|
Un
día para trovadictos fue el viernes 30
de noviembre. Para los que no nos
cansamos de apostar por una canción de
pensamiento en tiempos en que la
reiteración mediática privilegia géneros
banales envueltos en fanfarrias
luminosas, esta jornada representa tanto
un triunfo, como una satisfacción.
Una guitarra, un buen amor,
fue el lema bajo el que se decidió
homenajear el Aniversario 35 del
Movimiento Nacional de la Nueva Trova,
tributo además a Noel Nicola, uno de sus
principales fundadores, ya desaparecido.
Este fue el pretexto principal con el
que distintos lugares de la céntrica
Avenida 23 del Vedado y la Universidad
de La Habana fueron llenándose desde la
mitad de la tarde de un público diverso
y cuantioso, ávido de encontrarse con la
canción.
Entre
las actividades se desarrolló un foro
interactivo; un panel teórico sobre las
relaciones entre trova y nación, donde
participaron importantes investigadores
como Lino Betancourt y Joaquín Borges
Triana; se ofreció la oportunidad sui
géneris de que los asistentes
pudieran llevar a sus casas en cualquier
formato digital los discos de varios
trovadores de forma gratuita; se
presentaron discos, libros y cancioneros
vendidos en moneda nacional; se
proyectaron documentales y, finalmente,
la descarga tomó los espacios del Parque
del Quijote, el Pabellón Cuba, el Parque
de los Artesanos en la Rampa, el parqueo
del Coppelia y la Plaza Cadenas de la
Colina, con cantautores de todas edades
y lugares de la Isla, para terminar en
un gigantesco concierto en la escalinata
de la Universidad a partir de las diez
de la noche.
|
 |
Sin
embargo, la ocasión sirvió además como
reafirmación de una actitud a la hora de
asumir el arte. La trova, la que existe
desde Pepe Sánchez hace ya más de un
siglo, constituye una manifestación
consustancial a la identidad cubana, no
importe la sonoridad o el formato en que
se nos presente. Tanto en la manera de
decir de los trovadores tradicionales,
como Miguel Matamoros, Sindo Garay o
María Teresa Vera, en el filin de Marta
Valdés y César Portillo de la Luz, en la
poética renovadora de Pablo Milanés,
Silvio Rodríguez, Noel Nicola, Sara
González o Augusto Blanca, seguidos de
la generación de Santiago Feliú, Gerardo
Alfonso, Carlos Varela y Frank Delgado,
hasta llegar a otros más jóvenes como
Eduardo Sosa, Fernando Bécquer o Rolando
Berrío; existe una continuidad temática
y estilística desde la que se destaca la
pertenencia crítica a su tiempo y su
nación.
Aunque no goce de la difusión que
deseáramos, la trova ha demostrado que
es capaz de ganarse un espacio en el
público, que todavía interesa. Siempre
que se presente con calidad, ajustándose
al momento en que se desarrolla y sin
llegar a hacer concesiones creativas,
los que cultivan esta manifestación
pueden y deben convertirse en esa otra
opción tan necesaria de ver en nuestros
medios.
Una
prueba tanto de la virtud en el quehacer
de los más jóvenes trovadores, como de
la intención de crear alternativas y
mercados para este tipo de música,
constituyeron los cinco discos
presentados el propio día 30 en el
portal del cine Yara. Distintas casas
editoras nacionales dieron aparición a
Cubano por donde tú quieras, de
Fernando Bécquer; De cero, de
Diego
Gutiérrez;
Medio lento, de Ariel Barreiros;
Eduardo Sosa,
de este trovador santiaguero y
Coordenadas, de Pavel Poveda.
Si
bien el escenario pudiera ser el lugar
idóneo en que se ubica la labor creativa
de Fernando Bécquer al lograr una
espontaneidad y comunicación especiales
con el público, el primer fonograma de
este trovador habanero confirma también
su eficacia musical e interpretativa.
Con el auspicio del sello Bis music y la
excelente producción y arreglos
musicales de Emilio Vega, Cubano por
donde tú quieras ofrece una amalgama
de sonoridades donde la pertenencia a la
más rica tradición nacional gana
primacía. La cotidianidad, el lenguaje
claro y jocoso, el doble sentido
heredado de antecesores como Ñico
Saquito o el Guayabero, unidos todos a
una hondura de pensamiento evidente en
temas como El son de María y Manolo,
Necesito, Tiempos o
Especdrum; caracterizan la obra de
Fernando Bécquer y lo colocan junto a
este disco en un más alto escalón
artístico ya imprescindible de mantener.
Igual
sucede con las propuestas del
villaclareño Diego Gutiérrez y el
cienfueguero Ariel Barreiros. Ambos con
un trabajo de ya varios años, recogen en
sus producciones respectivas una
síntesis de lo mejor de sus carreras.
De cero, aparece con el sello
Unicornio de los estudios Abdala y
cuenta con la producción musical de
Elmer Ferrer. Tal vez por esta razón se
note la influencia roquera y de la
música electroacústica en varios de los
temas del disco, si bien llegan a
ajustarse con el estilo del cantautor,
uno de los integrantes de ese grupo
fantástico reunido en torno a la
Trovuntivitis en Villa Clara.
|
 |
También del centro de la Isla, Ariel
Barreiros constituye hoy uno de los
trovadores con mayor profundidad poética
en sus temas. Así se hace ver en
Medio Lento, de la EGREM, título que
recuerda esa paz sin apresuramientos en
que se envuelven sus canciones, mezclas
de un lenguaje tierno y a veces hasta
ingenuo en temas como Niña o
Mi novia y yo, este último, omisión
a mi juicio inexplicable en su primer
disco con una editora oficial.
Pavel
Poveda es otro de los trovadores de esta
reciente promoción con un amplio
decursar en esta manifestación de lo que
dan fe Coordenadas y en sí mismas
sus canciones, donde se aprecia la
búsqueda y reafirmación de sus raíces.
Es justo destacar además en este
cantautor su trabajo como promotor de
otros colegas desde la Asociación
Hermanos Saíz, que en los últimos meses
lo ha llevado a impulsar el proyecto
Verdadero Complot el cual ha dado la
oportunidad a trovadores jóvenes de toda
la Isla de efectuar un concierto en el
Centro Hispanoamericano de Cultura y
grabarlo en un disco distribuido
posteriormente.
|
 |
En el
caso de Eduardo Sosa se hace justo
realizar un paréntesis en positivo, pues
nos encontramos ya con un artista que ha
llegado a una madurez, patentizada en la
propia presentación cuando un público de
todas las edades se fue acercando para
no dejarlo marchar del escenario
pidiéndole más canciones y luego más y
más autógrafos. Retoño del monte
santiaguero, Sosa comenzó su trabajo
como parte del dúo Postrova con quien
grabó un par de fonogramas. Luego de su
desintegración, se ha dedicado a
edificar una carrera en solitario que
gana cada vez mayor solidez,
caracterizada tanto por sus
excepcionales condiciones vocales e
interpretativas, como por una manera de
componer en las que se unen la frescura,
la calidez, la sensibilidad, la poesía y
los principios, declarados en esa gran
canción que es “A mí me gusta, compay”
de Eduardo Sosa, de Producciones
Colibrí, resulta su primer disco en
solitario con una editora nacional y
está avalado por la producción y
arreglos de Roberto Carcassés así como
por la participación especial de Silvio
Rodríguez con quien comparte el tema
“Era miel”. Un disco para el disfrute,
prueba no solo de hasta dónde ha llegado
Eduardo Sosa, sino del profesionalismo
con que asume y ampara su trabajo.
Cada
uno de estos discos es muestra de la
provechosa salud de la trova actual y
sirven para desmentir los argumentos que
la deslegitiman apelando a su falta de
calidad o a su reiteración de patrones
anteriores. Todos estos trovadores
corresponden a poéticas diversas,
incluso en cuanto a su pertenencia
geográfica y constituyen solo una parte
de los que componen su generación. El
hecho de que aparezcan estos discos, es
también prueba de la intención por parte
de algunas instituciones de impulsar
mucho más esta manera de hacer, siempre
que se acompañe de una autenticidad y
profesionalismo verdaderos.
No se
trata de deificar la trova, sino de
ponerla en su justo sitio. Como quedó
claro el pasado viernes, existe un
cúmulo de personas en esta Isla que
gustan de esta manifestación y que
muchas veces no la solicitan más porque
no conocen sus trabajos recientes.
Iniciativas como esta requieren
repetirse y sistematizarse, mas no con
el entusiasmo enceguecedor, válido para
esta primera vez, sino con una actitud
reflexiva que ofrezca cada vez un
espectáculo más organizado, creativo y
coherente; como merecen tanto los
trovadores como aquellos que reciben su
obra. Que es posible y existen las
voluntades, no nos pueden quedar más
dudas.
Por
lo demás, prefiero terminar con aquellos
versos en respuesta a los que dicen que
la trova ha muerto: “que vivan los
trovadores, que la trova es inmortal”.
|