La historia a veces se repite, siempre
en forma distinta. Habrá en todas las
épocas poetas, escritores encarcelados.
Ya que estamos evocando el cuarto
centenario de la muerte de Cervantes,
recordemos algo que no puede ni debe
festejarse: los carcelazos que sufrió el
padre de El Quijote.
Cinco años estuvo preso en el
extranjero, en Argel, a raíz del largo
conflicto entre el dios cristiano y Alá.
Súmense las tres veces que estuvo en las
cárceles de España, condenado por
deudas, acusado de deshonestidad en el
manejo de contribuciones en pueblos
andaluces, donde se desempeñaba como
recaudador de impuestos para la Marina
Española. Dejó constancia escrita que el
calabozo no es precisamente el sitio más
cómodo para escribir.
En su obra soñaba con un mundo de
libertad. Multitud de escritores muertos
en prisión tuvieron más de una razón
para cantar a la libertad en el fondo de
las mazmorras.
Tal vez el último caso (siempre el
penúltimo) es el del poeta Antonio
Guerrero Rodríguez, del cual hemos leído
con sobrecogimiento su libro Poemas
confidenciales.
Publicado en 2004, el autor lo dedicó a
Pablo Neruda en el centenario de su
nacimiento. El autor dice en un pequeño
prólogo: "He imaginado muchas veces al
joven Neruda en su cuarto de pensión de
estudiantes de la calle Maruri 513,
escribiendo sus poemas, mientras en una
celda oscura y fría yo escribía los
míos, convirtiéndolo a él en mi primer
confidente" .
No es la primera vez que en casa del Tío
Sam se "cazan brujas". Bajo la presión
furiosa de las redes arbitrarias y
tenebrosas de los gusanos cubanos en
Miami, falló un tribunal predispuesto de
antemano a condenados sin pruebas. Ellos
alertaron sobre el entramado de actos
terroristas que debían ser consumados en
Cuba, incluso en EE.UU., bajo el ojo
complaciente, cómplice de los dueños de
casa. Tan grosera y descarada fue la
sentencia que otro tribunal
norteamericano en Atlanta descubrió
vicios graves del amañado proceso y
ordenó revisarlo, pero hasta ahora
continúan en prisión. Sus otros cuatro
compañeros encarcelados son Gerardo
Hernández, Fernando González, Ramón
Labañino y René González.
El poeta, sus compañeros, aún esperan la
decisión exculpatoria de todo este
montaje brutal. En su celda Antonio
Guerrero ha escrito varios libros, entre
ellos: Vida de Antonio Maceo y
estos Poemas confidenciales.
Ambos son un canto a la libertad. Su
último volumen, que el poeta chileno
habría aplaudido, no señala ninguna
influencia literaria nerudiana. Pero el
hilo unitario es el eterno tema, el
resplandeciente, esperanzado asunto del
encuentro gozoso entre hombre y mujer,
de los cuerpos, de algunos espíritus que
siguen soñando en la tiniebla de su
celda con la hora grande de la libertad.
El propio autor en una nota prologal
afirma: "He escrito estas palabras y
estos versos a nombre de cinco hombres
que estamos inquebrantablemente unidos
por idénticos principios, forjados en la
obra hermosa, digna y heroica de nuestro
pueblo, nuestra revolución socialista".
Su poesía es pura esencia de amor, de
vida, fantasía y esperanza. Una versión
moralmente, intelectualmente victoriosa,
hondamente poética. Realiza un
renacimiento afortunado del soneto.
Brotan magníficos, naturales y
melodiosos los endecasílabos del
enamorado cautivo. Siendo muy propios,
logran cualitativamente una fresca y
conmovedora originalidad, nacidos del
sentimiento firme del joven Antonio
Guerrero Rodríguez:
Debes saberlo: soy un enamorado metido
en semejante circunstancia que
amaneciendo lejos no se olvida de las
casas lluviosas de su infancia.
El poeta imagina cómo será el día de su
libertad:
El sol
pondrá una rosa en cada esquina, blanca
como tu alma y sin espinas, cuando la
libertad toque la tierra.
Esos 14 versos de 32 sonetos hablan de
un poeta a carta cabal, de verdad, que
dice la verdad desde el fondo de un
calabozo extraño donde nunca en este
caso pueden morir ni el amor, ni la
poesía, ni el derecho a la
justicia.
Libertad para los 5 jóvenes cubanos es
una demanda que recorre el mundo desde
Islandia hasta la Tierra del Fuego.
mayo 2006
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