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Con el cantor Luis Eduardo Aute me
sucede como con Silvio. Nadie canta sus
piezas como ellos mismos.
Por tales razones vale la pena
escucharlos hasta los últimos acordes
sin aquiescencias, es decir, más allá de
tesituras o interpretaciones.
El mejor intérprete, el más dotado por
la naturaleza, no consigue dar los tonos
ora intimista, las veces misterioso,
unas cuantas irónico, en tiempos
sarcástico o sencilla y literalmente
puntual en la narrativa con que Aute
logra comunicar sus textos a lo largo de
su discografía, de más de 20 discos de
larga duración.
Tal vez la diferencia se explique con la
definición que dio Carlos Puebla cuando
se llamaba a sí mismo cantor y no
cantante “porque el cantante tiene con
qué y el cantor por qué”.
¿Qué le hizo esperar a Luis Eduardo Aute
hasta 1978 para cantar con perspectivas
más profesionales si había grabado su
primer disco sencillo en el 67?
Entonces “su vocación era escribir y
pintar” han dicho. O “Esa falta de ganas
por 'hacer carrera' en el mundo musical
le permitió grabar discos temáticos con
arreglos arriesgados y cambiar de estilo
y tono cuando le viniera en gana”.
Puede que sí, pero luego siguió dándose
el mismo lujo, que en el mercado musical
es pecado de lesa ganancia, y el cantor
conformó mejor su carrera y su público,
no multitudinario, pero sí conocedor.
Para complicar cualquier análisis, los
que le conocen han dicho de él que es
“profundo muchas veces y superficial
cuando necesita descansar de sí mismo,
contradictorio —y se enorgullece—, y
ácrata sincero”.
En temas como "No te desnudes todavía",
básicamente pop —sencillo en las formas
en el contenido— no se parece a "Deseos"
o "Libertad", o "De tu
ruido", dentro del mismo disco
Alma (1980).
En voz de otros
Aute, que en el proceso de la creación
musical descubrió —o le hicieron
descubrir— que era capaz de asumir sus
textos, no ha dejado de ser interpretado
por otros, y todo aquel que le canta su
obra queda bien.
Tiene que ver la sólida armazón con que
compone texto y música, y también por el
amplio abanico de perspectivas que usa.
Sin embargo, dos temas particularmente
me resultan casi mágicos:
"Al
alba", en interpretación de José
Mercé y "Hemingway delira",
asumido por Eliades Ochoa.
Ambas toman dimensión distinta.
Ambas son a mi modo de ver las
elecciones más exactas que se escuchan
en el disco Homenaje a Aute,
trabajo donde, dicho sea de paso, todos
los que participaron entendieron el modo
más exacto de interpretarlo.
Tuvo que ver la poética, indudablemente,
con que Aute construyó su texto, que
necesitan algo más.
Y tiene que ver, sí, la esencia
desgarrada y cáustica a la vez —si
cabe—, de "Al alba" en la voz del
cantaor gitano que lamenta el temor
“a la madrugada (…) y al filo de su
guadaña” en el cante jondo.
Toda la composición hecha con trazos
semejantes encuentra particular sentido
en seis precisos versos de sus 28
octosílabos
……………………………………
Los hijos que no tuvimos
se esconden en las
cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre
atrasada.
Forma y contenido alcanza el mismo
nivel, cuando se engarzan el ritmo
interno y la profundidad del texto; pero
Mercé consigue redimensionar aún más con
su voz áspera al clamar… "Miles de
buitres callados/van extendiendo sus
alas,/no te destroza, amor mío,/esta
silenciosa danza,/maldito baile de
muertos,/pólvora de la mañana”.
Parecieran versos de García Lorca.
Aute delira
Y ocurre otro tanto con el tema "Hemingway
delira".
A la deriva la noche.../la selva invade
el lanchón,/la luna, bola de sangre,/la
devoró el tiburón,/las olas vuelan
tiñosas/rizadas por un ciclón,/"Pilar"
navega sin rumbo/bajo un diluvio de
ron...
Sin embargo, si en "Al alba" la
referencia lorqueana, trágica y amarga
muestra una interpretación de la
realidad con fuerte uso de la metáfora,
por el contrario, en "Hemingway
delira", texto francamente delirante
—con
esencia disparatada, y a la vez con
sabor drámatico—
la figura poética predominante es la
hipérbole, para dar el absurdo con un
sabor garcíamarqueano que intenta
expresar el realismo mágico, justo del
Caribe.
Y por eso Eliades Ochoa y su conjunto
logra una versión más auténtica que la
del propio Aute a pesar del excelente
conjunto de músico que le acompañó en su
interpretación.
Si pudiera parecer poco, el humor como
elemento distintivo aflora a lo largo de
casi todo el texto apelando lo mismo a
componentes de la realidad caribeña
—
y cubana, por antonomasia—,
que al uso referencial de las
circunstancias: “Una
sirena picúa/es proa de mascarón,//Una
bandera, a jirones,/lleva pintado el
blasón:/"Cabeza de cocodrilo/y cuerpo de
Camarón…
Tal vez por ello no podía ser otro el
estribillo que reitera el modo de vivir
el Caribe.
Aunque reitero que prefiero a Luis
Eduardo Aute interpretando sus propias
canciones
—el
estilo hace al “nombre” y él se parece
solo a él—,
las
versiones "Al
alba" y
"Hemingway
delira", las prefiero en la
visión de los otros, justo porque
alcanzan expresión más exacta del
sentido de las cosas, algo que escasea
en los últimos tiempos por los caminos
de la música contemporánea.
Al alba
Si te dijera, amor mío,
que temo a la madrugada,
no sé qué estrellas son estas
que hieren como amenazas
ni sé qué sangra la luna
al filo de su guadaña.
Presiento que tras la noche
vendrá la noche más larga,
quiero que no me abandones,
amor mío, al alba,
al alba, al alba.
Los hijos que no tuvimos
se esconden en las cloacas,
comen las últimas flores,
parece que adivinaran
que el día que se avecina
viene con hambre atrasada.
Miles de buitres callados
van extendiendo sus alas,
no te destroza, amor mío,
esta silenciosa danza,
maldito baile de muertos,
pólvora de la mañana.
Hemingway delira
A la deriva la noche...
la selva invade el lanchón,
la luna, bola de sangre,
la devoró el tiburón,
las olas vuelan tiñosas
rizadas por un ciclón,
"Pilar" navega sin rumbo
bajo un diluvio de ron...
En el Caribe
se vive como se escribe,
se escribe como se vive,
en el Caribe.
Bajo la noche guajira
Hemingway delira.
Una sirena picúa
es proa de mascarón,
una bandera, a jirones,
lleva pintado el blasón:
"Cabeza de cocodrilo
y cuerpo de Camarón..."
Gregorio, el viejo marino,
aún sigue siendo el patrón...
Una langosta mulata
anda buscando el timón,
y llora una viuda negra
sobre la tripulación...
Lejana, 'Finca Vigía'
sufre una alucinación...
Ernest, el aventurero,
se bate contra el Dragón...
En el Caribe...
y se bebe y se mueve y se bebe
en el Caribe...
y se mueve y se bebe y se mueve
en el Caribe... al compás del viejo
son...
Bajo la noche guajira
Hemingway delira. |