Año VI
La Habana

11 al 17 de AGOSTO
de 2007

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Nuevos aires para el circo cubano

Yinett Polanco • La Habana
Fotos: Nancy Reyes y Kaloian (La Jiribilla)

 

La existencia misma del circo podría pensarse como cosa de magia; no solo porque este es un espacio habitual para todos los magos que por generaciones han sido, sino también porque un hálito de encantamiento envuelve siempre a todos aquellos que entre cuerdas, trapecios, risas, saltos y malabares, dedican con una pasión desbordante su vida al arte circense.

El circo cubano ha entrado en un período de renovación. Famoso por su calidad en los años 80, cuando era palpable en él la influencia del cine ruso, los 90 fueron, como para todo el país, una década dura para el circo cubano. Entrado ya el siglo XXI las nuevas graduaciones de la Escuela Nacional de Circo han venido a llenar un poco el vacío de artistas circenses que se produjo en esos años. Según cuenta el equilibrista Yan Rodríguez Medina, el proceso de entrada en esta escuela se ha estabilizado: “al culminar el 7mo. grado se hacen las pruebas de captación para la Escuela Nacional de Circo que está en Playa, ahí se pasan cuatro años, un primer año de integridad, donde se dan todas las especialidades, en el segundo y tercero montas un número y en el cuarto sales graduado con el número con el cual uno se fue desarrollando. De ahí uno ingresa en la Empresa Nacional de Circo y se empieza a trabajar en las diferentes localidades, se va a otras provincias o se trabaja aquí en Ciudad de La Habana.”

Jandy Jesler González, malabarista integrante del Quinteto Eclipse, afirma que “en la Escuela Nacional de Circo tienes la oportunidad de estudiar todos los géneros del circo y ahí los profesores se dan cuenta cuál es el género en el cual tú tienes más habilidades o aptitudes.”

La ubicación hace unos años de una sede fija, la Carpa Trompoloco, en 5ta. avenida en Playa, ha contribuido también con darle una mayor estabilidad a estos espectáculos. De un tiempo acá, la renovación en la carpa se ha hecho más palpable, un montaje del prestigioso coreógrafo cubano, Alberto Méndez
La lámpara maravillosa que se exhibe por estos días en ese espacio, ha venido a cambiar de algún modo la manera de concebir el circo cubano.  

Para Pedro Miguel Hernández, integrante del Quinteto Eclipse, responsable de los malabares en el espectáculo: “El circo cubano está acostumbrado a ser un circo tradicional, es decir circo de cortinas, sale un número detrás de otro, presentados por el locutor, este es un espectáculo temático, una versión de Aladino a la manera de Alberto Méndez, él con su imaginación y su estilo creó un espectáculo en donde Aladino viaja por distintas partes del mundo, al final llega a Cuba, el genio le hace un regalo, una mulata, una muñeca cubana, incluso el final queda un poco abierto, pues algunos pueden pensar que tuvieron un niño, porque sale el pionerito cubano.”

A juicio del presentador Yovany Pérez: “es muy difícil hacer la comparación con los demás espectáculos porque no tiene nada que ver, aquí se combinan el teatro, la danza y los números de circo, o sea que este nunca ha sido el estilo de trabajo del circo cubano, siempre han sido números circenses como tal, no se emplean bailarines ni nada parecido, en este caso se han compactado todas estas cosas y hasta ahora ha fluido bien y parece que ha tenido aceptación. Al principio tuvimos un poco de duda los mismos artistas porque no estábamos acostumbrados a ese tipo de trabajo pero se ha visto en el trayecto del espectáculo que ha gustado y que las personas están satisfechas con lo que se ha hecho hasta ahora.”

Visto por muchos como un mero entretenimiento, la tradición circense es una de las más antiguas y arraigadas en el mundo si de espectáculos se trata. Abarcadora en sí misma de múltiples manifestaciones artísticas, al decir de la malabarista Maylin González Tirador: “el circo requiere habilidades que no requieren otras artes, mucho entrenamiento, muchos años de estudio y de preparación. Para el presentador de La lámpara maravillosa Yovany Pérez “el circo es lo más completo que hay, pues tiene muchas cosas que atrapan tanto a niños como a personas mayores y no hay que ser una persona seguidora del arte circense para poder disfrutarlo, el circo es algo muy especial, simplemente es una sensación.”                                        

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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