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Con 87 años de edad y 70 de vida
artística, Martha Jiménez Oropesa
asegura que mientras “tenga voz y
espejuelos bien graduados, quisiera
continuar trabajando”. Asimismo refiere
que el Premio Nacional de Humorismo,
recientemente obtenido, la hace sentir
cada vez más comprometida y “me obliga a
pensar, todavía mucho más, en que no
puedo defraudar a mi pueblo. Debo tratar
de ser mejor en todo, y corresponder a
los que han puesto su pensamiento y su
corazón en mí”.
Actriz de radio, cine, televisión y
teatro, además de directora de programas
radiales, locutora, algo de poeta y de
músico, pero sin el menor signo de
locura, Jiménez Oropesa, a diferencia de
casi todos sus colegas, no soñaba cuando
niña con la actuación. Por esos años de
la infancia “leía muchos libros de
aventura y quería llegar a ser
detective”. De cualquier manera en esta
etapa se destaca su participación en un
programa transmitido por la emisora CMX,
Radio Levín, interpretando uno de los
siete enanitos del clásico de la
literatura infantil Blanca Nieves.
“Ya siendo una jovencita trabajé en el
Teatro de la Comedia y paralelamente
recibía clases de voz y dicción con el
profesor Pedro Bouquet. La primera vez
que subí a un escenario fue
interpretando a un niño en la obra
Madame Butterfly. Cuando el niño se
dormía, la gente creía que era de
verdad.”
Los primeros trabajos de Martha en la
radio, de manera oficial, fueron con la
escritora española residente en Cuba,
Mercedes Brito. “Hay quienes aseguran
que la radio es un medio muy frío, pero
a mí me fascina, porque si eres capaz de
interpretar bien el personaje, de
ponerle pasión a lo que vas a decir, de
entregar el corazón en cada palabra
dicha, logras despertar la imaginación
de los que te escuchan”.
A inicios de los años 40 pasó a formar
parte de la nómina de Crusellas y
Compañía, una de las firmas más
importantes de la Cuba de aquellos
tiempos. “Ellos me buscaron porque ya me
había graduado como locutora. Allí fui
la encargada de anunciar muchos de sus
productos”.
La novicia Doña Inés, Juana Porter (la
novia de Tarzán), Cachita Bolaños y
Sarduy…, y, en fin, personajes tras
personajes, presentaciones tras
presentaciones, como peldaños de una
escalera, fueron permitiendo a Martha
ascender a la popularidad con la que
hoy es conocida y que logró consolidar
en el programa humorístico Alegrías de
Sobremesa, transmitido diariamente por
Radio Progreso desde hace más de 40
años. Identificada plenamente con el
personaje principal de este espacio,
Rita Pranganillo, Jiménez Oropesa afirma
que, “Rita es igual a Martha, una mujer
cubana de estos tiempos, humilde,
sencilla, con sus pro y sus contras”.
Asevera que no le costó “ningún
trabajo armarla; es la vida, soy yo
misma y respondo cuando me llaman por
ese nombre”.
En su opinión el éxito logrado por ese
programa de alcance nacional obedece a
la encomiable labor de su Director,
“Alberto Luberta porque tener listo un
libreto diario no es fácil y si a esto
le sumas darle una caracterización a
cada personaje, mucho menos. Luberta es
muy inteligente y tiene la virtud de
tomar los acontecimientos que ocurren en
una bodega, en un puesto de viandas, en
las guaguas y hasta en su propia casa,
para llevarlos al papel. Ese es el gran
mérito de este extraordinario Director,
y, quizá por eso, Alegrías de Sobremesa
gusta tanto. En cada emisión está
presente el humor, pero no se trata de
un humorismo forzado, sino bien logrado
porque sale de la cotidianidad”.
Con respecto al humor que actualmente se
hace en nuestro país, puntualiza: “los
jóvenes todavía tienen que aprender
mucho de los viejos. Tienen juventud,
vitalidad, pero es preciso que se apoyen
en los de más experiencia. Es importante
evitar las frases obscenas y groseras,
porque ese lenguaje vulgar es muy
dañino. De la misma manera es necesario
echar a un lado el humorismo falso y con
estridencias”.
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Todavía poseedora de un excelente humor,
Martha Jiménez Oropesa subraya que cada
vez puede hacer algunos chistes en su
casa, donde “siempre trato de llevar las
cosas por el camino de la risa y del
buen gusto”. Y aunque esta popular y
multilaureada actriz no se considera a
sí misma “tan modesta, ni tan sencilla”,
sabe muy bien que de todos modos su
pueblo le profesará siempre cariño
infinito, además de gratitud eterna.
Parafraseando un poema suyo titulado
Tú, ella ha entrado en la vida de
todos nosotros como entra, en las casas,
de noche, un ladrón. Ha ido poco a poco
abriendo las puertas para adentrarse en
cada corazón cubano. |