Año VI
La Habana

22 al 28 de MARZO
de 2008

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Aute y los otros

Jorge Sariol • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

Con el cantor Luis Eduardo Aute me sucede como con Silvio. Nadie canta sus piezas como ellos mismos.

Por tales razones vale la pena escucharlos hasta los últimos acordes sin aquiescencias, es decir, más allá de tesituras o interpretaciones.

El mejor intérprete, el más dotado por la naturaleza, no consigue dar los tonos  ora intimista, las veces misterioso, unas cuantas irónico, en tiempos sarcástico o sencilla y literalmente puntual en la narrativa con que Aute logra comunicar sus textos a lo largo de su discografía, de más de 20 discos de larga duración.

Tal vez la diferencia se explique con la definición que dio Carlos Puebla cuando se llamaba a sí mismo cantor y no cantante “porque el cantante tiene con qué y el cantor por qué”.

¿Qué le hizo esperar a Luis Eduardo Aute hasta 1978 para cantar con perspectivas más profesionales si había grabado su primer disco sencillo en el 67?

Entonces “su vocación era escribir y pintar” han dicho. O “Esa falta de ganas por 'hacer carrera' en el mundo musical le permitió grabar discos temáticos con arreglos arriesgados y cambiar de estilo y tono cuando le viniera en gana”.

Puede que sí, pero luego siguió dándose el mismo lujo, que en el mercado musical es pecado de lesa ganancia, y el cantor conformó mejor su carrera y su público, no multitudinario, pero sí conocedor.

Para complicar cualquier análisis, los que le conocen han dicho de él que es “profundo muchas veces y superficial cuando necesita descansar de sí mismo, contradictorio —y se enorgullece—, y ácrata sincero”.

En temas como "No te desnudes todavía", básicamente pop —sencillo en las formas en el contenido— no se parece a "Deseos" o "Libertad", o "De tu ruido",  dentro del mismo disco Alma (1980).

En voz de otros

Aute, que en el proceso de la creación musical descubrió —o le hicieron descubrir— que era capaz de asumir sus textos, no ha dejado de ser interpretado por otros, y todo aquel que le canta su obra queda bien.

Tiene que ver la sólida armazón con que compone texto y música, y también por el amplio abanico de perspectivas que usa.

Sin embargo, dos temas particularmente me resultan casi mágicos:

"Al alba", en interpretación de José Mercé y "Hemingway delira", asumido por Eliades Ochoa.

Ambas toman dimensión distinta.

Ambas son a mi modo de ver las elecciones más exactas que se escuchan en el disco Homenaje a Aute, trabajo donde, dicho sea de paso, todos los que participaron entendieron el modo más exacto de interpretarlo.

Tuvo que ver la poética, indudablemente, con que Aute construyó su texto, que necesitan algo más.

Y tiene que ver, sí,  la esencia desgarrada y cáustica a la vez —si cabe—, de "Al alba" en la voz del cantaor gitano que lamenta el temor “a la madrugada (…) y al filo de su guadaña” en el cante jondo.

Toda la composición hecha con trazos semejantes encuentra particular sentido en seis precisos versos de sus 28 octosílabos
                  ……………………………………

               Los hijos que no tuvimos
               se esconden en las cloacas,
               comen las últimas flores,
               parece que adivinaran
               que el día que se avecina
               viene con hambre atrasada.

Forma y contenido alcanza el  mismo nivel, cuando se engarzan el ritmo interno y la profundidad del texto; pero Mercé consigue redimensionar aún más con su voz áspera al clamar… "Miles de buitres callados/van extendiendo sus alas,/no te destroza, amor mío,/esta silenciosa danza,/maldito baile de muertos,/pólvora de la mañana”.

Parecieran versos de García Lorca.

Aute delira
 

Y ocurre otro tanto con el tema "Hemingway delira".

 

A la deriva la noche.../la selva invade el lanchón,/la luna, bola de sangre,/la devoró el tiburón,/las olas vuelan tiñosas/rizadas por un ciclón,/"Pilar" navega sin rumbo/bajo un diluvio de ron...
 

Sin embargo, si en "Al alba" la referencia lorqueana, trágica y amarga muestra una interpretación de la realidad con fuerte uso de la metáfora, por el contrario,  en "Hemingway delira", texto francamente delirante con esencia disparatada, y a la vez con sabor drámatico la figura poética predominante es la hipérbole, para dar el absurdo  con un sabor garcíamarqueano que intenta expresar el realismo mágico, justo del Caribe.
 

Y por eso Eliades Ochoa y su conjunto logra una versión más auténtica que la del propio Aute a pesar del excelente conjunto de músico que le acompañó en su interpretación.

Si pudiera parecer poco, el humor como elemento distintivo aflora a lo largo de casi todo el texto apelando lo mismo a componentes de la realidad caribeña y cubana, por antonomasia—, que al uso referencial de las circunstancias: “Una sirena picúa/es proa de mascarón,//Una bandera, a jirones,/lleva pintado el blasón:/"Cabeza de cocodrilo/y cuerpo de Camarón…

Tal vez por ello no podía ser otro el estribillo que reitera el modo de vivir el Caribe.

Aunque reitero que prefiero a Luis Eduardo Aute interpretando sus propias canciones el estilo hace al “nombre” y él se parece solo a él—,  las versiones "Al alba" y  "Hemingway delira", las prefiero en la visión de los otros, justo porque alcanzan expresión más exacta del sentido de las cosas, algo que escasea en los últimos tiempos por los caminos de la música contemporánea.
 

 

Al alba

Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son estas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.

Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.

Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.

Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío,
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos,
pólvora de la mañana.

                     

 

Hemingway delira


A la deriva la noche...
la selva invade el lanchón,
la luna, bola de sangre,
la devoró el tiburón,
las olas vuelan tiñosas
rizadas por un ciclón,
"Pilar" navega sin rumbo
bajo un diluvio de ron...

En el Caribe
se vive como se escribe,
se escribe como se vive,
en el Caribe.
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.

Una sirena picúa
es proa de mascarón,
una bandera, a jirones,
lleva pintado el blasón:
"Cabeza de cocodrilo
y cuerpo de Camarón..."
Gregorio, el viejo marino,
aún sigue siendo el patrón...

Una langosta mulata
anda buscando el timón,
y llora una viuda negra
sobre la tripulación...
Lejana, 'Finca Vigía'
sufre una alucinación...
Ernest, el aventurero,
se bate contra el Dragón...

En el Caribe...
y se bebe y se mueve y se bebe
en el Caribe...
y se mueve y se bebe y se mueve
en el Caribe... al compás del viejo son...
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.
                                           
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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