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Los
dedos de una mano sobran para contar los
cineastas cubanos que hayan logrado
alcanzar la categoría de clásicos tanto
en el trabajo con la ficción como en los
difíciles predios del documental.
Octavio Cortázar, la más reciente e
irreparable pérdida del cine cubano,
clasificó en ambas ligas con sobrados
méritos: Por primera vez es
imprescindible en todas las selecciones
que puedan emprenderse sobre lo más
destacado del documental cubano, El
brigadista está en la memoria
afectiva de millones de cubanos.
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Cortázar
trabajó primero en publicidad y luego
dirigió programas culturales para la
televisión en CMBF, Canal 7. Al triunfo
de la Revolució comenzó a laborar en el
ICAIC como asistente de producción y
dirección. Fue uno de los más asiduos
impulsores y organizadores de la
realización de cortos documentales que
formaron parte de la llamada
Enciclopedia Popular, entre 1960 y 1961.
Después, fue a estudiar a
Checoslovaquia, junto con un grupo de
futuros realizadores del cine cubano,
allá permaneció hasta 1967. Al regreso
ya comenzó a realizar documentales,
entre los cuales se destaca Por
primera vez (1967), uno de los más
elocuentes testimonios jamás filmados
sobre el poder y el encanto del cine, su
omnímoda capacidad para seducir,
conmover y emocionar. Poco después
emprendió otros documentales destacados:
Acerca de un personaje que unos
llaman San Lázaro y otros llaman Babalú
(1968) un análisis sobre el sincretismo
religioso y Con las mujeres cubanas,
de 1974..
Según la
estudiosa del cine cubano Julianne
Burton Por primera vez es “un
relato conmovedor sobre la primera
exhibición del cinematógrafo en un a
comunidad de la montaña, además de
temprano ejemplo del módulo narrativo
que implica el cine dentro del cine”,
mientras que Con las mujeres cubanas
lleva al máximo la disyunción entre
texto auditivo y la visual.
Posteriormente, realiza tres
largometrajes de ficción: El
brigadista, hecho en el año 1978,
sobre la campaña de alfabetización en
Cuba, y uno de los mayores éxitos del
cine cubano de todos los tiempos,
gracias a su equilibrada combinación de
elementos épicos y del cine de
aventuras, Guardafronteras, en
1980, y Derecho de asilo, en
1994, inspirada en un cuento de Alejo
Carpentier. “En parte parábola política,
en parte pequeña historia de amor y en
parte melodrama y filme sobre la
naturaleza —escribió Vincent Canby en
The New York Times— El brigadista
tiene algo que ofrecerle a todos los
espectadores”.
Cortázar
participa habitualmente en la actividad
teatral y musical cubana, e igualmente
funge como pedagogo en diversos países y
en la Escuela Internacional de Cine y
Televisión de San Antonio de los Baños.
En su programa televisivo
Pantalla documental desfiló lo más
valioso de la creación mundial en ese
género, puesto al alcance de todos los
interesados.
“El cine
ha sido siempre para mí un arte
maravilloso —ha dicho el director de
esas dos películas para siempre
recordadas— desde cinéfilo hasta
director. Yo empecé amando el cine. Soy
un cinéfilo desde niño y llegó el
momento en que ya empecé a entrar en
contradicción con la pantalla. Y empecé
a reflexionar, a darme cuenta de que yo
tenía aquello dentro de las
posibilidades de quererme expresar a
través de lo que estaba viendo. Siempre
sucede: tú entras en contradicción con
lo que ves. Me acuerdo de una película
de Hathaway que se llamaba Niagara,
cuyo final no entendí y empecé a
discutir, pero el director era Hathaway,
no yo. Eso fue en el año 1950 o 1951, yo
era muy joven —catorce o quince años—,
ya empezaba a sentirme un poco director
de cine. Atrás de mí tenía una larga
trayectoria cinéfila, no de
cineclubista, sí de ver cine
cotidianamente. Si tú quieres expresarte
en el cine, si tú amas un arte, tienes
que empezar a amarlo verdaderamente
antes de pensar en expresarte a través
de él”.
Cortázar
llegó a realizar el sueño dorado de
muchos cinéfilos: convertirse en
cineasta, y no satisfecho con ello,
alcanzó el premio mayor de todo
cineasta: sembrar en la memoria afectiva
del espectador unas cuantas imágenes
inolvidables, unos cuantos minutos de
cine definitivo, incombustible,
inmortal. |