Año VI
La Habana

13-24 de FEBRERO
de 2008

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Volver a Avellaneda en el siglo XXI

Nara Araújo • La Habana

 

He tenido de nuevo el gusto de leer el libro de Roberto Méndez, Otra mirada a la peregrina, dedicado al estudio de la obra poética de Gertrudis Gómez de Avellaneda,  que ya en el 2006 conocí y defendí para  premio Alejo Carpentier de ensayo, en contienda con otros excelentes textos concursantes.  Ha sido otra vez  una experiencia fructífera y un aprendizaje, pues esta lectura repetida me ha mostrado aristas nuevas, al tiempo que no ha cesado de complacerme por la audacia, el tono y la elegancia del estilo de este camagüeyano (que ya es habanero), autor de otro ensayo imprescindible: José María Heredia. La utopía restituida. Me sedujo ahora como entonces esos pequeños fragmentos narrativos que el autor coloca como pórtico de sus capítulos y en los cuales quien lee entra en la vida de la escritora en una dimensión imaginativa.

¿Por qué volver a Avellaneda? Las razones van más allá del hecho de que como parte del canon de la literatura de habla hispana ella es una autora legitimada y convertida en un clásico. Pero estas razones justamente tienen que ver con esa inserción de la camagúeyana en nuestro panteón literario. Como nos anuncia Méndez en su introito, con gran acierto denominado, “la sombra de la augusta Avellaneda”, a la escritora compartida por España y cuba (como José María Heredia, por México y Cuba), se le ha defendido quizás tanto como se le ha atacado. La resistencia de su obra, su perdurabilidad, el hecho de que  volvamos a ella,  que en el siglo XXI un autor como el poeta Roberto Méndez la seleccione como objeto de su estudio, y que este discurso encuentre un espacio necesario en el libro premiado, es la evidencia de que lo clásico en Avellaneda, es precisamente esa condición productiva, incitadora, polémica, que impulsa a quien la lee a ir más allá de su biografía, aunque nunca pueda prescindirse del todo de ella.  

Con toda razón Méndez de inicio apunta cuáles han sido las principales objeciones a la obra de la escritora “religada a la tradición castellana [y] tan esencialmente cubana” (p.27). Estos reparos son tanto de carácter estilístico y de carácter político, como aquellos relativos a su condición femenina. En un examen exhaustivo de la  bibliografía crítica, a veces con santa indignación pero siempre con respeto, Méndez coloca y recoloca los juicios que desde los contemporáneos de la autora, hasta los nuestros,  se han aproximado a su obra, para alabarla o para demonizarla. Así, de Valera a Menéndez y Pelayo, de Gallego a Chacón, de Martí a Cintio Vitier, el autor traza un recorrido que atañe tanto a la obra de Avellaneda como a la historia literaria de España y de Cuba, un trayecto que  traza el perfil de los contextos  respectivos,  el diseño de las   tensiones y luchas dentro del campo intelectual, entendido, diría Pierre Bourdieu,  como un escenario de luchas por el poder representativo.

El título del libro que hoy presentamos, Otra mirada a la peregrina, alude a dos aspectos: por un lado, a la idea de  una mirada que se añade a las precedentes, por el otro, al hecho de la diferencia, es decir, esta mirada es “otra” en la medida en que difiere de las anteriores. ¿pero en qué difiere esta “otra mirada”? El lugar ocupado por  Roberto Méndez es aquel desde el cual se tiene la posibilidad de abarcar un conjunto poético notable para, en permanente discusión con la crítica y con los referentes culturales, que rodeaban tanto a la obra como a sus exegetas,  elaborar un juicio ni apologético, ni denostador. Su criterio entonces es el  resultado de una lectura atenta, minuciosa, plena de matices y de contrastes,  que combina el interés por lo temático, con el examen riguroso de las formas métricas,  de los procedimientos propios a la versificación. Poeta él mismo, Méndez despliega  sus instrumentos, que son fruto de su conocimiento profundo del oficio, así como del arsenal poético de todos los tiempos. Esto le permite encontrar en la obra de su coterránea, acentos, diálogos,  y revelar tanto afinidades electivas como distanciamientos y abominaciones. El juicio de Méndez hace justicia de forma severa y serena, erudita y laboriosa. Así puede deshacer entuertos como cuando demuestra, que a diferencia de lo que afirmó hace sólo unos años  una respetada profesora estadounidense, es imposible que Heredia haya sido el tutor de Avellaneda, o cuando desmonta la acusación hecha  a la autora, desde un marxismo cubano lamentablemente mal asimilado (y  condicionado por circunstancias afortunadamente dejadas atrás).  

Aun cuando Méndez advierte que stricto sensu no es la suya una aproximación desde el género, su lectura está atravesada por  esa perspectiva, tanto porque hace entrar a la crítica literaria feminista (que ha convertido a la obra de Avellaneda y a su biografía en un “cult object”), como porque él mismo se sirve de los instrumentos de esa modalidad de la crítica literaria más reciente, los cuales emplea con soltura y aciertos, para demostrar, que como afirmara Virginia Woolf, la mente del artista, cuando es genial, combina lo masculino y lo femenino.

De los seis valiosos capítulos que conforman el cuerpo central del libro de Méndez, me interesé, desde la primera vez, en el titulado “aire, sombra, fuente, llama”.

En él, el autor se dedica a estudiar la obra poética de temática religiosa de “la peregrina”,  la menos conocida por escasa divulgación y  (mal)tratada por la crítica. Para el rescate de sus valores intrínsecos, el autor selecciona un método práctico: organiza los textos con un criterio cronológico, al tiempo que los coloca en relación con el momento vivido por la autora, y los hace dialogar con otros textos suyos, como sus cartas al amante esquivo y timorato, el sevillano Ignacio de Cepeda. Pero igualmente, Méndez revela los nexos profundos, conscientes o inconscientes, por contacto genético o por analogías tipológicas, con textos de otros autores de poemas de inspiración religiosa (Chauteaubriand, Lamartine), y sobre todo, la relación intertextual con los sagradas escrituras. Este cotejo, este diseño de tal polifonía, son posibles gracias al conocimiento por parte del autor tanto de la tradición poética europea, como del antiguo y el nuevo testamento. Esta sabiduría se aúna al oficio de un experimentado exégeta, que no sólo introduce al lector al universo de la poesía religiosa de “la peregrina”, sino que traza las coordenadas que la sustentan: -lo singular de sus creencias, lejos de la ortodoxia y del clericalismo dogmático; -el componente estético de su religiosidad; -su sinceridad y su fervor. En este decurso, Méndez además discute el tópico de la poesía mística y demuestra que  la poesía religiosa de Avellaneda es poesía amorosa dirigida a la divinidad, sin olvidar que tula fue “…devota, pero no excesivamente crédula” (p. 265)

A lo largo de su ensayo, Méndez utiliza el término “escritora de frontera”, así, entre comillas, que bien podría haber aparecido como parte del título de su libro. Creo que su texto demuestra a qué se alude con ese calificativo pues Gertrudis Gómez de Avellaneda ha estado colocada en varias fronteras: en la de la nación, –cubana/española; en la del género, –femenina/masculina; en la de la  política, monárquica/liberal; en la de la estética -neoclásica/romántica. Creo que esa condición ambigua y plural tiene que ver con su contexto histórico, con el mundo colonial, con el momento de un incipiente feminismo, pero que esa determinación de la época prefigura el escenario ulterior, así como esas “zonas de contacto” que tanto han interesado al debate teórico de los años más recientes. Esa es otra manera de perdurar: contener el embrión de lo que luego ha de arribar. El libro de Roberto Méndez también se inscribe en esa dimensión.

Palabras de presentación al libro de Roberto Méndez, Otra mirada a la peregrina, 15 de febrero, 2008. XVII Feria del libro.

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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