Año VI
La Habana

7 al 13 de JULIO
de 2007

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Vivanco: ¿Un guajirito de ciudad?

Estrella Díaz • La Habana

William Vivanco es, otra vez noticia: el próximo 14 de julio en los Jardines de La Tropical, tendrá un concierto en el que “repasará” algunos temas de su primer CD Lo tengo to’ pensa’o y el CD La isla milagrosa que obtuvo en la más reciente edición de la Feria Internacional del Disco, Cubadisco 2007, el premio en la categoría de Fusión.  Y parece ser que la fusión es vocación en Vivanco porque va a “mezclar” e incluso a cantar “algunos temas que andan por ahí”.  

¿Canciones que no están grabadas?

Algunas que están grabadas y otras no. Sucede que voy cantando canciones y las voy hilvanando; es una mixtura. 

¿Habrá algún estreno?  

Pienso que sí. Lo que sucede es que voy a estrenar algún tema, pero con la guitarra, porque no he tenido tiempo de montarlo con la banda. Es algo para que se quede en la mente de los seguidores de mi música. Ya estoy pensando en otro disco —aunque no quiero forzar las cosas ya tengo hasta el nombre—, pero no quiero precipitarme. Quizás cante alguna canción con la guitarra y diré: esta es una nueva canción para un próximo disco, pero, por favor, no se lo digan a nadie.  

¿Cuál crees que sea la diferencia sustancial entre Lo tengo to’ pensa’o y La isla milagrosa

Lo tengo to’ pensa’o es un disco más juvenil en la forma de escribir y, sobre todo, en los arreglos. En este segundo disco tenía mucho más claro por donde debía de caminar. 

¿En qué sentido más claro? 

En cuanto a los arreglos y el acomodo de la guitarra. Proyecto las canciones a partir de la guitarra. En La isla milagrosa, los productores Descemer Bueno y Roberto Carcassés nos sentamos y empezamos a tocar y se veía más claro por donde iban los arreglos de cada uno de los temas.

Creo que es un disco más maduro. Concebimos los temas incluyendo la percusión —si llevaba un solo por aquí, otra cosa por allá— y todo eso lo iba reflejando desde la guitarra. El trabajo se hizo más fácil y uno va madurando, aprendiendo y sumando experiencias.  

Decías que proyectas las canciones desde la guitarra ¿es una forma particular de concebir tu música?      

Es el instrumento que mejor domino y —como también tengo inquietudes percutivas— mientras estoy haciendo la canción me voy imaginando el sabor que va a llevar. He ido explicándole a Descemer y a Roberto: ‘esto suena por aquí, esto lleva una percusión que suena pa / pa’… me caracterizo por hacer unos sonidos onomatopéyicos que, creo, los aprendí en el Coro Madrigalista durante mi formación de canto. Eso nutre mucho mis canciones. A veces me imagino primero cómo va a sonar la percusión y luego voy sacando los acordes y va saliendo todo lo demás. Es mi forma de trabajar.  

Hace unos tres años en una entrevista dijiste: “en toda mi carrera trataré de tener un sello santiaguero y también haitiano, jamaicano, y africano, que es lo que me caracteriza y lo que más me gusta. Me interesa reflejar la parte negra de mi historia: tengo un abuelo negro y un abuelo blanco. Creo que la parte de la poesía, de la letra, viene del abuelo blanco y la parte de la sabrosura del abuelo negro” Ahora aparece La isla milagrosa, un trabajo más maduro según tu mismo. ¿Está la continuidad en La isla milagrosa?

Un gran amigo, el periodista Bladimir Zamora, me dijo: “William, creo que este  disco es más santiaguero que el anterior”. Prefiero decir que es un disco más cerca de las raíces de la música cubana, mezcladas, fusionadas con todo lo demás y con lo que está pasando en todas partes. Por ahí pienso seguir el trabajo: me gusta mucho, muchísimo, acercarme a la mayor parte de los ritmos. En este disco hay un pilón, hay afro, un chacha/rock… 

…¿un chacha/rock?, ¿qué tema es?     

El alegrón.   

Para La isla milagrosa te has apoyado en Interactivo, una banda, francamente, de excelencia.

La esencia de Interactivo está sin duda alguna en el disco. En La isla milagrosa hay una mezcla increíble… las canciones las escribí, pero luego fueron enriquecidas por el conocimiento de Roberto Carcassés y de Descemer… de la amistad de los dos y de la preparación musical que poseen.

Es envidiable como pudieron estudiar la música, aquí, en La Habana; veo una generación que tuvo una escuela musical profunda, hermosa y muy amplia. Son momentos que yo no viví y esa mezcla, afortunadamente, llegó a mi disco.

Luego, la participación de Yusa y de Haydeé Milanés (en las voces), de Yaroldi Abreu, que es un percusionista impresionante; está David Suárez (también en la percusión), está Elmer Ferrer con su guitarra. Todo eso lo veía muy lejos en los primeros tiempos cuando llegué a La Habana y luego me fui acercando poco a poco. 

¿Cómo llegas a Interactivo?

Llego gracias a la rapera Telmary Díaz. La isla milagrosa es Interactivo y, creo, tiene eso que llaman factura elevada, entre otras cosas, por los músicos que forman parte de Interactivo que todos son monstruos. 

¿Quién es el responsable del diseño de La isla milagrosa?

El diseño es de Reynaldo López y Taggles Heredia. Reynaldo es un diseñador que trabaja para hoteles y para grandes compañías. Cuando lo conocí me pareció que estaba tan loco que pensé: este es el hombre; me dijo: “jamás he diseñado un disco” y le contesté: mejor todavía, creo que así va a ser mucho más interesante. Los dibujos son de Taggles Heredia. 

¿Tienes pensado continuar la colaboración con Interactivo?  

¡Por supuesto!, hace unos días le comentaba a Robertico que Interactivo no va morir nunca… aunque estamos por aquí y por allá y no nos veamos en tiempo y no tocamos porque no se dan las condiciones que requiere Interactivo —que es una banda potente—; cada cual tiene su trabajo independiente y se nos hace difícil reunirnos.   

Pero, quizás, ahí esté el secreto de Interactivo… a veces los proyectos se agotan por repetición.

Exactamente. Es por eso que, creo, siempre vamos a encontrarnos y a tocar y estoy seguro de que será cada vez mejor. Tiene que ser mejor porque tenemos las mismas inquietudes en relación con la música. No tratamos sólo de hacer música sino de andamos por ahí buscándola por donde quiera que se meta. 

¿Tus inicios?

Lo del canto es desde siempre… desde la primaria cantaba. Realmente no fui muy buen estudiante; veía como todo el mundo se inclinaba por esto y por lo otro y a mí nada me parecía interesante, incluso, me decía: ¿Cuándo voy a saber lo que quiero? A mí, sinceramente, nada me llamaba la atención. Cuando terminé el doce grado, supe de una convocatoria que se había abierto en el Coro Madrigalista y me presenté. Yo no sabía mucho de coros. 

Pero en Santiago de Cuba hay una tradición coral arraigada; está el trabajo del Orfeón de Santiago que dirige el maestro Electo Silva y también el Madrigalista que tiene una historia.

Sí, pero yo era una guajirito de ciudad y no tenía idea de qué era un coro y cómo se vivía allí dentro. Mi entrada al Madrigalista fue algo que me ayudó y que, indiscutiblemente, me ha marcado para todo la vida. Ahí aprendí la técnica del canto, la respiración con el diafragma, todos los sonidos raros que hago. El sentido de la percusión —eso se lo debo a Santiago de Cuba—: allí hay excelentísimos percusionistas, rumberos. Mi casa está en La Trocha y Carretera del Morro y por ese lugar pasan las comparsas cuando se ensaya para los carnavales: ¡suben y bajan La Trocha!, así que estoy metido ahí mismo. En el Coro aprendí algo de piano y la guitarra. Toco un poquito de bajo y creo que —si practicara más y le dedicara tiempo— podría ejecutar  mucho mejor el bajo.

Llegaron los noventa y el Período Especial con sus tremendas limitaciones y eso me llevó a hacer un cuarteto con unos señores de Santiago de Cuba. ¡Figúrate!, estaba en el Coro desde las ocho y media de la mañana hasta las doce del día y, a esa hora, salía corriendo para El Morro a tocarles a los turistas, después iba al Cayo y en la noche, durante la comida, al Hotel Casagranda hasta las dos o las tres de la mañana.

Al otro día, me levantaba y volvía a comenzar lo mismo. La directora del Coro me regañaba mucho y siempre me decía: ¡mira como tienes la voz, eso es por la trasnochadera!, pero esa experiencia me sirvió: las cuerdas vocales son músculos y, raramente, me enfermo de la voz; puedo cantar, incluso con gripe. Preparo la voz, la caliento y canto; eso me lo dio ese entrenamiento, ese fogueo tan fuerte.

Recuerdo que una vez, estando cantando en el Morro de Santiago, tocamos La Malagueña, que es muy difícil y un señor dijo: ¡pero qué bien!, cántamela y cada vez que me la cantes te voy a dar una buena propina... En el Morro la cantamos como cuatro o cinco veces y, después, nos dijo: ¡móntense en el carro… y yo seguí cantando La Malagueña no sé cuantas veces más…!   

¿Cuándo das el salto para La Habana?    

Llegó un momento en que comenzaron en mí las inquietudes intelectuales y empecé a leerme algunos libros, a escuchar a Silvio Rodríguez y a otros trovadores. Uno de mis mejores amigos, Ernesto Rodríguez, ex integrante del Dúo Postrova, estaba en un trío y yo en un cuarteto y un día nos dijimos: ¿hasta cuándo nosotros vamos estar tocando por propinas?: si seguíamos así íbamos a estar toda la vida en eso.

Él dejó el trío y yo el cuarteto y comenzamos a andar por Santiago y donde nos agarraba la noche empezábamos a tocar. Esa etapa fue muy importante tanto para Ernesto como para mí; nos pasábamos el día escuchando música. Poníamos una canción y la volvíamos a poner y la volvíamos a poner e intentábamos una letra y otra ¡y dale pa’cá y dale pa’llá!

Eso no lo he vuelto a tener; ese reto, ese intercambio es muy necesario. Pienso que no está sucediendo mucho. La gente está componiendo, pero no hay una interrelación y eso es muy importante para la creación.

Te voy a hacer otra anécdota. ¡figúrate si la propina nos perseguía! que un día salimos de “tocadera” y fuimos a Las Américas donde trabajaba un amigo que nos había invitado a tomarnos unas cervezas… ya en ese momento nosotros nos sentíamos unos artistas, que sabíamos hacer canciones y lo de la propina era para otros… pues, resulta, que sacamos las guitarras y empezamos a cantar. Vino un señor y nos metió un dinero en el bolsillo y nosotros a decir que no, que nosotros no tocábamos por dinero y el hombre a que sí…  

¿Y qué tiempo estuviste trabajando con Ernesto en ese “dame, te doy”?

Unos tres años más o menos. Él y Eduardo Sosa —también trovador y santiaguero— estaban más “adelantaditos” y andaban por La Habana. Cuando llegaban a Santiago y nos reuníamos me decían: ¡no, no, que va, William, esas cancioncitas que nosotros estamos haciendo no sirven… allá, en la capital, hay unos tipos que están escapa’os! Imagínate, eran, Vanito, David Torrens, Habana Abierta. Ellos vieron aquello y dijeron: ¡estamos embarca’os: hay que trabajar!

Otra anécdota. Fue a Santiago, Medina, del grupo Cachivache. ¡Figúrate! aquello era un show, algo sin cabeza y yo con mis canciones… un día va Medina a la Casa del Joven Creador y se encarama en el escenario, agarra la guitarra y ¡acaba con ella! con aquel tema cáscara de mandarina / por eso yo te quiero cantar /… esos temas locos y yo escuchando aquello y me decía ¿y esto qué cosa es? Después que terminó, la gente de la Asociación Hermanos Saíz de Santiago casi que me obligó a cantar y yo me decía: ¿qué voy a hacer?... las orejas se me pusieron rojas, la cabeza se me quería explotar de la vergüenza ¡yo cantar después de aquella maravilla!; canté como dos canciones —muerto de miedo— y me fui con la imagen de la forma de proyectarse Cachivache. Me encerré y así nació la canción Café que está en el disco Lo tengo to’ pensa’o y mucha gente me conoció a través de ella… es un tema que tiene unos enredos en los compases, pero fue de ese impacto, de ese choque increíble. 

¿Cómo llegas a La Habana?

Me quedo en casa de una tía de Ernesto, por Nuevo Vedado, y machacando por aquí y machacando por allá… tenía que estar dos o tres semanas y luego volvía a Santiago en tren ¡cogí una cantidad de trenes que ni te imaginas!

Comencé a conectarme con los trovadores de aquí y —no te voy a decir mentira—, me parecía flojo el movimiento en sentido general, pero un día voy a la Sala Caturla del Teatro Amadeo Roldán y veo un señor vestido de blanco haciendo unas canciones y diciendo que es, también, trovador. La verdad, no entendía nada.

Yo pensaba que la trova era, solamente, la referencia que tenía, pero me di cuenta que ese trovador vestido de blanco, que es Descemer Bueno, estaba haciendo un concierto de sus canciones solamente a guitarra.

Ahí fue donde me di cuenta que habían otras cosas y empecé a investigar… luego me enredé con la gente del hip hop y me fui como metiendo en todos los mundos. Donde nunca he entrado todavía es —no sé por qué no me da bola— con los rockeros; hay algo ahí que me frena. Quisiera, pero no le cojo la vuelta: ¡figúrate, guajiro y santiaguero… todos tenemos nuestras limitaciones! 

¿Planes?

Recién terminamos el video clip Pilón que lo dirige Bilko Cuervo. Fue una experiencia única. La aventura de hacer el video en Santiago fue algo increíble. El día anterior a la filmación hice un concierto en el Teatro Heredia y lo dimos todo porque por primera vez tocaba ahí, en mi provincia, y creo que lo merecía.

Terminamos muertos de cansancio y al otro día había que filmar el video clip. Súmale al “bombillón” que te ponen delante, el calor de Santiago… tenían que estarme, constantemente, secando el sudor.

Pero, resulta que al amanecer el cielo estaba completamente gris y lloviendo, cosa rara en Santiago. Todos los técnicos estaban en Bella Vista desde donde se ve toda la bahía, pero en realidad la vista no estaba nada bella, más bien al revés.

A las ocho de la mañana, después de la espera, Bilko decidió comenzar a filmar como si estuviera el sol afuera. Nos fuimos a la playa y las primeras tomas las hicimos bajo un tremendo aguacero, de repente empezó a dejar de llover y a salir el sol y todo comenzó a coger un color precioso; los camarógrafos estaban arrebatados con la temperatura que estaban cogiendo los colores. Las imágenes quedaron, realmente, espectaculares.  

¿Y para cuando estará terminado el video clip? 

En horas. Bilko es hiperactivo y por estos días anda muy sedado… está irreconocible y yo muy nervioso. 

 
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600