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“México, una segunda
patria
musical para los
cubanos”
Rosendo Ruiz Quevedo
En
México al burro se le llama Bartolo. Por
eso la gente se burlaba allí del nombre
de aquel mulato largo y flaco como una
vara, que con un pañuelo rojo y un
sombrero de guano, salía a la escena con
el grupo de Miguel Matamoros. Pero
después que el tal Bartolo comenzaba a
cantar, los aplausos eran apoteósicos.
Los
mexicanos no conocían a un intérprete
como Benny Moré, único cuando cantaba
son, rumba, bolero, guaracha, o
guaguancó. Entonces no se llamaba Benny,
sino Bartolo, aunque ya era el mismo
Bárbaro del ritmo que luego conquistara
a Cuba y al mundo.
Guapetón como era, a Bartolomé
Maximiliano Moré —más conocido como
Bartola—, no le hacía gracia alguna que
se rieran de su nombre en México, y como
quería probar fortuna en aquel
escenario, no lo pensó dos veces cuando
alguien le sugirió cambiar su nombre,
pero ¿cuál escogería?
“Para
eso nos reunimos en el restaurante Lido,
donde cenábamos de manera habitual, y
Benny, todavía Bartolo, metió en un
sombrero 20 papelitos en los que
escribió diferentes nombres.
“Cualquiera de ellos podría ser el que
adoptara, pero él mismo sugirió que el
del último papelito fuera su nombre
artístico. Y, casualidades de la vida,
resultó Benny.”
Quien
contó esta historia al periodista y
amigo Rafael Lam, fue Esther Lafayette,
Karula, una de las legendarias Mulatas
de fuego e integrante del conjunto que
acompañó al Bárbaro del ritmo en su
viaje triunfal a México, en 1945.
Las
presentaciones del Benny con el grupo de
Matamoros fueron muy aplaudidas en el
país hermano, pero una vez cumplido el
contrato, Matamoros decide regresar a
Cuba, mientras el Benny hace gestiones
para quedarse.
Con
la ayuda del bongosero Clemente Piquero,
Chicho, consigue el permiso para poder
trabajar allí como cantante. Al poco
tiempo integra un dúo con Lalo Montané,
e incluso el gerente de la RCH Víctor
mexicana, Rivera Conde, le facilita
grabar discos con algunas orquestas,
como la del cubano Mariano Mercerón, con
la que logra uno de sus primeros
triunfos: la guajira "Me voy pa'l
pueblo", de Mercedes Valdés.
Sin
embargo, el éxito mayor le llega al
unirse con la orquesta del también
cubano Dámaso Pérez Prado. Aquella
conjunción —como reconoce el maestro
Rosendo Ruiz Quevedo— fue consagratoria.
"Bonito y sabroso", "Mucho corazón",
"Pachito e che", "Ensalada de mambo",
entre otros títulos, constituyeron
grandes sucesos musicales.
Son
también los días en el teatro Blanquita,
de la capital azteca, cuando el público,
lleno de frenesí, aplaude el maravilloso
timbre de su voz: "¡pero que bonito y
sabroso bailan el mambo las mexicanas,
mueven la cintura y los hombros igualito
que las cubanas!"
No es
solo su voz lo que fascina, es también
su baile, sus pasillos, su forma de
improvisar. Más de 70 grabaciones y
cerca de siete películas componen el
impresionante quehacer artístico en
México del Benny, quien, no obstante, en
1950 decide regresar a Cuba, y donde por
derecho propio se convierte en uno de
los grandes ídolos de su pueblo.
Poseedor de una personalidad pintoresca
y carismática, aquel guajirito humilde
de Santa Isabel de las Lajas, en la
actual provincia de Cienfuegos, fue un
intérprete y compositor único, a pesar
de carecer de instrucción musical. Se le
considera el cantante más completo de la
música bailable cubana de todos los
tiempos.
Benny
Moré fallece en La Habana el 19 de
febrero de 1963.
Sus
actuaciones en México fueron
prácticamente el comienzo de la vida
artística de ese mito de la música
cubana y latinoamericana, el Bárbaro del
ritmo.
Sobre
los días del Benny en ese país hermano
—al que él tanto quiso—, hay un detalle
muy poco conocido, y que Karula, la
legendaria Mulata de fuego, le contó a
Rafael Lam:
En
México, Benny Moré estuvo a punto de
perder la vida en un accidente, y se
asustó mucho pues antes había sufrido
ciertos percances que para él, dadas sus
creencias religiosas, fueron como un
aviso de que algo malo le podía suceder.
Es
entonces cuando el Benny decide ponerse
un arete, una argollita en la oreja, con
lo que se anticipa así a los hippies y a
mucha gente que hoy día también lo usa.
Tiempo después, Benny depositó ese arete
en el santuario de la Virgen de
Guadalupe. |