Año VI
La Habana

20 al 26
de OCTUBRE
de 2007

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Por el premio “Maestro de Juventudes”

Eduardo Heras León • La Habana
Foto: Kaloian (La Jirbilla)


 

Estimados amigos:

Recibir un premio es, más que cualquier otra cosa, enriquecer una zona de nuestra sensibilidad, estimular una parcela de nuestro espíritu, con el cálido aliento de quienes lo otorgan. Un premio exalta la bondad de los que premian, y concita la modestia de los premiados. Un premio es siempre un homenaje. Y cuando ese homenaje viene de los jóvenes, uno siente que su importancia se multiplica, y recibirlo entonces se convierte en un honor.

Estoy seguro que de todos lo que hoy recibimos este honor están de acuerdo conmigo. Ser llamado “Maestro de Juventudes” por los propios jóvenes es, de alguna forma, culminar nuestras vidas de las manos de los portadores de la savia nueva, de los edificadores del país y la sociedad que soñamos.

Y entonces, en días como hoy, la vida de cada uno de nosotros se proyecta como una sucesión de entrañables momentos, en los que los jóvenes estuvieron presentes, no como recuerdo desvaídos, sino como memoria viva e imborrable.

Hay aquí siete vidas que se movieron siempre, de una u otra forma, al lado de los jóvenes: ¿qué joven en estos largos años duros y magníficos, no se conmovió con la voz y las canciones inolvidables de Pablo Milanés?; ¿quién no aprendió el canto coral escuchando los coros prodigiosos dirigidos por Electo Silva?; ¿quién no apreció los valores del arte teatral con los maravillosos títeres de René Fernández?, ¿qué joven cuando niño, qué niño cuando joven no participó en las memorables cargas al machete con Elpidio Valdés, que fue el regalo de Juan Padrón para las juventudes de todos los tiempos en Cuba?; ¿qué sensibilidad joven no quedó enriquecida para siempre con las tiernas, mágicas figuras que pueblan los cuadros de Pedro Pablo Oliva?; ¿qué joven no se desordenó leyendo los fulgurantes y apasionados poemas de esa gran dama de la poesía y eterna maestra que es Carilda Oliver Labra? ¿Y de mí, qué decir, sino que casi 50 años después de convertirme en maestro, mi vocación sigue intacta y se renueva cada día al contacto con los jóvenes?

Así, sabiéndolo o no, hemos sido maestros. Pero estoy absolutamente seguro de que además de maestros, hemos sido a la vez, y seguiremos siendo, en ese renovador contacto de cada día, alumnos de los jóvenes: de ellos aprenderemos siempre espíritu de rebeldía, entusiasmo permanente, alegría, pasión y generosidad.

Entonces, queridos jóvenes amigos, celebremos en este día, no sólo el honor que nos hacen al designarnos Maestros de Juventudes, o el XXI aniversario de la Asociación Hermanos Saíz, que tanto nos honra con este premio, sino también la oportunidad de seguir junto a ustedes, por los caminos de la Patria, entonando la canción del futuro.

Gracias.                  

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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