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El
Diablo Ilustrado se ha convertido en
incitación y espejo incesante de una
numerosa y creciente cantidad de sus
paisanos, especialmente de los jóvenes.
Motivos tienen, porque esta criatura
reflexiona y propone la reflexión sobre
una gran cantidad de asuntos que pueden
interesar a cualquier ser humano
elementalmente sensible. Y desde que
enseñó su oreja en la revista Somos
Jóvenes se armó de la música,
especialmente de la canción cubana
trovadoresca, para expresar la parábola
de su discurso. Esto se hizo más
evidente cuando lo que en principio
fueron columnas sucesivas en esa
revista, se convirtieron en un libro (El
Diablo Ilustrado), que no sale de
una reedición para entrar en otra.
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Al
llegar a manos de los lectores Las
confesiones del Diablo ―el
segundo libro―, advirtieron una muy
especial forma de darle continuidad, a
la presencia del predicado trovadoresco
en la perpetua conversación de este
personaje que prefiere el anonimato, o
más bien que cada semejante lo encuentre
dentro de sí en su búsqueda del bien y
del amor. Además de lo demás, El Diablo
confiesa su raigal condición de
trovador. Por ello pudo poner a la
cabeza de cada uno de los capítulos
letras de sus canciones.
Conocer la lírica de los temas del
Diablo fue en principio un placer sin
más consecuencia para los lectores, pero
como a sus libros se vuelve una y otra
vez, no tardaron en aparecer los
requerimientos del disfrute completo de
sus canciones. Es decir, poder
escucharlas cantadas. Podría haber sido
un gran problema, porque de alguna
manera lo estaban conminando a dar la
cara, El Diablo lo resolvió de tal
manera, que ahora mismo no hay quien se
lo pueda dejar de agradecer. Acudió, a
través de sus cómplices de la revista
El Caimán Barbudo, a jóvenes
trovadores de varias provincias del
país. Hizo que se le entregara a cada
uno de ellos un tema y después vino el
lío grande para los caimaneros,
encontrar ayuda para celebrar ese
concierto con las canciones del Diablo.
Hubo un primer intento, fallido y
lloviznado en la última Feria del Libro
de La Habana. No se perdió la fe, por
fin se hizo como Dios manda en los tres
primeros del junio recién pasado,
gracias a la disposición de los
integrantes del Proyecto Suerte de
Cangrejos, de Cárdenas, a recibir al
numeroso grupo de trovadores de la Isla,
para poder escuchar por fin los temas
del Diablo.
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Fueron múltiples conciertos en museos,
patios y plazas, que culminaron con un
gran concierto en el Teatro de Cárdenas.
Se le daba al público la posibilidad de
conocer la música del personaje
incógnito y al mismo tiempo se
homenajeaba a todos los integrantes de
de Suerte del Cangrejo, que acaban de
llegar al cuarto año de muy hermosas
realizaciones culturales.
A
medida que se disfrutaba el concierto,
había cada vez más que darle la razón al
Diablo, en eso de no empeñarse mucho en
descubrirlo, sino en buscarlo dentro uno
mismo. Lo digo porque al foro cardenense
subieron los trovadores jóvenes con muy
diversos acercamientos a las canciones y
dichas como si de antaño estuvieran en
sus propios repertorios. Entre los
cantantes y los músicos acompañantes se
generó una honda fraternidad, un deseo
de no separarse, de seguir haciendo las
canciones del Diablo por todos los
sitios de la Isla. Allí estuvieron Ormán
Cala, Yusniel Alega y Dayron Fonseca, de
Granma; Yamira Díaz, de Pinar del Río;
Lien y Rey, y Tony Ávila, de Matanzas;
Yaima Orozco, Michel Portela y Raúl
Marchena, de Villa Clara; Pavel Poveda y
Tamara Castillo, Ray Fernández, Roland
Jarrín, Adriano Rodríguez, Eduardo Sosa,
Juan Carlos Pérez, Samuel Águila,
Fernando Bécquer, Paul Prieto y Fidel
Díaz Castro; nacidos o residentes en la
capital.
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A pesar del entusiasmo general, no hubo
quien dudara que este concierto no se
repitiera jamás. Tal vez no podremos
irnos por toda Cuba al son de la música
del Diablo, pero de momento estamos a
punto de volver a tener el gusto de
contemplar la maravilla. El próximo 6 de
julio desde 12 y 23, hasta Malecón y 23,
en el Vedado, se llevarán a cabo
múltiples acciones culturales bajo el
nombre de “La noche de los libros” para
dar inicio al Verano 2007 en la capital.
Y después de lecturas de poemas, de
cuentos, visionar películas, ventas de
libros y de boletines y tarjetas
impresos para la ocasión…a partir de las
nueve de la noche, ahí mismo debajo de
la cascada, que cae del Hotel Nacional,
se celebrará, con la inmensa mayoría de
los trovadores que estuvieron en
Cárdenas, se hará otra vez El Concierto
de las Canciones del Diablo. Que no sea
la última vez. |