Año VI
La Habana

2 al 8 de FEBRERO
de 2008

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Entrevista con Juan Carlos Cremata

Un nuevo premio flaco

Paquita Armas Fonseca • La Habana

 

Juan Carlos Cremata no descansa. Día a día trabaja en El premio flaco, su tercer filme de ficción. Esta película, basada en la obra teatral homónima de Héctor Quintero, ha sido rodada con un mínimo de recursos. Su director lo dice, pero a la vez se siente bien de haberlo logrado, como alcanzará otros de sus sueños a pesar de la lentitud que endosa a quienes deciden sobre sus proyectos. Por lo pronto, el director de Nada y de Viva Cuba confía en sus fuerzas y la de sus colaboradores para llevar a buen fin, este su tercer largometraje que tal vez pueda verse para diciembre de este año.

¿Por qué El premio flaco en vez de otro de tus proyectos?

La idea de llevar piezas teatrales a la gran pantalla es tan vieja como el cine mismo. Gracias a ello todavía podemos disfrutar, aunque borrosamente, de la imagen de Sarah Bernard y de otros grandes actores. E internacionalmente, es una práctica común el trasladar obras teatrales de las tablas al celuloide, sobre todo y en estos últimos años, las comedias musicales de gran éxito. Cuando un texto o un espectáculo prueba su eficacia con el público, es casi siempre muy aprovechable su traslado de uno a otro medio. En Cuba, desafortunadamente, se dejó de hacer eso hace algún tiempo, no sé por qué; pero El premio flaco siempre ha sido uno de mis más viejos proyectos, desde que estudiaba en la escuela de cine. Recuerdo que muchas veces le hice el comentario a Fernando Pérez de mis intenciones de convertirla en filme. Ahora surgió la oportunidad. Básicamente su acción transcurre en una sola locación, y se daban todas las condiciones para desarrollar una película de muy bajos presupuestos, yo te diría que no es que estemos haciendo cine “pobre”, sino casi miserable, pero la miseria, aunque pueda ser de bolsillo, nunca debe ser de alma y eso tiene que ver con la filosofía de esta obra y al mismo tiempo con la de la creación de esta película. Hemos así utilizado maderas viejas para construir la escenografía, vestuario pasado, sucio, etcétera. Somos la más pobre de las producciones actuales del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), pero eso nos tiene muy contentos, porque no nos ata a las imposiciones que trae consigo siempre el dinero ajeno. Es verdad que no tenemos mucho efectivo, pero somos libres de hacer lo que queremos, sin que venga un productor, desgraciadamente casi siempre foráneo, a imponer su “exótico” punto de vista. Creo que eso redundará en una obra muy cubana, muy nuestra, como es toda la obra del mismo Héctor Quintero. 

¿Cuándo viste por primera vez esa pieza?

En los años 70 yo formaba parte de un grupo de jóvenes actores que pertenecían a Teatro Estudio y que dirigía Ana Viñas, ahí estuvieron mis dos hermanos también, y actores de la talla de Javier González y la inigualable Beatriz Valdés. Por esos días, Héctor Quintero reponía El premio flaco en la sala Hubert de Blanck, y como Ana, nuestra maestra, era parte del elenco, muchas de nuestras clases fueron solamente ir a verla ensayar. Fue sorprendente, casi mágico, ver dirigir a Héctor su propia obra. Enfrentarse a su universo creativo y chocar con las excelentes interpretaciones de una actriz que nunca olvido y que se llamó Elsa Gay, de la misma Ana Viñas, de Elio Mesa, de Anatilde de Paula y de Paula Alí, entre otros. Tan marcado quedé, que ahora en la película he intentado reconstruir muchos de los elementos de ese hermoso recuerdo, la escenografía, por ejemplo, rememora mucho a la que en aquella ocasión diseñó el eximio maestro Eduardo Arrocha. Después la interpreté y la dirigí cuando hacía teatro aficionado, me la aprendí de memoria y de vez en cuando, volvía a ella para repasar su excelente manejo del diálogo y de las situaciones dramáticas, su humor tan criollo, su gracia y de alguna manera todo eso influyó en nuestra visión estética, quiero decir en este y en el resto de todos nuestros proyectos. 

¿Cómo llegaste a conseguir el financiamiento?

Casi ni tenemos financiamiento. Empezamos a tratar de buscar ayuda con productores extranjeros e instituciones “de caridad”, pero al final, solamente el ICAIC respondió a nuestro llamado. Logramos entonces que una casa productora guatemalteca llamada Casa Comal nos facilitara todo el equipo de cámara y de sonido, además de una camarógrafa y el sonidista, y el resto ha sido pedir un poco aquí y obtener un poco de allá. Muchos amigos que viven fuera de Cuba nos ayudaron a conseguir algunas cosas, pero de dinero, nada. Es verdaderamente un cine de muy bajo presupuesto pero con muchas ganas de hacerse; se depende de los caprichos de los coproductores extranjeros y es lo que, casi siempre, proporciona esos sandwiches que llaman coproducciones.

¿Por qué Rosa Vasconcelos en el papel de Iluminada? ¿Y Carlos Gonzalvo, en una vena no humorística?

Soy de los que piensan que todo lo que sucede conviene y no hay mal que por bien no venga. Aunque teníamos en nuestros planes iniciales trabajar con María Isabel Díaz Lago en ese personaje, precisamente la falta de presupuesto y de condiciones nos hizo desechar la idea. Yo conocía de vista a Rosa en el teatro, ella pertenece a Teatro El Público, donde generosamente su genial director Carlos Díaz, me abrió las puertas el año pasado, para dirigir, y sabía que ella tenía muchas potencialidades, mucha fuerza, además de las características físicas del personaje. Empezamos entonces a trabajar para el encuentro con su Iluminada Pacheco. Reto enorme sabiendo que le antecedían el éxito desbordante de Candita Quintana en el estreno, mis recuerdos imborrables de Elsa Gay y la magistral actuación que ofreciera Martha del Río en la reposición que se hizo en el Teatro Nacional, pero Rosa asumió el desafío con mucha disciplina e inteligencia y ahora nos sorprende que el propio Héctor Quintero se maravillara de ver también en ella, a la Iluminada que escribió cuando solo tenía 22 años. Fue así que al asumir a un rostro desconocido por el público, como protagonista, nos diéramos a la tarea de cambiarle la faz al resto de los personajes, incluso aunque fueran encarnados por actores un poco más conocidos. Y fue de esta manera que apareció Carlos Gonzalvo. Inicialmente yo había pensado en trabajar con Ulises Toirac, él me ofreció en las pruebas que le hice, matices insospechables, tiene madera de actor dramático, es muy bueno, y me enseñó detalles que ni siquiera imaginaba en el personaje de Octavio, pero luego de su prueba, llegó Carlitos Gonzalvo y en cinco minutos me mostró lo mismo y mucho más. Y a Ulises, la verdad, es que me era mucho más difícil cambiarle el rostro. Carlitos, sin embargo, ya me había asombrado con su singular y fina interpretación de Germán Pinelli en El Benny,  sabía que podía cambiarle la apariencia. Él hizo suyo el personaje de Octavio de tal manera, que empecé a comprender los motivos de su maldad y a quererlo, lo humanizó de tal forma que no creo que nadie más pudiera haberlo hecho igual. Tiene un brillo en los ojos muy especial y eso la cámara lo agradece, (también Rosa tiene unos ojos singulares), además de que trabajar con él es una fiesta. Es una persona muy creativa, muy responsable, muy disciplinado y sobre todo, muy jodedor. Yo soy fan a su programa en televisión y ojalá la vida nos junte de nuevo, pues he aprendido a quererlo y a respetarlo mucho más. Creo que es un gran actor y que lamentablemente la gente lo ha encasillado solo en sus interpretaciones humorísticas televisivas, pero tiene un registro tremendo y dará mucho que hablar. Lo demás, fue ajustarlos a los otros personajes, equiparar tonos, acomodar los textos a las maneras de decir de cada uno y unificar al resto del elenco. Alina Rodríguez y Blanca Rosa Blanco, a pesar de haberse incorporado tarde a los ensayos y a la preparación del filme, encajaron en sus personajes en la medida exacta, parecen escritos especialmente para ellas. Luis Alberto García nos regaló una actuación especial, en un papel que supo bordar hasta en sus últimos detalles, no podría ser de otra manera con un actorazo como lo es él, Osvaldo Doimeadiós es hoy por hoy un actor irrenunciable en cualquier proyecto, le cambiamos la apariencia y será difícil reconocerlo, está divino. Y Paula Alí, divertida, como siempre, también se prestó al juego e hizo de su Carmelina uno de los personajes más simpáticos de esta entrega y de todo el rodaje. A todo eso se une el talento de jóvenes pero prometedores actores, como Yerlín Pérez, Sandy Marquetti, Yadier Fernández, Heidy González, el simpar Omar Franco, los cuatro niños que nos apoyan, ofreciendo interpretaciones tremendamente naturales y la aparición, casi al final de la película, de un rostro nuevo y fresco con la presencia del joven talento Ale Halley, una cara como para no olvidar. 

Repites la codirección con Iraida, ¿por qué?

Repetiré siempre que pueda. Ella no es solo mi madre, sino también mi consejera en todo, mi guía espiritual, es como un hada que está detrás de mí cuidando cada detalle y si hay niños mucho más. Es una gran defensora de los derechos de los más pequeños y no descansa porque los respeten, los atiendan y los cuiden. Es una bendición divina ser su hijo y aprender de ella no solo todo lo que he aprendido en arte, sino sobre todo valores humanos inapreciables, incalculables, prístinos e imperecederos.  

¿Para cuándo se estrena según tus cálculos?

Si todo sale bien, quisiéramos estrenarla en el próximo festival ICARO que se realice en Guatemala, es un compromiso y estamos hablando con ello del próximo noviembre, es decir entonces, que si el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano nos acepta, la estaríamos estrenando en Cuba para la próxima edición de ese importante y magno evento cinematográfico. 

¿Qué esperas de este, tu tercer largometraje de ficción?

Que me permita hacer un cuarto y un quinto y un sexto y todos los demás proyectos que tengo en mente. Para mí, el mayor premio es, precisamente, la posibilidad de realizar mis sueños, de trabajar sin descanso. Disfruto tanto lo que hago, que estaría trabajando en todo momento y de hecho lo estoy haciendo todo el tiempo. Mientras he estado filmando, no he dejado de ensayar mi próximo estreno teatral con Teatro El Público: El frigidaire, de Copi y planifico calladamente otra incursión cinematográfica, un poco más alternativa, un poco más independiente y todavía con mucho menos dinero y mucho menos apoyo oficial, escribo otras películas, proyecto otras puestas en escena y detesto las vacaciones. Ya esbozo un largo animado para hacer en conjunto con La Colmenita, esa maravillosa “escuela de vida” que dirige mi hermano Carlos Alberto, basado en El pájaro azul, de Maeeterlinck, que se llamará El que quiera azul celeste… y sueño con llevar a escena próximamente El malentendido, de Albert Camus y Doña Rosita, la soltera, de Lorca.

Le he dejado caer a Héctor Quintero que si esta experiencia resulta, me encantaría  poder llevar también al cine Contigo, pan y cebolla. Claro,  nuestras instituciones no siempre funcionan con toda la celeridad que quisiéramos los creadores y a veces tenemos que pasar por encima de trabas. Pero de todas formas   estoy lleno de proyectos y en cuanto tengo una oportunidad, me saco de debajo de la manga el apropiado para la situación planteada. Por ahí todavía están esperando Nadie y Nunca (la segunda y tercera parte de la trilogía iniciada con Nada) y Candela, un musical que hubiera sido maravilloso y más ahora que los musicales están poniéndose cada vez más de moda.

¿Hay esperanzas para Hombres sin mujer?

Hombres sin mujer es mi proyecto más acariciado, más ambicioso y soñado. Su guión ya está escrito y tengo hecho un enorme casting, así como estudiadas todas sus locaciones. He hecho esfuerzos increíbles porque me permitan realizarla, incluso hasta llegué a colarme varias veces en la antigua cárcel de la Habana, en El Príncipe, que es ahora, una unidad militar, pero desafortunadamente los derechos de esa formidable novela no están en Cuba. Y los herederos de Montenegro no comprenden la importancia que tiene el que esa obra sea llevada al cine y divulgada  aún más. Es una obra monumental de nuestra literatura y yo sigo intentándolo una y otra vez. Cada cosa que hago y haré, es en nombre de poderlo alcanzar y solo cuando lo logre podré “descansar en paz”, si es que descanso, porque como ya te dije, el descanso no me interesa. 

¿Cuáles han sido las últimas presentaciones de Viva Cuba en festivales?

Nos sigue dando satisfacciones. A finales del pasado año estuvimos con ella en el Encuentro de Cineastas Latinoamericanos de Monterrey, en México y participamos, como invitados especiales, en el Festival Internacional de Cine de Dubai, en los Emiratos Árabes. Este año se espera su salida al mercado en DVD en Francia, su estreno comercial en Venezuela y sigue admirando a muchos y encantando a todos. Sin embargo, y a pesar de haberse casi agotado su venta en DVD en Cuba, y siempre ser solicitada, no se ha hecho ninguna otra edición. En la tienda del Hotel Nacional no dejan de venderla y ya la tiene agotada. Curiosamente, nunca la sacaron en el aeropuerto y eso hasta habría sido  bueno. Si sacaran Viva Cuba en una mayor distribución, estoy seguro de que muchos padres intentarían comprarla, porque casi todos los niños que conozco, la quieren tener. Me siguen lloviendo peticiones de copias tanto nacional, como internacionalmente, (con el obtenido recientemente en Moscú, ya tiene 35 premios)  y se me acerca mucha gente a agradecernos que se haya hecho una película así, que curioso, en su momento, muy pocos fueron los que nos apoyaron, pero cada día le agradezco más al segundo en que se nos ocurrió realizarla. A esa linda película le debo mucho, sobre todo el cariño de la gente, y más que nada, el de los niños.

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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