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Reino dividido: belleza y verdad

Estrella Díaz • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)
 

Fue concebido en Orihuela y nació en La Habana, el Reino dividido, de Amado del Pino, obra que —a manera de puesta en espacio— se mostró el pasado jueves 7 y que recrea el contexto y las contradicciones que les tocó vivir a dos subyugantes figuras de las letras del siglo XX cubano y español: Pablo de la Torriente Brau y Miguel Hernández. 

La escena inaugural de Reino dividido —a cargo del dramaturgo Carlos Celdrán, director de la compañía Argos Teatro— se apoyó en un texto sólido y conmovedor, lleno de alusiones y referencias tan líricas como históricas que van, constantemente, dibujando un momento particularmente concreto: la Guerra Civil Española y, en medio de ella o más bien sumergidos en ella, a un Pablo enérgico, atronador, humano, criollo y a un Miguel sensible, tierno, solidario y contradictorio.  

La sede de Argos Teatro resultó pequeña: el público, apretado en graderías y sillas, disfrutó de las actuaciones de Lieter Ledesma, José Luis Hidalgo, Yailín Rodríguez, Andy Balbosa, Ileana Rodríguez, Gleibis B. Conde, Edith Obregón y el experimentado Pancho García, quienes, obviamente, conminados por Celdrán se apoyaron en algunos movimientos escénicos y elementos audiovisuales que adicionaron, además de originalidad, cierto ritmo a Reino dividido. No puede olvidarse que estamos hablando de una puesta en espacio, es decir, la primera confrontación/encuentro entre texto y público, una práctica cada vez más usual en el actual contexto teatral cubano. 

Pero, más que comentar la puesta, creo, es interesante conocer la opinión de un grupo de prestigiosísimos especialistas que asistieron al alumbramiento de Reino dividido, pieza que nació al calor de la Jornada Hernandiana auspiciada por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau y la Fundación Miguel Hernández, de Orihuela, y que se desarrolla aquí. 

Abelardo Estorino (dramaturgo): “Estoy muy conmovido porque es un texto —aparte de su gran poesía— complejo, lleno de contradicciones como es la vida, como fue la guerra; describe muy bien la situación en España y los personajes están claramente trazados. Todos los que hemos podido disfrutar de este texto, estamos muy entusiasmados.” 

Ana Cairo (profesora de la Universidad de La Habana): “Esta obra, aún en fase de ajuste, es excelente. Es una pieza muy interesante porque recupera algo que está, por ejemplo, en el teatro de Abelardo Estorino y de Virgilio Piñera, que es la calidad del texto dramático, o sea, una literatura dramática. Además, las soluciones escénicas me parecen muy interesantes para transmitir un teatro que es de ideas. Esa es una de las zonas importantes del teatro que no debe de desaparecer. El teatro, también, es una manera de transmisión de ideas y, por lo tanto, la belleza de la palabra es esencial. Me parece que está muy bien conseguida la forma en que a partir de los textos de las dos personalidades a las que se le rinde homenaje —Pablo y Miguel— hay un intento, a través de la psicología de las personas, de tratar de transmitir a las nuevas generaciones el sentido de sus respectivas vidas. Me parece un texto impresionante.” 

Carlos Celdrán (dramaturgo): “Feliz de que este proyecto se haya logrado materializar. Ha sido un proceso riesgoso porque es un texto difícil que trabaja sobre lo lírico, a veces, más que lo dramático y, a veces, más lo narrativo que lo puramente teatral. Ha sido navegar por muchos estilos para lograr una teatralidad. Creo que ha sido muy lindo porque se ha logrado como un concepto de cantata. También esta obra promueve el debate de ideas, el debate ideológico, del destino del artista, del sentido de la historia. Es como una gran coral donde confluyen muchas cosas y, creo, ese fue el destino final que tomó la puesta en espacio de Reino dividido.”  

Omar Valiño (crítico teatral): “Me pareció bellísimo, aún estoy emocionado —a riesgo de ser cursi— desde el corazón, pero también desde la racionalidad porque encuentro que Amado ha realizado un gran trabajo literario al poner su escritura en función de Miguel Hernández, de Pablo de la Torriente Brau y de toda esa enorme generación que está en la obra. Casi pensando en voz alta, me parece que es un texto que pinta muy bien la época tanto en sus bellezas, como en sus contradicciones y lo hace desde una gran contemporaneidad. Sus debates son actuales y la humanidad de los personajes es eterna. Una de las cosas que más me emociona es lo a contracorriente que está este texto, ¿por qué no decirlo? en términos ideológicos, en términos de una defensa de cosas que se puso de moda atacar y no defender. Encontrar que pueden subir a la superficie, legitimarse ante la gente y emocionar. Es un tipo de trabajo que no está de moda en el teatro contemporáneo cubano en términos de lenguaje, en términos de visitación a personajes históricos, pero de lo que Amado sale, absolutamente, bien parado. Me parece que puede ser, también, una enseñaza en el sentido del momento en que esta obra rescata un tipo de visitación histórica desde el teatro.” 

Pancho García (actor): "Es algo muy hermoso y me parece que Amadito ha logrado uno de sus mejores textos y eso lo digo tranquilamente. Y no solo eso, sino cómo logra darle a un tema del que se ha hablado tanto, un enfoque tan desprejuiciado, tan contemporáneo, y concebirlo de una manera en que puedes visualizar y personalizar. Los actores que hemos trabajado lo hemos hecho con mucho amor porque, realmente, valía la pena. Pienso que es una valoración de toda esa etapa que, por supuesto, incluye a Pablo y Miguel de una forma incalculablemente bella. Este texto, más que una puesta convencional, creo, debe montarse como una cantata."  

Osvaldo Cano (crítico): "Es un texto exquisito y que constituye un giro en la dramaturgia de Amado que ha estado muy vinculada con la cubanidad sin con ello querer decir que esta no lo esté también. La obra anterior de Amado ha estado más vinculada a la vibración de la sociedad cubana actual o al momento en que ha escrito cada una de sus obras. Reino dividido es un texto mucho más memorioso, mucho más hacia el recuerdo que le debe bastante al Estorino, de Milanés; al Estorino, de Vagos rumores que, a su vez, le debe a Luigi Pirandello y a Bertolt Brecht, es decir, que es una vena inagotable de una teatralidad de estirpe, de pedigrí. Todo eso, junto con la cantidad de personajes que aparecen, y el juego teatral intenso que hay en la obra, la exquisitez de la poesía —no solamente del texto citado— sino del propio lenguaje de una prosa poética que el propio Amado ha abordado. Es como un cambio de rumbo, no aparece ya la poesía de la crudeza, sino la poesía de la belleza; eso es lo que aparece en Reino dividido. Creo que es una obra esencial y muy a tono con una vena de la dramaturgia cubana que ha estado intermitentemente produciéndose, que en un momento determinado trabajaron varios de nuestros autores con la figura de poetas importantes. Amado ha retomado esa línea y esta obra es una exploración muy teatral en el sentido del juego, de la multiplicidad de planos, de la utilización de la imaginación, del recuerdo y de personajes que entran y salen constantemente. No por eso deja de estar moviéndose activamente en torno a la opinión de acontecimientos que hoy día nos duelen y que determinan algunos cauces de la sociedad cubana actual. Esta obra tiene un gran sentido de belleza y de verdad que son, creo, dos de sus pilares fundamentales."

 
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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