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Seré breve: Todos queremos pasar
rápidamente a la magia. Tenemos un día
inquietante y feliz, aquí está el
responsable de ello, Luis Eduardo Aute,
que de seguro no nos dejará varados en
la indiferencia y la apatía que a menudo
vagan peligrosamente en torno nuestro.
Trae Luis Eduardo consigo un trozo
enorme de su curiosidad y su rebeldía y
lo pone ante nuestra mirada como su
“música” visual, esa otra música que no
es la misma pero es igual y que nos
revela de manera sorprendente la rareza
de esta aleación poética de la cual
fluye un saber y sobre todo un sentir
caro y anhelado, tan necesario al
tránsito vital, ese mismo que ha
intensificado a través de tan diversos
lenguajes mostrándonos un ejemplo de
postura inconforme y curiosa,
decodificadora y a la vez edificante, que
hace de su obra toda y de su creación
visual, un estandarte de humanista y
honesto andar.
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Escuchándole y mirándole percibimos la
figura de una estirpe renacentista cada
vez más rara en este mundo y a la vez
confirmamos la esperanza del
renacimiento de ese hombre que se empeña
en no desaparecer, ese hombre que sigue
intrigado por el rastro de la luz que le
creó y que nos invita a seguirlo en su
aventura.
Aquí están sus excelentes dibujos,
pinturas y esculturas que nos hablan
desde redondeces cósmicas hasta las más
húmedas rendijas de la realidad, dando
fe de su credo artístico y estético, de
su honestidad y sinceridad.
Ha sido generoso Aute al traer su arte a
Cuba, tierra que ama como la suya. Será
aún más conocido, admirado y querido por
nosotros y estaremos agradecidos por
este día feliz.
Un abrazo a su persona y a su obra.
Gracias Aute.
La Habana,
marzo, 2008
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