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2008

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Octavio Cortázar, siempre Por primera vez in Memoriam

Joel del Río • La Habana

Los dedos de una mano sobran para contar los cineastas cubanos que hayan logrado alcanzar la categoría de clásicos tanto en el trabajo con la ficción como en los difíciles predios del documental. Octavio Cortázar, la más reciente e irreparable pérdida del cine cubano, clasificó en ambas ligas con sobrados méritos: Por primera vez es imprescindible en todas las selecciones que puedan emprenderse sobre lo más destacado del documental cubano, El brigadista está en la memoria afectiva de millones de cubanos.

Cortázar trabajó primero en publicidad y luego dirigió programas culturales para la televisión en CMBF, Canal 7. Al triunfo de la Revolució comenzó a laborar en el ICAIC como asistente de producción y dirección. Fue uno de los más asiduos impulsores y organizadores de la realización de cortos documentales que formaron parte de la llamada Enciclopedia Popular, entre 1960 y 1961. Después, fue a estudiar a Checoslovaquia, junto con un grupo de futuros realizadores del cine cubano, allá permaneció hasta 1967. Al regreso ya comenzó a realizar documentales, entre los cuales se destaca Por primera vez (1967), uno de los más elocuentes testimonios jamás filmados sobre el poder y el encanto del cine, su omnímoda capacidad para seducir, conmover y emocionar. Poco después emprendió otros documentales destacados:  Acerca de un personaje que unos llaman San Lázaro y otros llaman Babalú (1968) un análisis sobre el sincretismo religioso y Con las mujeres cubanas, de 1974..

Según la estudiosa del cine cubano Julianne Burton Por primera vez es “un relato conmovedor sobre la primera exhibición del cinematógrafo en un a comunidad de la montaña, además de temprano ejemplo del módulo narrativo que implica el cine dentro del cine”, mientras que Con las mujeres cubanas lleva al máximo la disyunción entre texto auditivo y la visual.

Posteriormente, realiza tres largometrajes de ficción: El brigadista, hecho en el año 1978, sobre la campaña de alfabetización en Cuba, y uno de los mayores éxitos del cine cubano de todos los tiempos, gracias a su equilibrada combinación de elementos épicos y del cine de aventuras, Guardafronteras, en 1980, y Derecho de asilo, en 1994, inspirada en un cuento de Alejo Carpentier. “En parte parábola política, en parte pequeña historia de amor y en parte melodrama y filme sobre la naturaleza —escribió Vincent Canby en The New York Times— El brigadista tiene algo que ofrecerle a todos los espectadores”.

Cortázar participa habitualmente en la actividad teatral y musical cubana, e igualmente funge como pedagogo en diversos países y en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. En su programa televisivo Pantalla documental desfiló lo más valioso de la creación mundial en ese género, puesto al alcance de todos los interesados.

“El cine ha sido siempre para mí un arte maravilloso —ha dicho el director de esas dos películas para siempre recordadas— desde cinéfilo hasta director. Yo empecé amando el cine. Soy un cinéfilo desde niño y llegó el momento en que ya empecé a entrar en contradicción con la pantalla. Y empecé a reflexionar, a darme cuenta de que yo tenía aquello dentro de las posibilidades de quererme expresar a través de lo que estaba viendo. Siempre sucede: tú entras en contradicción con lo que ves. Me acuerdo de una película de Hathaway que se llamaba Niagara, cuyo final no entendí y empecé a discutir, pero el director era Hathaway, no yo. Eso fue en el año 1950 o 1951, yo era muy joven —catorce o quince años—, ya empezaba a sentirme un poco director de cine. Atrás de mí tenía una larga trayectoria cinéfila, no de cineclubista, sí de ver cine cotidianamente. Si tú quieres expresarte en el cine, si tú amas un arte, tienes que empezar a amarlo verdaderamente antes de pensar en expresarte a través de él”.

Cortázar llegó a realizar el sueño dorado de muchos cinéfilos: convertirse en cineasta, y no satisfecho con ello, alcanzó el premio mayor de todo cineasta: sembrar en la memoria afectiva del espectador unas cuantas imágenes inolvidables, unos cuantos minutos de cine definitivo, incombustible, inmortal.

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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