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Estimados amigos:
Recibir un premio es, más que cualquier
otra cosa, enriquecer una zona de
nuestra sensibilidad, estimular una
parcela de nuestro espíritu, con el
cálido aliento de quienes lo otorgan. Un
premio exalta la bondad de los que
premian, y concita la modestia de los
premiados. Un premio es siempre un
homenaje. Y cuando ese homenaje viene de
los jóvenes, uno siente que su
importancia se multiplica, y recibirlo
entonces se convierte en un honor.
Estoy seguro que de todos lo que hoy
recibimos este honor están de acuerdo
conmigo. Ser llamado “Maestro de
Juventudes” por los propios jóvenes es,
de alguna forma, culminar nuestras vidas
de las manos de los portadores de la
savia nueva, de los edificadores del
país y la sociedad que soñamos.
Y entonces, en días como hoy, la vida de
cada uno de nosotros se proyecta como
una sucesión de entrañables momentos, en
los que los jóvenes estuvieron
presentes, no como recuerdo desvaídos,
sino como memoria viva e imborrable.
Hay aquí siete vidas que se movieron
siempre, de una u otra forma, al lado de
los jóvenes: ¿qué joven en estos largos
años duros y magníficos, no se conmovió
con la voz y las canciones inolvidables
de Pablo Milanés?; ¿quién no aprendió el
canto coral escuchando los coros
prodigiosos dirigidos por Electo Silva?;
¿quién no apreció los valores del arte
teatral con los maravillosos títeres de
René Fernández?, ¿qué joven cuando niño,
qué niño cuando joven no participó en
las memorables cargas al machete con
Elpidio Valdés, que fue el regalo de
Juan Padrón para las juventudes de todos
los tiempos en Cuba?; ¿qué sensibilidad
joven no quedó enriquecida para siempre
con las tiernas, mágicas figuras que
pueblan los cuadros de Pedro Pablo
Oliva?; ¿qué joven no se desordenó
leyendo los fulgurantes y apasionados
poemas de esa gran dama de la poesía y
eterna maestra que es Carilda Oliver
Labra? ¿Y de mí, qué decir, sino que
casi 50 años después de convertirme en
maestro, mi vocación sigue intacta y se
renueva cada día al contacto con los
jóvenes?
Así, sabiéndolo o no, hemos sido
maestros. Pero estoy absolutamente
seguro de que además de maestros, hemos
sido a la vez, y seguiremos siendo, en
ese renovador contacto de cada día,
alumnos de los jóvenes: de ellos
aprenderemos siempre espíritu de
rebeldía, entusiasmo permanente,
alegría, pasión y generosidad.
Entonces, queridos jóvenes amigos,
celebremos en este día, no sólo el honor
que nos hacen al designarnos Maestros de
Juventudes, o el XXI aniversario de la
Asociación Hermanos Saíz, que tanto nos
honra con este premio, sino también la
oportunidad de seguir junto a ustedes,
por los caminos de la Patria, entonando
la canción del futuro.
Gracias. |