Año VI
La Habana

22 al 28 de MARZO
de 2008

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El cinematógrafo llega a Cuba

Ignacio Omar Granados • La Habana

 

El inicio  de 1897 en la Isla, presentaba un panorama nada grato para gran parte del pueblo cubano. En Diciembre del año anterior había terminado la Invasión de Oriente a Occidente, una proeza guerrera  llevada a cabo por  los mambises cubanos y  dirigida por los gloriosos Gómez y Maceo. Los españoles celebraban la muerte de Antonio Maceo, una pérdida irreparable para los cubanos y Valeriano Weyler, capitán General de la Isla, había decretado la Reconcentración de los campesinos en las ciudades y poblados con el fin de impedir que se sumaran a las tropas mambisas o les suministrarán ayuda. La Habana, era azotada también por una epidemia de viruela que afectaba principalmente a los reconcentrados.

En contraste a lo anterior, otra cara mostraba la capital cubana para los turistas y visitantes: los acaudalados magnates del azúcar y el ganado vacuno, los grandes comerciantes habaneros  de productos comerciales, víveres y bebidas, se permitían el lujo de invitar a figuras relevantes de las artes y las ciencias a exponer públicamente sus últimos inventos, entre ellos: la dinamita, el telégrafo, la fotografía, la refrigeración, el teléfono, el kinetoscopio de Edison, motivo por el cual muchos de estos inventos llegaron tempranamente a nuestro país, antes que a otros de Hispanoamérica. También la ciudad se daba el lujo de disfrutar de grandes figuras artísticas del canto y la escena internacional como Sarah Bernardt, María Guerrero, José Valero, María Tubau  y la bailarina Fanny Essler. De esta forma también llegó muy rápidamente a Cuba, uno de los inventos más importantes que cerraría ese glorioso siglo XIX: el Cinematógrafo de los hermanos Lumiere, que se convertiría muy rápidamente en el Cine de nuestros días.

Solamente un año y 15 días habían pasado de la fecha en que Louis y Augusto Lumiere, presentaron por primera vez el cinematógrafo en proyección pública en el Grand Café de París, Francia, superando técnicamente al diverso grupo de artefactos que existían entonces, tratando de reproducir las imágenes de la vida real. Al seleccionar los países de América a los que llevarían su prodigioso invento, los hermanos Lumiere no habían olvidado a Cuba, pues aunque era todavía una colonia española, en Francia se sabía que los mambises estaban a punto de lograr la victoria por las armas, y que con esa victoria vendría una independencia que lo situaría entre los buenos clientes con que pensaban contar en este continente. El representante de la casa Lumiere, Gabriel Veyre, designado para dar a conocer el invento en América,  llega el 15 de enero de 1897 a Cuba, desde la villa de Veracruz, México, después de pasar por este país y por Río de Janeiro, Brasil con la invención que asombraba a los ojos del mundo. Durante una semana, Veyre preparó las condiciones en el local situado en Prado 126 entre los Bomberos del Comercio y el Teatro Tacón, lugar este que había acogido con gran aceptación la Exposición Imperial donde la elite de la sociedad habanera pudo admirar bellas vistas fijas en una especie de poliedro habilitado con gemelos especiales para que el público disfrutara de una magnífica exposición de fotografías de paisajes y arquitecturas europeas.  Veyre siguió una estrategia muy hábil, ofreció la víspera de la inauguración oficial, una velada especial para la prensa habanera en la tarde noche del día 23 de enero de 1897. A la mañana siguiente los principales diarios reseñaron el éxito del espectáculo  presentado, destacando la superioridad del proyector Lumiere, sobre su rival el Kinestocopio Edison, que casualmente se había presentado también en La Habana, en fecha reciente.  Es bueno aclarar que el local escogido, se trataba de un espacio largo y estrecho, donde a más caber, podrían sentarse de 70 a 80 espectadores.

El domingo 24 de enero de 1897, se produce la primera exhibición comercial de cine en nuestro país. La rapidez de los cambios de los rollos de las películas y  la mejor nitidez de las imágenes animadas hicieron vibrar de emoción al público reunido que veía por primera vez un invento que quedaría para la historia. Los allí presentes fueron los primeros en ver el clásico filme silente El regador regado junto a otras no menos atractivas películas que solo duraban varios minutos de duración, cada una de ellas. Entre ellas estaban: La partida de naipes, La salida del tren (precursora de los distintos planos en el cine)  y El sombrero cómico. Para dar gusto a las autoridades locales, Veyre también incluyó un par de películas filmadas en España: Infantería española en vivac y Artillería española en combate. El primer día de proyección en sus diez tandas pasaron por la sala cerca de un millar de espectadores. Los beneficios del empresario francés se acercaron a los 400 pesos. La gente salía entusiasmada y muchos volvieron a entrar para repetir el espectáculo. El diario El País del 25 de enero, reseñó lo siguiente: 

“El público gozó de lo lindo y aplaudió más y mejor las diferentes vistas que por sus ojos pasaron, llenas de movimiento y vida, con tal verdad que realmente parece que presenciamos las escenas realizadas en el instante que se tomaron las fotografías.” 

El éxito alcanzado por Veyre y su relación con la famosa actriz María Tubau, que se interesó grandemente en el invento, llevó a que se filmara en pocos días, la primera película filmada en Cuba: Simulacro de incendio, corto de un minuto de duración que fotografiaba el ajetreo del Cuerpo de Bomberos de La Habana, durante un incendio y la algarabía del público reunido alrededor. Esta primera película cubana se filmó el 7 de febrero de 1897.  Posteriormente, esta cinta  pudo verse también en el cinematógrafo Veyre de Prado 126, demostrando al pueblo de la capital que las imágenes captadas en su propia tierra podían verse también en el nuevo espectáculo.

El cine fijó su residencia, semanas después  en el Teatro Irijoa (hoy Martí), que fue el primer teatro convertido en cine en aquel entonces. Poco más de un año más tarde, al desaparecer el coloniaje español sobre la Isla, regresó de su exilio mexicano el actor cubano José E. Casasús, primer cubano que proyectó y filmó películas en Cuba, siendo asimismo el primero en iniciar lo que pudiera calificarse como cine publicitario, puesto que por cuenta de la cerveza Hatuey dirigió y actuó en una película títulada El brujo desaparecido, realizada en los últimos meses de 1898.  Años después en 1902, surgiría en La Habana, el primer salón cinematográfico, especialmente construido para cine el Florodora, que se levantó en la Calzada del Cerro, esquina a Palatino, y que fuera después el conocido cine Maravillas (hoy inactivo).

Gabriel Veyre, que había nacido  en un pueblo cercano a Lyon, Francia y era  farmacéutico de profesión, abandonó la Isla el 8 de mayo de 1897 y posteriormente, pasó a Venezuela, y luego a Colombia, de donde regresó a Francia, enfermo y arruinado.
También, más tarde, llevó el cine a países del sudeste asiático y a Marruecos, donde llegó a ser consejero del Sultán de quien se dice le regaló un palacio. En ese país del norte de África, además, introdujo la bicicleta, el automóvil, la radio y electrificó varias ciudades. Murió en Marruecos, después de 36 años de trabajo, en la década de los años 30, del siglo pasado, su nombre pasará a la Historia del Cine como el introductor del cine en Latinoamérica y en África.   

La Habana, 8 de marzo  de 2008.
 

BIBILOGRAFÍA.

 

Agramonte, Arturo.  Cronología del Cine Cubano. La Habana 1966

 

Douglas, Maria Eulalia.  La Tienda Negra. Cinemateca de Cuba. 1996

 

Piñera, Walfredo.   “57 Años de cine en Cuba” en Diario de la Marina, La Habana, 22 de                                                                               diciembre de 1953.

 

Rodríguez Alemán, Mario. Bosquejo histórico del Cine Cubano en Cine Cubano. La Habana Año 4, No. 23-25.

 

Rodríguez González, Raúl. El Cine Silente en Cuba.  La Habana, 1991

 

Valdés Rodríguez, José. M. Trayectoria del cine en Cuba en Mensuario de Arte y Literatura. La Habana, mayo de 1950.

 

Página Web de Directores del Cine mexicano. Gabriel Veyre.  2007. 

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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