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¿Qué es Caliban?, ¿un símbolo? ¿Solo
para América Latina?
(Jiménez Jiménez)
Caliban es uno de los nombres posibles
de aquel que reivindicando su ser,
también quiere defender un estar en el
mundo.
Por ello, es un símbolo. Pero no solo.
Él da nombre a una realidad que él mismo
no ha "inventado". Caliban no es causa,
sino el nombre de una consecuencia.
Desde ese punto de vista es el rostro
visible de un cuerpo enorme, que existe
no solo en América Latina, sino en
cualquier geografía. Pienso ahora
particularmente en Iraq, donde Caliban,
con nombre árabe, defiende su vida y,
lo que viene a ser lo mismo, su cultura.
¿Caliban fue tan solo resultado del
entusiasmo de un intelectual joven
viviendo los años primeros de la
Revolución, del cambio lleno de
esperanzas y efervescencias o algo más?
(Elicer Domínguez,
Ecuador)
Sospecho que por ese entusiasmo de
"escritor joven" han de pasar todos
aquellos, escritores o no, que quieran
tomar conciencia de una situación, y no
darla por hecho como un producto de la
naturaleza.
Retamar tenía poco más de 40 años al
escribirla, pero su entusiasmo parece
más bien una toma de posición, una
ideología.
Martí tenía la misma edad al escribir
"Nuestra América", y dudo que ese empeño
de él pueda ser calificado apenas de un
entusiasmo.
Ciertamente, me resultan muy
interesantes, y atractivos los
entusiasmos que conducen, como decía el
Che Guevara, a "pensar con cabeza
propia".
América Latina (A. L.) en la evolución
de sus imágenes de representación ha
dado como fruto poderosas metáforas
nucleares en torno a las que hemos
vivido y actuado. Primero fuimos Ariel,
luego Caliban ¿Caliban sigue siendo una
imagen ideal de la resistencia cultural
de A. L. o representa el encerramiento y
la falta de comunicación con el otro? Si
Caliban nació con el proyecto político
cubano de los 60', ¿la decadencia de
este lo haría inoperante en el siglo XXI?
¿A qué nuevas metáforas podríamos
aspirar para renovar la esperanza sin
hipotecar los sueños en proyectos
inviables socialmente?
(Kevin Sedeño Guillén)
Caliban es la vindicación de la
legitimidad de la diferencia "civilizatoria".
Como símbolo, recupera la idea de Martí
acerca de que el verdadero conflicto no
se sitúa entre la barbarie y la
civilización, sino entre la falsa
erudición y la naturaleza. Pero
"naturaleza" en Martí tiene una
connotación diferente a su acepción
"biológica": se trata de la legitimidad
de diferentes opciones civilizatorias.
Quiere decir, a diferencia del
multiculturalismo al uso, que privilegia
el reconocimiento de la diferencia
"cultural", con Caliban se está
reivindicando la legitimidad de la
diferencia también desde el ámbito
económico y sociopolítico. América
Latina necesita la resistencia
"cultural", pero en el más amplio
sentido: la resistencia a los paradigmas
que la han arrojado a su situación
actual a más de 500 años de su
"descubrimiento".
Desde los años 60, la teoría de la
dependencia, entre otras, habían
demostrado que el subdesarrollo era el
tipo de desarrollo que podía tener
América Latina, que el subdesarrollo no
era una etapa, sino una condición del
mantenimiento de la condición de
desarrollados para los países que
conquistaron ese status. Por
ello, Retamar, desde 1966, ha venido
proponiendo llamarles a estos países "subdesarrollantes",
en lugar de desarrollados, para dar una
idea precisa de cómo el subdesarrollo es
requisito del desarrollo.
Por ello, América Latina debe
reconquistar su independencia de
proyecto. Con esto quiere decir, que el
socialismo, y no un "capitalismo
mejorado", sigue siendo la fuente de las
soluciones para el continente. Así,
Caliban tiene mucho que andar todavía.
¿La globalización solo fue buena para
Próspero? ¿Qué opina Caliban de la
globalización en América Latina?
(Tiziana Fusillo,
Italia)
Se abusa del término "globalización". Se
presenta como algo ineluctable,
indetenible, una fuerza de la
naturaleza, que arrastra todo a su paso.
Así el que se oponga a ella, es acusado
de "globalifólico".
Así, recuerdo a Amartya Sen, explicando
cómo en China existía la imprenta mil
años antes que en Europa, y que el
primer libro impreso en el mundo fue un
tratado de budismo que involucró, para
su realización, a China, India y
Turquía. De esa globalización no formaba
parte lo que mucho después sería llamado
Occidente. Así mismo con las
matemáticas, que tanto deben al mundo
árabe (para empezar las propias palabras
Álgebra y algoritmo). De lo que se trata
no es de rechazar la globalización, al
contrario, sino aquel tipo de
globalización que se presenta como
universalismo, y no propone otra cosa
que la universalización de Occidente.
La cultura, la historia, la ciencia, es
una herencia común para la humanidad.
Las culturas no son cuerpos aislados. A.
L. tiene mucho que ganar con la
globalización, pero no con la que
pretenda imponerse como un catálogo
normado de valores, sino con los que
pasando por su historia, su cultura, su
medio natural, sus grados de desarrollo,
y abiertos al diálogo con el mundo,
pueda enarbolar desde su propia historia
y desde la constitución de su presente.
A mí me gustaría saber, si una europea
que se siente internacionalista, como
yo, y que piensa que otro mundo mejor es
posible, en el que no solo se globalice
la economía sino también, por ejemplo,
la solidaridad, que piense que no fuimos
a América a descubrir a nadie, sino que
día a día nos descubren otros modos
posibles de actuar, más cercanos a la
gente, al pueblo, a los más
desfavorecidos, a los más abandonados de
la Sociedad de Consumo en la que estamos
inmersa, si una persona así, puede ser
considerada un Caliban más.
Globalicemos la solidaridad.
Un saludo, siempre solidario, desde
España.
(Carmen García Bartolomé,
España)
Al parecer, lo único realmente
descubierto por los europeos en 1492 fue
su propia ignorancia. El resto, las
civilizaciones, los millones de
personas, la naturaleza, que habitaban
esta zona del mundo, fueron echados a la
hoguera donde se fraguaba el
capitalismo. Por supuesto, no se trata
de decir que a A.L. le habría ido mejor
sin el arribo de Colón, lo que es una
idea ingenuamente antihistórica, ni de
negar todo lo que de "bueno" trajo esa
experiencia, que, sin duda, fue mucho,
pero se trata también de reconstruir la
arqueología de un olvido: aquello de lo
que nunca se habla: sin ese
“descubrimiento”, la historia de Europa,
de sus naciones, y la historia propia
del capitalismo como sistema , no podría
exhibir al día de hoy algunos de sus
triunfos más pregonados, desde el Estado
social de Derecho, hasta varias de las
más conocidas invenciones usualmente
atribuidas a “Occidente”, entre otras
cosas.
De lo que se trata es de "descubrir"
cómo al sistema mundo del capitalismo le
es imposible lidiar de veras con la
diversidad y con lo que llamas la
"globalización de la solidaridad". La
globalización capitalista admite
diferencias, y puede convivir con
identidades diversas, pero siempre que
no pongan en juego su aspecto nuclear:
la verdadera globalización que le
interesa es la del capital. Si las
“diferencias” no se enfrentan a ese
principio, encontrarán loas y caminos
abiertos, ahora, si sus defensores
quieren enfrentarse directamente a ese
tipo de globalización, se harán
ciudadanos de la república internacional
de Caliban, donde quiera que hayan
nacido.
La caída del bloque socialista dejó sin
muchas opciones a la izquierda, ¿por qué
seguir insistiendo en el tema de la
revolución hoy?
(Lilibeth Ross Santos)
Por negarnos a creer que este en que
vivimos sea el mejor de los mundos
posibles, por rehusarnos a la
servidumbre de esa certidumbre (para
decirlo con cacofonía.)
Recuerdo una idea de Franz Hinkelammert:
la derrota del “socialismo real” no
significaba tanto la victoria del
capitalismo como la crisis de la
civilización occidental.
El capitalismo es incapaz de relacionar
con éxito los tres ejes básicos en que
fundó su promesa de orden futuro:
libertad, justicia y eficiencia.
A la eficiencia se sacrifican los otros
valores de esa tríada. Pero el problema
mayor es que esa eficiencia atenta
contra las dos únicas fuentes de
riqueza: el ser humano y la naturaleza.
El capitalismo ha desarrollado a no más
de una decena de países y
subdesarrollado al resto de la
humanidad, obviamente la abrumadora
mayoría. El capitalismo condena al
hambre de pan, pero también al hambre de
libertad.
Quizá haya muchas razones para seguir
apostando por las revoluciones. "Basta
de promesas, queremos realidades", decía
un graffiti firmado por: "los pobres".
¿Es posible ir a contraflujo de la
globalización enarbolando banderas como
la de la muticulturalidad universal en
un mundo que ha interiorizado la idea
―y
hasta la conveniencia―
de estandarización
en todos sus ámbitos? ¿Hasta dónde
Caliban puede usar a Próspero?
(Luis Torres Monroy)
Primero, habría que reconstruir la
anatomía del proceso que llevó a que "el
mundo" haya "interiorizado" (si así
fuese en efecto) la conveniencia de la
"estandarización" en todos sus ámbitos”.
No podemos conceder un carácter "neutro"
a la idea de la multiculturalidad. Ni
ella, ni ninguna otra idea, lo tiene.
Muchos autores afirman que la
multiculturalidad solo es defendida en
la medida en que se ha privado al "otro"
de la sustancia precisa que lo hace ser
una "otredad". Significa, como decía un
autor que la multiculturalidad "tolera
lo que acepta", tolera lo que no va
contra lo que pienso, entonces, así
entendida esa tolerancia no llega muy
lejos. En realidad, se trata de aceptar
la diferencia, no de tolerarla.
En todo caso, respeto a aquel que tenga
vocación por la estandarización, pero yo
defiendo otra inspiración: la
autenticidad en la diversidad.
La multiculturalidad al uso defiende
algo así como una diferencia
indiferenciada, donde a fuerza de ser
diferentes, ya no valgan la pena las
diferencias. Particularmente, no creo
que se trate de defender ni la
estandarización ni la diferencia así
considerada, sino apostar por una
comprensión de la diversidad que
defienda al mismo tiempo las ideas de la
comunidad y de la autenticidad.
Gracias al ensayo de Retamar de 1971, "Caliban"
adoptó una fisonomía propia, producto
del contexto de la Guerra Fría cultural,
es decir, como Símbolo de la
Emancipación (latinoamericana o del
Tercer Mundo); sin embargo, el "Caliban"
de Shakespeare contiene una carga
simbólica mucho más compleja, pues
encarna el problema del colonialismo,
pero también es la contraparte
axiológica y filosófica de Próspero,
esto no es gratuito, pues además debemos
destacar su parentesco con el mítico
hombre salvaje, del cual da cuenta muy
bien Retamar en el anagrama
Caribe-Caníbal-Caliban. Ahora, ¿existe
alguna vía para que la figura de Caliban
contribuya a "superar" (de alguna
manera) el pensamiento dicotómico (ya no
digamos la acción concreta que es más
difícil): Colonialismo-Emancipación;
Superior-Inferior; Bueno-Malo,
Civilización-Barbarie, etc. ?
(Alberto González Soto)
La pregunta es crucial. Marx lo pensó a
su modo: el proletariado era el sujeto
de un orden de superación, no por
"derrotar" por las armas a la burguesía,
sino por superar el orden que hacía
posible la existencia del par
proletariado-burguesía. Como creo que
usted entiende de lo mejor el
significado de "superar", puedo no
extenderme en este punto. Paulo Freire
avanzó un pensamiento con objetivo
similar: superar la división entre
educadores y educados, entre
organizadores y organizados. Caliban
contribuye también a plantear mejor la
pregunta sobre el tema. Si entendiéramos
que superar no es decretar por fuerza de
ley una nueva realidad, sino construir
las condiciones de posibilidad de tal
superación, creo que estaríamos
avanzando.
Quisiera enfocar mi pregunta no desde la
perspectiva kantiana del qué hacer, sino
del cómo construir el socialismo del
siglo XXI sin cometer los errores del
socialismo del siglo XX, si esto es
posible.
(W.
Faulkner)
El hecho de que lo nombren “del siglo
XXI” supone, me parece, una toma de
posición respecto a los habidos en el XX,
porque al menos guarda distancia de él
nominalmente. Nada asegura no cometer
errores, pero podemos entender de otra
forma este problema. El problema no es
tanto cometer errores como intentar no
cometer ninguno. El campo de la política
revolucionaria es el de una permanente
exploración de posibilidades nuevas de
la realidad. Los errores, cuando se
hacen en la atmósfera de un cambio
social de índole verdaderamente
revolucionario, están dentro de la
posibilidad revolucionaria. De esta
manera, errar, no solo es humano, sino
que también es revolucionario. Así lo
decía, de un modo ejemplar, Rosa
Luxemburgo. En cualquier caso, tenemos
acaso una única garantía hacia el siglo
XXI, contar con toda la experiencia del
XX, por lo que es necesario hacer su
análisis en transparencia, y asumir
tanto como repudiar contenidos de esa
tradición.
Se ha afirmado que "solo hay dos
posibilidades de resistir a los poderes
imperialistas: la fuerza y el carácter",
¿qué papel le tocaría jugar a los
intelectuales en esta resistencia?
(Invitado al Foro)
Combatir el poder de los imperialismos
es un magno programa: primero se ha de
pensar en Iraq y el rostro más visible
de una agresión imperialista, pero no es
solo esta la dimensión en que se
presenta el imperialismo.
Por ejemplo, para decirlo con un ejemplo
del marxismo clásico: la política
imperialista construye una realidad
"artificial" al interior de los países
imperialistas: una situación en que su
más o menos relativa bonanza interior es
financiada por la política hacia el
exterior. Precisamente, en la historia
las revoluciones no han explotado en los
países imperialistas, sino en los países
de la llamada "periferia del
capitalismo". Develar la conexión entre
las políticas imperialistas y la
situación de los ciudadanos, de sus
posibilidades de éxito y fracaso, al
interior de esos países, puede ser una
tarea importante de intelectuales.
Pero no solo ella.
También está el imperialismo del
sexismo, del racismo, y de otras tantas
formas de intolerancia, más bien debía
decirse, de otras formas de explotación.
Combatir “las verdades”, dejar ver la
desnudez del rey, contribuir a articular
la lucha del racismo con la del
imperialismo, seguirán siendo tareas
para intelectuales en esta resistencia.
Mensaje de Despedida
Son las 5:00 pm en punto. Los
organizadores recuerdan que es la hora
del cierre formal del foro. Con tamaña
presencia de comentarios y preguntas es
difícil pensar en el envejecimiento de
Caliban, sino en sus múltiples
reencarnaciones en nuevos símbolos, en
nuevos proyectos.
Un saber revolucionario es un saber que
se construye, que debate, y que se
critica también a sí mismo.
Por mi parte, agradezco enormemente
todas las contribuciones.
Foro interactivo "Caliban
ante la globalización", efectuado el 12
de octubre en el marco de Lecturas en el
Prado. |