentaciones y
Un perro llamado Dolor.
El jueves se
inauguró la
exposición
Transfiguraciones (1951–2005) en el
edificio de Arte Universal del Museo
Nacional de Bellas Artes, una muestra de
cerca de cien obras —óleos, esculturas y
dibujos— del creador catalán, que más
tarde viajará por varios países de
América Latina. En la ceremonia
inaugural él y su esposa Maritchu
recibieron, de manos de Abel Prieto,
ministro de Cultura de Cuba, la
Distinción por la Cultura Nacional. El
viernes, en el teatro Karl Marx, los
trovadores y cantautores cubanos, con
quienes lo unen particulares lazos de
amistad, le obsequiaron el
concierto "La
trova le canta a Eduardo", en el que se
escucharon las voces de Silvio
Rodríguez, Vicente y Santiago Feliú,
Amaury Pérez, Carlos Varela, Karel
García y Liuba María Hevia y su grupo. La
jornada habanera del Festival concluyó
con "Aute y la poesía" en el espacio
Sábado del Libro, en el Palacio del
Segundo Cabo, donde se presentó una
edición especial de su obra Poemigas,
junto a una muestra de otras
publicaciones suyas donadas a la
Biblioteca Nacional "José Martí". |