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Luis Eduardo Aute es un poeta, un
cantor, un consumado artista de la
plástica y un cineasta. ¿Cuál de éstas,
llamémosle «profesiones o actos de fe es
su Violín de Ingres? Porque en todas las
facetas parece moverse con una exultante
facilidad y belleza. Aute, además, es un
artista del compromiso y comprometido
está, primero que todo, con el oficio,
con los atrevimientos que el verdadero
arte convoca, y después, con las causas
nobles de las que se apropian (y
arropan) los auténticos artistas.
También es un amigo, y lo señalo, porque
es un atributo no consustancial al
mérito y a la excelencia que sin embargo
en Luis Eduardo parece encontrar natural
acomodo.
Yo no soy un especialista y mucho menos
un crítico literario, apenas asumo el
hecho de ser un aprendiz de
cantor-escritor que crece tímidamente
también bajo su sombra, pero podría
aventurarme en una especie de defensor,
un abogado del quehacer siempre
gratificante de la amistad, comentando
una obra que nos trasciende e ilumina.
Estos Poemigas que ahora intento
presentarles contienen dosis de ironía,
ingenio y astucia a partes iguales.
Dónde comienza una y termina la otra es
algo que los lectores tendrán que
identificar, en Cuestión de fe,
Locuria, NOticias divinas,
Tres cosas hay en la vida,
Agnus agni lupus y sobre todo en
Diosablo por citar seis ejemplos
escogidos al azar se hace evidente la
vocación de Aute por desmontar los
preceptos cristianos adaptándolos a ese
juego lúdico que convierte a los ángeles
en divertidos diablejos que silban en
nuestros oídos tonadas reflexivas y
provocadoras.
El Luis Eduardo bromista se despliega
con todos sus fuegos en poemas como
Sin memorian, PIÉza,
adMINIstración y Ano réxico,
sin que su afán filosófico le lleve a
perder el tono de comedieta propuesto de
antemano y que desde Amorfo,
hasta Nunca es tarde si la dicha es
buena... (¿Es que hay dichas malas?)
Adquieren sobrecogedoras texturas y
tentaciones. Su fascinación por el
fútbol y el boxeo, deportes ambos del
cuerpo a cuerpo, sienta sus credenciales
en Desaforismos VII y
Combate de boxeo. El Aute que
prefiere provocar, retar y hasta
insultar nos asoma al paladar una
sonrisa cómplice que estimula y
complace.
Ninguno de los otros Poemigas
desmerece la atención porque para
leerlos es indispensable mantenerse
alertas, en constante vigilia,
recostados a la noche.
Conozco bien a Aute y les aseguro que,
en un descuido, un salto de línea, un
“pasarle por encima” a la insinuación de
una mayúscula, puedes perder la
oportunidad de salvarte de tus propios
demonios y exorcizar los ajenos.
¡A disfrutarlos pues, y enhorabuena!
La Habana, febrero 24 de 2008 |