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La sociedad humana ―los hombres― parece
funcionar a través de símbolos. Pero
dejemos eso a la semiótica. A mí lo que
me parece es que a la hora de localizar
dentro de la cultura un símbolo que
represente a la raíz de todos los
pueblos convertidos primero en colonias
y luego en neocolonias, allá desde el
fondo del nacimiento de la modernidad,
desde la obra de Shakespeare, Caliban es
un buen símbolo, de cómo nos ven y cómo
nos reconocemos. Ya el Sr. Bush ―que
dudo haya leído a los clásicos de la
cultura universal― nos regaló una
ubicación precisa para los actuales
calibanes: oscuros lugares del planeta.
Es decir, ellos son la luz y la cultura
(Próspero y Ariel), nosotros para él, lo
bajo e infernal. ¿Cómo lo considera
usted?
(José Novoa Betancourt, Bariay)
No creo que el señor Bush esté en
condiciones de ir más allá de los
lugares comunes del racismo y la
prepotencia. Vive en un lugar oscuro del
planeta ―su oficina en la Casa Blanca― y
no logra ver el mundo que hierve afuera
―o que padece sus mortales agresiones
militares― más que en términos de ellos
o nosotros. Pero todavía le esperan
algunas sorpresas… creo yo.
¿Cómo se concibe en Cuba el papel del
libro dentro de la cultura?
(Josefina Molina, Argentina)
Como un elemento clave, y en esto no nos
diferenciamos de cualquier otro país del
mundo. Lo que nos diferencia es que para
nosotros el libro ―la lectura en
general― es un bien que debe estar al
alcance de todos.
El mundo celebra el 12 de octubre el
encuentro entre culturas, cómo lo
celebra Cuba? ¿Cómo deberíamos ver esa
fecha entonces los Calibanes de América?
(Alexei Rojas)
Demasiadas veces se ha dicho que el
"encuentro" resultó ser, en realidad, un
encontronazo, para volver ahora sobre
esa estremecedora idea. Encontronazo o
no, lo cierto es que por primera vez el
mundo se hizo mundo; y con ello ingresó
a la historia la idea de una cultura
mestiza ―o herida― como paradigma de la
cultura universal.
En eso salimos ganando.
Los Calibanes de América no debiéramos
hacer otra cosa que afirmar nuestra
disposición a convertir el encontronazo
―cuyos efectos duran todavía― en un
encuentro definitivo.
Compañeros: quiero pedir su opinión al
respecto del siguiente tema:
¿latinoamericanos?
Una de las polémicas que más se suscitan
entre grupos de avanzada y que tiene que
ver con la falta de identidad cultural
que cada día nos hace perder más
autonomía y sentido de pertenencia, es
que mientras sigamos hablando de
“latinoamericanos” o “Latinoamérica”, no
podremos hablar de apropiarnos de lo
nuestro. Estos términos hacen que
sigamos excluyendo a nuestros indios de
América, que pese a no hablar lenguas
latinas, ocupaban mucho antes estas
tierras que les han sido arrebatas por
siglos, precisamente por hablantes de
otras lenguas, entre ellas las lenguas
latinas. Además, llamarse
latinoamericanos es cohonestar con la
colonización a sangre y fuego, que
hicieron los invasores a expensas de
los habitantes originarios de estas
tierras. Utilizar las palabras
“Latinoamérica” o “latinoamericano”, es
faltar al respeto a los verdaderos
dueños de estos territorios, que nada
tienen de latinos.
¡Ojo con eso! Si vamos a hablar de un
único continente americano, de “patria
grande” como decía Simón Bolívar y de
“nuestra América”, como decía José
Martí, desde la Patagonia hasta Alaska,
debemos empezar a incluir a los
hablantes de otras lenguas, aun los de
habla inglesa y francesa, habitantes en
América, pues también entre ellos hay
muchas víctimas del despiadado
imperialismo y canibalismo. No podemos
permitirles el uso exclusivo de la
palabra “americano”, pues de esa manera
se siguen apropiando cada día más de los
recursos que el universo tiene destinado
para todos los pobladores de nuestra
América.
Debemos empezar a borrar los puntos y
las rayas “que fueron trazadas para que
mi hambre y la tuya estén siempre
separadas”, como dice la canción de
Soledad Bravo, para poder sentir el ser
“americanos” de lo contrario seguiremos
siendo extranjeros en “nuestra América”.
(Luz Stella Jiménez Velasco)
Sí, tiene usted razón, estamos atrapados
en la cárcel del lenguaje y de los
hábitos mentales que heredamos de una
parte de nuestros ancestros. Tampoco el
término Indoamérica sería una solución.
Nuestro mestizaje, el carácter hibrido
de nuestra naturaleza humana, social y
cultural nos exigiría (como bien dice
usted) mayor creatividad. Hablemos por
el momento de Nuestra América ―la de
todos― y no olvidemos que el factor
esencial de nuestra unidad ―y nuestro
futuro― no depende tanto de elementos
terminológicos (que no dejan de ser
importantes) sino de nuestra capacidad
de transformación y nuestro sentido de
la justicia. Veo, por sus comentarios,
que usted sabe esto muy bien, y sabe
expresarlo con lucidez y pasión.
¿El actual proceso venezolano puede ser
una válida alternativa?
(Tiziana Fusillo, Italia)
Tengo la impresión de que millones de
personas, en toda Venezuela, sienten que
por primera vez se han hecho visibles y
han podido incorporarse a un proceso
político y social. De pronto, son
personas, son ciudadanos, son ―permítame
la expresión― seres humanos, que actúan
con un proyecto de futuro. ¿No cree
usted que eso bastaría para considerar
válido ―y hasta envidiable― el
movimiento bolivariano?
Si es verdad que en la época actual de
globalización neoliberal la recepción y
valoración de los productos culturales
se realizan siempre o casi desde un
consumidor hacia el cual la creación
artística y sus resultados son inducidos
como objetos de consumo, bienes de un
mercado donde la diferencia y la
especificidad del arte importan poco,
entonces pregunto: ¿Qué hacer en
términos de estrategia cultural para
diferenciar esa recepción y para
encontrar dentro del consumidor al
lector, al espectador, al cinéfilo...?
(Edel Morales, Cuba)
Lamento tener que darle la más elemental
de las respuestas: tenemos que volver a
pensar en la escuela que necesitamos y
en la televisión que nos merecemos. En
otras palabras: tenemos que asegurar que
nuestros hijos y nietos no se formen ―o
deformen― como consumidores de cultura,
sino como forjadores de su propia
personalidad, a través de un diálogo
permanente con los productos culturales.
Qué lindo pensamiento Ambrosio “volver a
pensar la escuela” y qué difícil lograr
“que nuestros hijos y nietos no se
formen como consumidores de cultura”… en
un mundo globalizado y donde el sistema
se infiltra en todos los medios, cómo
hacerle entender al hijo que ese
programa no es bueno para su
formación...si el sistema te conoce
mejor a ti que tú mismo y atraviesa
hasta tu propio discurso…pienso que
Caliban es la representación de la
fuerza originaria que todos tenemos
adentro y produce cultura para
compartir, para comunicar, no consumir.
Valió la pena de entrar en este foro,
pues es la verdad que Caliban no
conocía. Un saludo desde Bolivia.
(Gertrudis Contreras, Bolivia)
Gracias, Gertrudis. Participar en un
diálogo contigo, aunque sea electrónico,
es un privilegio que agradezco a este
foro y que espero se repita.
Quisiera enfocar mi pregunta no desde la
perspectiva kantiana del qué hacer, sino
del cómo construir el socialismo del
siglo XXI sin cometer los errores del
socialismo del siglo XX, si esto es
posible.
(W. Faulkner)
La pregunta me desborda y solo me atrevo
a contestarla acudiendo a un esquema: la
verdad es concreta, solo la práctica
suministra el criterio necesario para
conocer la verdad. Pero debo añadir que
si esa práctica cuenta con el apoyo de
la experiencia ―y ya tenemos alguna
experiencia acumulada―, entonces
aumentan las posibilidades de acertar.
Para usted la literatura es una especie
de lapsus. Dice lo que los demás callan.
¿Qué revela entonces la literatura
cubana hoy?
(Invitado al Foro)
Creo que la crítica cubana actual ha
venido respondiendo bastante
satisfactoriamente esa inquietud. Lo
primero que me viene a la mente es la
idea de la diversidad. La literatura
cubana está haciendo hoy lo que debe y
puede hacer toda literatura, y es dar
una imagen que ofrezca diversidad de
perspectivas, la convicción de que el
universo individual y social que está
expresando es inapresable desde un solo
punto de vista. Me temo que esta
respuesta puede parecer una evasión,
pero le aseguro que no tengo otra que me
parezca más convincente.
¿Cómo potenciar la cultura y expandirla
entre los pueblos del mundo, para hacer
de ella una herramienta de lucha contra
la globalización imperialista?
Creando un grupo de países al estilo del
acuerdo ALBA pero este centrado en la
difusión de la cultura a precios
populares para que sea asequible por
los pueblos?
Sé que existe la biblioteca popular, o
el método Yo sí puedo, para luchar
contra el analfabetismo.
Cultura, es el alma de un pueblo, sin
ella muchos pueblos del mundo vagan
errantes por la Historia.
Cuba es la reserva de la cultura
universal.
La cultura ante la globalización
imperialista.
(Carlos)
Sí, estamos reinventando, no la cultura,
sino un tipo de humanismo capaz de
convertirla en creación de todos y
derecho de todos. Cada vez nos resulta
más claro que lo opuesto a la cultura no
es la incultura, sino el egoísmo
letrado, una de las más feas expresiones
de la barbarie.
Foro interactivo "Caliban
ante la globalización", efectuado el 12
de octubre en el marco de Lecturas en el
Prado. |