Año VI
La Habana

22 al 28 de MARZO
de 2008

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Un auténtico hombre del nuevo Renacimiento

Pedro de la Hoz • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

En diálogo sostenido el pasado septiembre con internautas españoles, a Luis Eduardo Aute le preguntaron qué le faltaba por hacer, y respondió: “Hacer bien lo que hago”. Más que ingenio en el juego de palabras, y conociendo la estirpe del artista, tuvo de tal manera una prueba más de una naturaleza creativa que escapa tanto a las clasificaciones, como al divismo. Pintor antes que cantante y, sin embargo, reconocido más por el canto que por los cuadros, poeta que escribe versos sin pensar en ponerles música y, sin embargo, cuando lo hace llega todavía más al corazón de todos, cineasta que encuentra placer en el dolor de dibujar plano a plano un largometraje de animación, gustador de la música de John Lennon y Bela Bartok, aficionado a los filmes expresionistas de la escuela alemana y a la vez seguidor de la teleserie norteamericana del Doctor House, Luis Eduardo Aute pareciera ser una personalidad difícil y contradictoria; pero esa imagen se esfuma ante la consecuencia de la integralidad de su obra.

Se trata, desde diversos planos de la expresión, de un discurso crítico sobre su época y ético, que apela a la imaginación, ya sea en forma de metáforas visuales o escritas.

Quizá el testimonio más intenso de ese empeño lo haya logrado en la película de animación Un perro llamado Dolor, en tanto puso a prueba su capacidad creadora y condensó, en sus tramas y el derroche estilístico, una buena parte de sus obsesiones.

Cada una de las siete historias apela al triunfo de la razón estética, a la vez que hace evidentes, de manera sucesiva, las afinidades electivas del artista: Francisco de Goya, Joaquín Sorolla, Frida Kahlo y Diego Rivera, Julio Romero de Torres y Pablo Picasso, Michel Duchamp, Salvador Dalí y Diego Velásquez.

A lo largo del filme, Aute nos dice una y otra vez cómo no quiere ser posmoderno, si entendemos el término como esa laxa relatividad en la que todo y nada vale. La relación de los paradigmas artísticos con sus modelos, en su conflictividad, da suficientes indicios de un sentido de apropiación y reivindicación crítica del arte.

Esta vocación por legitimar, con aires de futuro, referencias que le parecen esenciales para dar sentido a la creación de imágenes, emparienta a Aute, como alguien bien ha señalado, con la línea del sudafricano William Kentridge.

El equivalente tropológico de las más de 4 000 dibujos realizados para animar Un perro llamado Dolor, encuentra su contraparte en una de las canciones más deslumbrantes y agudas del repertorio de Aute: "La belleza". En esta, el centro de atención se desplaza del arte hacia la ideología, aunque tanto por hacerlo explícito en el título como en la reflexión de la última estrofa ("reivindico el espejismo / de intentar ser uno mismo / ese viaje hacia la nada / que consiste en la certeza / de encontrar en tu mirada / la Belleza”), sea la razón estética una tabla de salvación.

Esta canción es un acto de fe en el pensamiento contracorriente a la vez que una afilada denuncia contra los cambiacasacas, los extenuados, los apóstatas, los aburridos, los de la izquierda light, los socialistas que se decían tan reales que terminaron por ser irreales. Junto a "El necio", de su entrañable amigo Silvio Rodríguez, conforma una dilogía a tener muy en cuenta para estos tiempos, en que un nuevo Renacimiento está en marcha.                                           
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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