Año VI
La Habana

22 al 28 de MARZO
de 2008

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A propósito de la exposición Transfiguraciones

Desayuno con Aute, el pintor

Toni Piñera • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

El arte tiene sus cosas y los creadores también. Luis Eduardo Aute, el célebre compositor, poeta y cineasta español que tantas veces ha paseado de boca en boca transformado en canciones-poemas que lo han hecho popular en diversas latitudes del orbe, o en libros y en el celuloide, llega ahora a La Habana, una vez más, pero esta vez vestido de… pintor.

Pasión que fue la primera en llegar a su vida cuando apenas contaba 8 años de edad. De esa época, precisamente, hay unos ejemplos que dan la bienvenida en la exposición Transfiguraciones, que fue inaugurada en una sala del Museo Nacional de Bellas Artes (edificio de Arte Universal, San Rafael, entre Zulueta y Monserrate, La Habana Vieja), como parte del proyecto que rinde homenaje al destacado artista por estos días. "Vieja filipina" y "Tetera y niño", óleos sobre tela, firmados en 1951, confirman la senda seleccionada por él desde temprana edad, entre texturas, formas y colores, que nunca ha dejado de lado, a pesar de los “coqueteos” serios y plurales con otras manifestaciones que lo han hecho reconocido internacionalmente. En 1964 fue seleccionado para la Bienal de París y en 1967 para la IX Bienal de Sao Paulo (Brasil). En el año 1974 obtuvo el Premio de Pintura de la XXVIII Mostra Fondazione Michetti en Italia.

Durante un desayuno con un grupo de periodistas, efectuado en el hotel Parque Central, Luis Eduardo Aute, acompañado por Leire Patín, secretaria de Estado para la Cooperación Internacional (España); Borja Casini, curador de la muestra; Moraima Clavijo, directora del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba (MNBA) y otras autoridades, viajó entre palabras por ese terreno suyo (la pintura) poco conocido aquí y en América Latina. “Fue mi primera actividad y la sigue siendo. De niño tenía la firme decisión de ser pintor, me gustaba dibujar y tenía facilidad,  no sé por qué, se preguntó, pues en mi familia no había ningún artista. Me apasionaba, pasaba horas en mi estudio dibujando, y de esa manera contrarrestaba el desastre que era como alumno, dijo sonriente.

"¿Pintar? Repite y responde la pregunta. Es algo especial, es como la necesidad de alcanzar el equilibrio mental para ser considerado un ser humano normal. Es una terapia para descargar conflictos, neurosis. Esa es la gran terapia de dibujar o esculpir. Viene por etapas, cuando estoy asfixiándome pinto y entonces me regenero, me recupero. Algo mucho más económico que pagar a un sicoanalista” (risas).

En 1960  quedaba abierta su primera muestra personal de pinturas en la galería Alcón (Madrid), años antes de comenzar a componer canciones para otros intérpretes y de grabar sus propias composiciones (1966). Precisamente en la exposición habanera, que al decir de Borja Casani, “tiene una energía particular, y se ve muy bien la obra plástica de Aute aquí. La sala es elegante, hermosa y muy adecuada para su quehacer. Se puede ver de manera cronológica, por diversas etapas hasta el año 2005 que es donde culmina. Verdaderamente, me he sorprendido al ver sus piezas aquí”.

Viendo esta muestra que llega a La Habana en coordinación con la Dirección General de Relaciones Culturales y Científicas del Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación de España, conjuntamente con la Sociedad Estatal para la Acción Cultural exterior (SEACEX) y el MNBA de Cuba, se pueden rastrear las más caras obsesiones de Luis Eduardo Aute, mucho más que cuando se leen sus poemas o se escuchan sus canciones, porque, como señaló Casini, en sus cuadros emerge una energía particular que llega hasta lo irónico o la violencia, como “un gancho al estómago”, algo poco común en este hombre sosegado.

Transfiguraciones

No por azar lleva este título la exposición personal de Aute, ya que su obra es básicamente figurativa, aunque ha tenido algunos destellos informalistas, pues según expresó el creador no ha querido indagar en la abstracción. En Transfiguraciones se observa el proceso zigzagueante donde convergen diversas corrientes del arte que han pasado por el tiempo y han anidado en su obra: expresionismo, cubismo y el surrealismo que se mantiene hasta hoy día. “Ya que es más que una tendencia para mí, pues con él creo una visión de la realidad. Porque mi trabajo es racional, intento llegar al absurdo a través de un juego o análisis a fondo de la realidad”.

Una mirada rápida a sus dibujos y pinturas trasluce una obra personal, enérgica, son sentimientos que salen a flote entre colores y formas, obsesiones, deseos, instintos que se convierten en seres que quizá alguna vez encontró por el camino, incluidos los internos, aquellos que podemos ver en nuestra más recóndita intimidad.

Aute no se cree un profesional “no profeso nada, soy un amateur, un amante de todo. Me gusta escribir, pintar, agarrar una cámara. Prefiero ser un amateur de todas estas mal llamadas disciplinas y desterrarlas de esta cosa que llamamos creación. No hay nada más INDISCIPLINADO que un artista. Es una contradicción. Prefiero el verbo amar al de profesar.”

¿Qué hay de las mezclas en su trabajo? "Música, pintura y poemas, todo forma parte de un todo", dijo. Y quiso especificar, "yo escribo canciones, no soy músico. La pintura y la canción son oponentes y complementarias. La canción está integrada por textos, palabras, ritmos musicales, algo que no se ve. La pintura, por el contrario, es forma, color, textura, es todo aquello que no hay en la música. Y la música, por su parte, añade aquello que no aparece en las imágenes…" ¿El cine? “Es perfecto, reúne todas las artes. Se nutre de la novela, el teatro, la música, la fotografía, en él convergen todas con un lenguaje propio. Es lo que se puede presentar como arte total. Falta solo… que no se puede tocar. Pero con todas las tecnologías modernas algún día podremos palpar el volumen de la imagen”.

El ser humano en primer plano

Protagonista de su trabajo en general es “el ser humano, es el único universo que me interesa, y el de la mujer, en particular me despierta infinita curiosidad. Porque nunca llegaré a ser mujer, es un ser muy complejo, conflictivo y hermoso, con ese poder de engendrar una vida. Es un milagro que solo ellas pueden hacer. Me gusta cada vez más la mujer, y aunque soy más viejo, siento un profundo interés por ellas", refirió.

Hablando del desnudo comentó que "el cuerpo desnudo del ser humano es provocativo y verlo es aproximarse al sentido de la vida, aparte de la fascinación y las sensaciones que se producen del acercamiento. De ahí que se establezca una relación particular entre el artista y el modelo. El primer contacto es sensual, enérgico, muy especial. Luego, al pasar el tiempo, el cuerpo se queda en cuerpo, sin esa otra dimensión sensual… Pinto desnudos de vez en cuando por esa necesidad de unir esa sensación y el tópico del artista y el modelo. Es un ejercicio saludable, de vez en cuando, precisó.

"Hago arte —comentó— por una curiosidad, y la mantengo a través del tiempo, pues quiero seguir sorprendiéndome de las cosas. Vivir es ser curioso. El arte es buscar respuestas, ir al otro lado del espejo, soñar y estar buscando otra vez en cualquier medio que pueda ayudar a que las sombras desaparezcan y vengan las luces. Gozo pintando, es la libertad máxima, un espacio en blanco donde se crean formas sin reglas. En las canciones hay que contar algo que tenga interés en 3 ó 4 minutos, con palabras, poéticamente escritas y música, respetando la métrica y la rima. Luego el ritmo, la sonoridad, que parezca todo una misma cosa. Es un trabajo duro y difícil. Después de escribir una canción acabo agotado, y luego siento un goce porque existe la canción. La pintura es otro placer, el de pintar, jugar con ella, tocarla. Hacer una película es más complicado, más caro, hay un equipo con muchos autores. Es distinto", enfatizó.

Estar siempre en pleno ejercicio de aprendizaje es el estado perfecto para Luis Eduardo Aute. "Todo lo que he hecho hasta hoy es eso. Aprendiendo a hacer canciones, a pintar, a escribir poemas, quisiera estar siempre en esa dimensión, y tener ganas de seguir haciendo proyectos y tener vida suficiente para desarrollarlos. Pero nunca estoy completamente satisfecho con el trabajo. Porque entonces tendría que decir que he hecho lo que no debía…”.

Una palabra cerró el diálogo. No podía ser otra, esa que aparece como una  constante en sus obras, en la vida del ser humano: el amor. “Es el sentimiento más fuerte del ser humano, luego de la supervivencia. La necesidad de amar la vida y sentirse amado por otra persona que justifique tu propia vida. Es un invento del hombre para huir del conocimiento de la muerte. Pues cuando se está enamorado uno se olvida que ella existe. Y también para huir de la soledad. No queremos estar solos, pues uno justifica la vida cuando está con otra persona que justifica a la vez la de él. Nada más bello que poder entender que uno está vivo porque hay otra persona que necesita que existas. En el fondo de todo está esa cosa que llamamos Amor".                                       
 

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