Año VI
La Habana

22 al 28 de MARZO
de 2008

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12 + 1= Imagen musicada

Estrella Díaz • La Habana

 
Hasta el próximo 28 de marzo se encuentra abierta al público en el Teatro Auditórium Amadeo Roldán de La Habana, la exposición fotográfica 12 + 1 del artista andaluz del lente Juan Miguel Morales, creador que ha visitado la Isla en tres oportunidades y quien confiesa que “la música ha sido un motivo inspirador y recurrente en su quehacer”. 

12 + 1 —que exhibe la curaduría de Virgina Alberdi, especialista del Consejo cubano  de las Artes Plásticas— incluye retratos de los trovadores Noel Nicola, Silvio Rodríguez, Vicente Feliú, Augusto Blanca, Amaury Pérez, Liuba María Hevia, Carlos Varela, Santiago Feliú, Gerardo Alfonso, Sara González, Karel García y Frank Delgado; 12 en total y una instantánea de Luis Eduardo Aute, músico y artista de la plástica que por estos días recibe el  agasajo cubano que ha constituido, según algunos medios de prensa, “el homenaje más grande ofrecido a este artista español tanto fuera como dentro de su país”.

Y debe recordarse que Aute, por la calidad de su trabajo, por la fidelidad a las ideas, y por los altos valores humanistas que se desprenden de sus creaciones, es, entre otras razones, un artista muy querido y respetado en naciones como Argentina, México y Chile, además de Cuba, en este caso en su carácter de país anfitrión. Pero, ¿cómo surge en Juan Miguel la idea de hacer esta recopilación de retratos de músicos cubanos? 

“Primero, por amor a Cuba y después a todo el continente. Tengo un camino recorrido en relación con América Latina. Hice un trabajo sobre la comunidad quechua/aymará, que aún está inédito y realicé, también, una investigación sobre Víctor Jara junto con el periodista catalán Omar Jurado lo que nos proporcionó el viajar a Chile varias veces. 

Este trabajo se editó en ese país bajo el título de El Chile de Víctor Jara y también en España. En cada empeño siempre busco un motivo trovadoresco. La música me ayuda a entender a las gentes y a su cultura. 

Hasta donde conozco los cuatro libros que tienes publicados poseen como sustrato la música…

La música en general y, especialmente, la trova porque le va a mi sensibilidad. Me interesa mucho la palabra musicada, la palabra cantada. La trova desde los tiempos de los trovadores medievales es un medio de comunicación que habla de su tiempo y de cómo se entiende la vida en un contexto específico. 

Por eso, ante una situación determinada el trovador habla de política, pero también habla de amor con una visión muy moderna. No trata el tema del amor como un cantante melódico que está construyendo una canción bellísima… y después la música de la trova en cada lugar donde se hace está “manchada”, está “tiznada” de las músicas populares y folclóricas de ese lugar. Es una música muy artesanal, muy influenciada por su tiempo y por su cultura, por su paisaje, por su terruño. 

La música implica movimiento, la fotografía también ¿Cómo asumes el ritmo en la obra?     

Soy un creador, un artista, bastante clásico y, quizás por eso, me interesa mucho el retrato psicológico y eso conforma mi mirada fotográfica. No soy excesivamente reflexivo a la hora de trabajar. Me considero más intuitivo aunque eso tampoco es tan así porque siempre existe una reflexión y esta es la suma de lo que al final sale. 

Hay quienes dicen que existe “un modo de ver” que me pertenece y eso me halaga aunque puede constituir un encerrona porque significa que, de algún modo, te mueves en ese círculo, en esa mirada y difícilmente te sales. 

Supongo que mi mirada se relaciona con un presupuesto cultural que tiene que ver con lo que he visto, con lo que me ha gustado. Este arte, además del fotógrafo, incluye las circunstancias: en el retrato está el protagonista y, personalmente, soy un amante de la fotografía que integre el personaje a su ambiente, a su medio. 

Incluso, cuando tengo que hacer un primer plano, que no se vea nada más, prefiero que el personaje se encuentre en un ambiente elegido por él porque así se entrega más y ofrece más información íntima, quizá. Me parece que el estudio lo convierte todo en bodegón.

Entonces, ¿definitivamente consideras que el alma solo se puede captar cuando se está en el ambiente propio?

Generalizar es muy complicado. Por ejemplo, hay fotógrafos que hacen cosas francamente espectaculares y trabajan muy diferente a mí. 

Ahí esta uno de los secretos del arte: la diversidad y las distintas maneras de asumir una idea… 

Exacto. También la fotografía me sirve para vivir. 

¿Para comer?

No, me refiero a la vida existencial. La fotografía es un estilo de vida. Es la que me permite acercarme y conocer a personajes que me interesan y me involucran en sus  ambientes y me suscitan curiosidad. La cámara es el pasaporte: meto la cabeza y aprendo mucho. 

¿Por qué el blanco y negro?

Porque me gusta y por la fuerza, quizá. Otras veces aparecen en mi trabajo los clásicos, los sistemas de zonas… por lo visto soy un viejo fotógrafo y es que utilizo las técnicas analógicas: hay imágenes de 6 x 6 y de paso universal. Es pura fotografía clásica, del siglo pasado. Todo pasa por el laboratorio más tradicional, no utilizo ningún programa de computación para mejorarlas. Nada. Todo lo logrado es a  golpe del obturador: del negativo al papel perla. 

¿Será esta exposición un libro futuro?

En estos momentos estoy como rematando y es que quiero hacer un libro para que se publique el año que viene, pero no logro ponerle el punto final. 

Pues tendrás que hacerlo porque de lo contrario el proyecto puede dilatarse por mucho tiempo…  

Así es, pero también estoy en un proyecto con el periodista Omar Jurado —con quien como ya dije trabajé hace un tiempo un hermosísimo libro dedicado al chileno Víctor Jara— para hacer un volumen sobre María del Mar Monet, que es una trovadora catalana impresionante.  

Creo que más que una cantautora catalana es una trovadora mediterránea; su voz desde la catalanidad, desde el idioma catalán, es impresionante, pero eso es para después porque ahora me empeño en hacer el libro con músicos cubanos y mimarlo mucho, ponerle energía. Para eso he trabajo intensamente. 

¿Quién lo editaría?

Probablemente, el Centro Andaluz de la Fotografía, que es una institución muy seria. Veremos.                      
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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