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El arte tiene sus cosas y los creadores
también. Luis Eduardo Aute, el célebre
compositor, poeta y cineasta español que
tantas veces ha paseado de boca en boca
transformado en canciones-poemas que lo
han hecho popular en diversas latitudes
del orbe, o en libros y en el celuloide,
llega ahora a La Habana, una vez más,
pero esta vez vestido de… pintor.
Pasión que fue la primera en llegar a su
vida cuando apenas contaba 8 años de
edad. De esa época, precisamente, hay
unos ejemplos que dan la bienvenida en
la exposición Transfiguraciones,
que fue inaugurada en una sala del Museo
Nacional de Bellas Artes (edificio de
Arte Universal, San Rafael, entre
Zulueta y Monserrate, La Habana Vieja),
como parte del proyecto que rinde
homenaje al destacado artista por estos
días. "Vieja filipina" y "Tetera y
niño", óleos sobre tela, firmados en
1951, confirman la senda seleccionada
por él desde temprana edad, entre
texturas, formas y colores, que nunca ha
dejado de lado, a pesar de los
“coqueteos” serios y plurales con otras
manifestaciones que lo han hecho
reconocido internacionalmente. En 1964
fue seleccionado para la Bienal de París
y en 1967 para la IX Bienal de Sao Paulo
(Brasil). En el año 1974 obtuvo el
Premio de Pintura de la XXVIII Mostra
Fondazione Michetti en Italia.
Durante un desayuno con un grupo de
periodistas, efectuado en el hotel
Parque Central, Luis Eduardo Aute,
acompañado por Leire Patín, secretaria
de Estado para la Cooperación
Internacional (España); Borja Casini,
curador de la muestra; Moraima Clavijo,
directora del Museo Nacional de Bellas
Artes de Cuba (MNBA) y otras
autoridades, viajó entre palabras por
ese terreno suyo (la pintura) poco
conocido aquí y en América Latina. “Fue
mi primera actividad y la sigue siendo.
De niño tenía la firme decisión de ser
pintor, me gustaba dibujar y tenía
facilidad, no sé por qué, se preguntó,
pues en mi familia no había ningún
artista. Me apasionaba, pasaba horas en
mi estudio dibujando, y de esa manera
contrarrestaba el desastre que era como
alumno, dijo sonriente.
"¿Pintar? Repite y responde la pregunta.
Es algo especial, es como la necesidad
de alcanzar el equilibrio mental para
ser considerado un ser humano normal. Es
una terapia para descargar conflictos,
neurosis. Esa es la gran terapia de
dibujar o esculpir. Viene por etapas,
cuando estoy asfixiándome pinto y
entonces me regenero, me recupero. Algo
mucho más económico que pagar a un
sicoanalista” (risas).
En 1960 quedaba abierta su primera
muestra personal de pinturas en la
galería Alcón (Madrid), años antes de
comenzar a componer canciones para otros
intérpretes y de grabar sus propias
composiciones (1966). Precisamente en la
exposición habanera, que al decir de
Borja Casani, “tiene una energía
particular, y se ve muy bien la obra
plástica de Aute aquí. La sala es
elegante, hermosa y muy adecuada para su
quehacer. Se puede ver de manera
cronológica, por diversas etapas hasta
el año 2005 que es donde culmina. Verdaderamente, me he sorprendido al ver
sus piezas aquí”.
Viendo esta muestra que llega a La
Habana en coordinación con la Dirección
General de Relaciones Culturales y
Científicas del Ministerio de Asuntos
Exteriores y de Cooperación de España,
conjuntamente con la Sociedad Estatal
para la Acción Cultural exterior (SEACEX)
y el MNBA de Cuba, se pueden rastrear
las más caras obsesiones de Luis Eduardo
Aute, mucho más que cuando se leen sus
poemas o se escuchan sus canciones,
porque, como señaló Casini, en sus
cuadros emerge una energía particular
que llega hasta lo irónico o la
violencia, como “un gancho al estómago”,
algo poco común en este hombre sosegado.
Transfiguraciones
No por azar lleva este título la
exposición personal de Aute, ya que su
obra es básicamente figurativa, aunque
ha tenido algunos destellos
informalistas, pues según expresó el
creador no ha querido indagar en la
abstracción. En Transfiguraciones
se observa el proceso zigzagueante donde
convergen diversas corrientes del arte
que han pasado por el tiempo y han
anidado en su obra: expresionismo,
cubismo y el surrealismo que se mantiene
hasta hoy día. “Ya que es más que una
tendencia para mí, pues con él creo una
visión de la realidad. Porque mi trabajo
es racional, intento llegar al absurdo a
través de un juego o análisis a fondo de
la realidad”.
Una mirada rápida a sus dibujos y
pinturas trasluce una obra personal,
enérgica, son sentimientos que salen a
flote entre colores y formas,
obsesiones, deseos, instintos que se
convierten en seres que quizá alguna vez
encontró por el camino, incluidos los
internos, aquellos que podemos ver en
nuestra más recóndita intimidad.
Aute no se cree un profesional “no
profeso nada, soy un amateur, un amante
de todo. Me gusta escribir, pintar,
agarrar una cámara. Prefiero ser un
amateur de todas estas mal llamadas
disciplinas y desterrarlas de esta cosa
que llamamos creación. No hay nada más
INDISCIPLINADO que un artista. Es una
contradicción. Prefiero el verbo amar al
de profesar.”
¿Qué hay de las mezclas en su trabajo?
"Música, pintura y poemas, todo forma
parte de un todo", dijo. Y quiso
especificar, "yo escribo canciones, no
soy músico. La pintura y la canción son
oponentes y complementarias. La canción
está integrada por textos, palabras,
ritmos musicales, algo que no se ve. La
pintura, por el contrario, es forma,
color, textura, es todo aquello que no
hay en la música. Y la música, por su
parte, añade aquello que no aparece en
las imágenes…" ¿El cine? “Es perfecto,
reúne todas las artes. Se nutre de la
novela, el teatro, la música, la
fotografía, en él convergen todas con un
lenguaje propio. Es lo que se puede
presentar como arte total. Falta solo…
que no se puede tocar. Pero con todas
las tecnologías modernas algún día
podremos palpar el volumen de la
imagen”.
El ser humano en primer plano
Protagonista de su trabajo en general es
“el ser humano, es el único universo que
me interesa, y el de la mujer, en
particular me despierta infinita
curiosidad. Porque nunca llegaré a ser
mujer, es un ser muy complejo,
conflictivo y hermoso, con ese poder de
engendrar una vida. Es un milagro que
solo ellas pueden hacer. Me gusta cada
vez más la mujer, y aunque soy más
viejo, siento un profundo interés por
ellas", refirió.
Hablando del desnudo comentó que "el
cuerpo desnudo del ser humano es
provocativo y verlo es aproximarse al
sentido de la vida, aparte de la
fascinación y las sensaciones que se
producen del acercamiento. De ahí que se
establezca una relación particular entre
el artista y el modelo. El primer
contacto es sensual, enérgico, muy
especial. Luego, al pasar el tiempo, el
cuerpo se queda en cuerpo, sin esa otra
dimensión sensual… Pinto desnudos de vez
en cuando por esa necesidad de unir esa
sensación y el tópico del artista y el
modelo. Es un ejercicio saludable, de
vez en cuando, precisó.
"Hago arte —comentó— por una curiosidad,
y la mantengo a través del tiempo, pues
quiero seguir sorprendiéndome de las
cosas. Vivir es ser curioso. El arte es
buscar respuestas, ir al otro lado del
espejo, soñar y estar buscando otra vez
en cualquier medio que pueda ayudar a
que las sombras desaparezcan y vengan
las luces. Gozo pintando, es la libertad
máxima, un espacio en blanco donde se
crean formas sin reglas. En las
canciones hay que contar algo que tenga
interés en 3 ó 4 minutos, con palabras, poéticamente escritas y música,
respetando la métrica y la rima. Luego
el ritmo, la sonoridad, que parezca todo
una misma cosa. Es un trabajo duro y
difícil. Después de escribir una canción
acabo agotado, y luego siento un goce
porque existe la canción. La pintura es
otro placer, el de pintar, jugar con
ella, tocarla. Hacer una película es más
complicado, más caro, hay un equipo con
muchos autores. Es distinto", enfatizó.
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Estar siempre en pleno ejercicio de
aprendizaje es el estado perfecto para
Luis Eduardo Aute. "Todo lo que he hecho
hasta hoy es eso. Aprendiendo a hacer
canciones, a pintar, a escribir poemas,
quisiera estar siempre en esa dimensión,
y tener ganas de seguir haciendo
proyectos y tener vida suficiente para
desarrollarlos. Pero nunca estoy
completamente satisfecho con el trabajo.
Porque entonces tendría que decir que he
hecho lo que no debía…”.
Una palabra cerró el diálogo. No podía
ser otra, esa que aparece como una
constante en sus obras, en la vida del
ser humano: el amor. “Es el sentimiento
más fuerte del ser humano, luego de la
supervivencia. La necesidad de amar la
vida y sentirse amado por otra persona
que justifique tu propia vida. Es un
invento del hombre para huir del
conocimiento de la muerte. Pues cuando
se está enamorado uno se olvida que ella
existe. Y también para huir de la
soledad. No queremos estar solos, pues
uno justifica la vida cuando está con
otra persona que justifica a la vez la
de él. Nada más bello que poder entender
que uno está vivo porque hay otra
persona que necesita que existas. En el
fondo de todo está esa cosa que llamamos
Amor". |