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Conocí a Eliades Acosta, primero en el
restaurante del Hotel Royalton de Bayamo
y luego más de cerca en el Foro Social
Mundial de Caracas en el 2006, donde
logré que me firmara El Apocalipsis
según San George que entonces se
estaba publicitando.
Eliades Acosta ha sido durante muchos
años presidente-fundador del Ateneo de
Santiago de Cuba Antonio Bravo Correoso
y luego en 1997 director de la
Biblioteca Nacional José Martí. Se
graduó de Filosofía en la Universidad
Estatal Rostov del Don y hoy por hoy es
vicepresidente primero de la Unión de
Historiadores de Cuba y miembro de la
Cátedra de Estudios Cubanos de la
Universidad de Wolverhampton
(Inglaterra).
El Apocalipsis según San George
es un libro carismático que trata el
problema del neoconservatismo desde sus
inicios hasta estos momentos en la
historia de los EE.UU. Ni qué hablar que
ese neoconservatismo, cuyas espuelas se
clavan a diario en los ijares de los
países tercermundistas por una cuestión
de geoproximidad ha estado gravitando
constantemente en la esfera de nuestra
historia. Recuérdense, por ejemplo,
aquellas palabras del presidente Mc
Kinley en 1897 sobre Cuba: "Si de todas
maneras se nos impone el deber ante la
civilización y la humanidad de
intervenir (en el conflicto cubano) este
deberá ser estrictamente cumplido por
nosotros, y lo haremos solamente en caso
de que la necesidad de semejante acción
demuestre a las claras haber sido
aprobada y apoyada por el mundo
civilizado".
En el análisis inicial de El
Apocalipsis… hecho por Enrique
Ubieta se nos demuestra cómo los
neoconservadores detrás de la mascarada
de la moral aséptica y del profundo
individualismo esconden de manera
grosera la corbata gris y el sombrero de
policías que continúan garantizando el
orden. También Ubieta traza el
paralelismo entre la explosión del
acorazado Maine (1898), el ataque
japonés a Perl Harbour (1941) y la
destrucción de las Torres Gemelas
(2001). Estos hechos, según dicho autor,
son trágicas y convenientes casualidades
en la historia del imperialismo
norteamericano. “Casualidades” que no
dejan de ser sospechosas.
El punto cero del neoconservatismo
norteamericano se hace visible en el
fraude electoral de la Florida, la
votación hispana manipulada que da al
traste con Albert Gore y el
subsiguiente espaldarazo a las
aspiraciones de la ultraderecha liderada
por W. Bush. Más tarde Gore recibe el
reconocimiento de Estocolmo a través del
Nobel (poder simbólico) y Bush los
suficientes presupuestos para hacerse
con la gran laguna de petróleo de Iraq
(poder real).
Con la clarinada al terrorismo, las
agresiones a Afganistán, Iraq, los
crímenes contra los niños iraquíes, el
escandaloso dossier de Abu-Grhaib, el
neoconservatismo trueca el poder
simbólico por el poder real y entonces
tenemos en el mandatario Bush una
transcodificación de la imagen
hollywoodense de Mr. Increíble.
Eliades Acosta trata también la
conveniencia del tráfico de autoridades
intelectuales y la imposición de sus
criterios a través de los medios
hegemónicos de comunicación a los países
tercermundistas, las instituciones de
los “tanques pensantes” que defienden
los intereses de las oligarquías. Hay
capítulos de gran valor como los que
tratan la definición de imperio del
profesor Schroeder y la trayectoria del
sociólogo y filósofo Lévy Strauss, una
de las apoyaturas del neoconservatismo
ilustrado.
El Apocalipsis según San George
es un libro con un estudio minucioso de
los medios digitales, de los periódicos,
los historiadores de los EE.UU. y de la
intrincada bibliografía virtual de la
net.
Su lectura, que implica abiertamente una
lectura de nuestra historia, es tal vez
ahora más necesaria que nunca. |