En
1928 Ramón Guirao y José Zacarías Tallet publicaron, respectivamente, los poemas
“Bailadora de Rumba” y “La rumba”. Mientras el primero admiraba la sensualidad
de una rumbera, el segundo intentaba representar los pasos y los ritmos de este
baile: “Hasta el suelo sobre un pie se baja/ y da una vuelta José Encarnación”.
(Ruiz del Vizo, 44-45). Y poco más adelante tenemos el ritmo y el sonido de
chekereré, “¡Chaqui, chaqui chaqui, charaqui!”, el del quinto,
“¡Piqui-tiqui-pan, piqui-tiqui-pan!”, y el del cajón de bacalao, “¡Pa-ca, pa-ca,
pa-ca, pa-ca!/ ¡Pam! ¡Pam! ¡Pam!”. Más importante aún, en su poema Tallet
intenta reproducir la totalidad de la rumba: música, baile, canto y atmósfera
general. Con Tallet, la rumba entra en la literatura tridimencionalmente.
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El fragmento pertenece al
texto Música y literatura en el caribe
de Antonio Benítez-Rojo publicado en Amherst College, Massachussets.
Las fotos muestran a Don Pancho Ferry,
maestro del chekereré en el mundo.