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El Centro Cultural Pablo de la Torriente
Brau ha abierto recientemente una
muestra personal de 41 grabados, entre
colagrafías y litografías de los años
1999 y 2000 de José Luis Posada.
Con esta exhibición rememora a uno de
los mejores dibujantes y caricaturistas
de todos los tiempos que viviese en la
Isla y suma esta acción de homenaje a
ese oficio, siempre apasionante e
imprescindible que es el afán de
cultivar la memoria histórica, el legado
a nuestra plástica.
Una evocación que no se torna nada
metafísica, sino por el contrario,
dinámica y dialéctica, si apreciamos
cómo aún a sus setenta años cumplidos
que es cuando trabaja la serie en
exposición, y ya en plena madurez de sus
facultades técnicas y expresivas, Posada
intentaba, una vez más, abordar un
cambio en sus temas y en la forma para
laborar este otro imaginario que
pretendía. Y si a este nos referimos y
la exhibición, asimismo, se refiere a
los "mitos", no puedo dejar de rememorar
aquella frase que me dijo durante una
entrevista que le hice una tarde de ese
año 2000 en su estudio —entonces en los
altos del restaurante el Patio donde,
rodeados por ese ambiente, un tanto
peculiar, de campanarios y tejados de
centurias pasadas en nuestra Plaza de la
Catedral—, confirmaba su concepto de lo
mitológico a través de la cita de un
estudioso vasco de la mitología y me
decía su definición: «en términos de
magia todo lo que tiene nombre existe, y
si uno quiere llegar a ello tiene que
hablarle con palabras mágicas porque si
no, no hay resultados» me expresó
aquella tarde, precisamente en ese mismo
año en que creaba sobre las cartulinas
que la institución hoy exhibe.
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Se aprecia en las litografías de 1999
aún ese vínculo con la poética surreal,
como la llama el curador español
Francisco Zapico, quien, sin duda, es el
especialista que ha abordado
críticamente con mayor profundidad la
obra del Gallego Posada.
En sus colagrafías domina las texturas
de forma sorprendente para quien es ya
un reputado dibujante y toma
sugerencias plásticas provenientes del
expresionismo abstracto para dotar de
vida a paisajes donde se observa la
coexistencia de la disolución de lo
figurativo en una suerte de lirismo
abstracto, grabados en los que no deja
de estar presente la vehemencia
característica de su personalidad y su
obra, aun cuando recordamos todavía al
más logrado Posada, dibujante mayor y
caricaturista inolvidable.
Etapa interesante de búsquedas táctiles
y visuales es la que podemos apreciar en
la exposición de José Luis Posada que
podrá visitarse durante junio en la
sala Majadahonda, quehacer que creo
hubiera continuado el querido Gallego en
una suerte de trayectoria siempre con
pasión creadora y sin temor a los
cambios, porque, seguro de sí, y de los
retos que el arte reclama, y como
creador infatigable, hubiese sido
incapaz de descansar en los confines del
reconocimiento o en la quietud de las
conquistas alcanzadas.
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