Año VI
La Habana

17 al 23 de NOVIEMBRE
de 2007

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Palabras de presentación

El infinito rumor del agua

Amaury Pérez Vidal • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

GALERÍA DE IMÁGENES DE LA PRESENTACIÓN

 

A principios de los setenta y aún después (estas son fechas que están ya más cerca de la edad media que de los tiempos que corren) entre mis pasatiempos favoritos, porque en esos años eran pasatiempos, coexistían, en armonioso maridaje, la música, el cine, los amores y por supuesto la literatura. Con dieciocho años ya escribía canciones y me atrevía a cantarlas (las hacía desde los quince) y había leído tanto que la hipermetropía alcanzaba límites preocupantes para mi madre y los oculistas de turno que incrustándome en el rostro unos pesados lentes de armadura checoslovaca apachurraron mi nariz desviándome el tabique. Por esa época conocí e intimé, gracias a Yeyé Santamaría, madrina inolvidable, y a Silvio Rodríguez, con escritores de la talla de Mario Benedetti, Roque Dalton y García Márquez por citar solamente a tres de los inspiradores seres que me acompañaron en aquellos años de descubrimientos y asombros, pero un hecho condujo al otro y de repente estaba yo, con una guitarrita de madera mal pulida ofreciendo mi primer concierto en la UNEAC. Debe haber sido a finales del setenta y uno o principios del setenta y dos porque recuerdo que había frío y mis dedos se congelaban ante la mirada de los co-auspiciadores de aquella experiencia primera. Además de los arriba mencionados, me custodiaron en la aventura del debut, Nicolás Guillén, Fayad Jamis, Otto Fernández, el Maestro Eguren, Roberto Branly, los hermanos Francisco y Pedro de Oraá, Eliseo Diego, Luis Marré, Adolfo Martí, Jesús Orta Ruiz y Wichy Nogueras, entre otras eminencias de las letras nacionales  y es por eso, o tal vez también por eso, que 35 años después de aquel cálido encuentro, el hecho de que mi primera novela se publique bajo el sello que rotuló y amparó la obra de mi eximio público de entonces, no deja de estremecerme.

Yo podría contarles la historia del nacimiento del libro. La idea de la novela, como lo cuento por ahí, surgió en Caracas en 1991. Cuando falleció Teté la tía materna de Petí, mi compañera de los mil claveles, nosotros viajamos a Venezuela, su familia tiene un apartamento en Caracas donde nos hospedamos una semana, en la primera noche y solos, Petí decidió revisar cajones, armarios, despensas, entrepaños y gavetas en busca de señales de su tía Teté y su madre Lita, también fallecida recientemente, y el paso de ambas por este mundo. Solícito la ayudé en la empresa asumida con expectante empeño y encontramos dos tesoros de incalculable valor: una correspondencia donde su madre y su tía emigrada se comentaban los asuntos del diario (tres cartas semanales durante 27 años) como quien sostiene una conversación trivial a la caída de la tarde y una botella de Whisky Johnnie Walker etiqueta negra polvorienta y añejada de la que di cuenta en cuatro horas mientras ella llorosa y emocionada me leía las cartas hasta la madrugada. Así surgió la idea de la novela, pero no fue hasta muchos años más tarde que acometí la faena. 

El infinito rumor del agua combina facetas inherentes a mi personalidad: humor negro, realismo mágico, costumbrismo, tragicomedia, lirismo, ironía, disparate y fantasía. Todos los personajes forman parte de mi imaginario, la historia de Lita y Teté y los “tesoros caraqueños” sólo fueron el detonante. 

Podría además nombrar aquí los agradecimientos de rigor, pero los incluí en el volumen, es una larga lista, tan larga como los que amo, lo sé, y no están todos advierto, recuerdo a los estoicos que me soportaron leyéndoles las decenas de versiones de la novela en vivo o por teléfono intentando hacer de la lectura una novela radial. También podría contárselas, estoy seguro que sería más entretenido, nos divertiríamos como locos y no se gastarían un centavo, pero no me parece oportuno, esto es un lanzamiento, se trata de vender libros y más tarde leerlos si acaso, y además Olga Marta y Thelma de Ediciones UNION me arrancarían el corazón sin que se les moviera una pestaña.

El infinito rumor del agua se terminó de escribir en el 2004 y ve la luz a finales del 2007, como verán su edición no ha sido un proceso, digamos, expedito, esperé con paciencia, como muchos otros escritores, que nuestro país contara con los recursos necesarios para publicarlo y ahora estoy feliz.

Esta es una obra sobre la amistad, el amor, la pureza, la distancia, el recuerdo, la lealtad, la fidelidad y la familia, también es un homenaje a dos ciudades que amo, La Habana, aquí nombrada San Cristóbal del Caribe y Nueva York. La mezquindad no encuentra abrigo ni estimula hiel en las páginas de este libro. Ojalá esta novela halle cobijo en vuestros corazones como arropó el mío. Ya está a punto la segunda, como saben, soy inapresable e indetenible.                           

Muchas gracias. 

Palabras en la presentación de la novela El infinito rumor del agua.
Jornada de Clausura del Festival Universitario del Libro y la Lectura (FULL).
La Habana, 17 de noviembre de 2007.

 

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600