Año V
La Habana
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6 de ABRIL de 2007

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Entrevista con la narradora oral Mayra Navarro

Narración oral: palabra viva

Yinett Polanco • La Habana
 

En el principio fue el Verbo, lo que es decir la palabra y la palabra fue la voz que dijo hágase la luz y se hizo el mundo. Así como la palabra construye universos y abre espacios, así los cuenteros inventan realidades y dibujan, solo con su voz y su propio cuerpo, historias montadas en el aire tan creíbles como cualquier estructura hecha de hormigón. La magia de atrapar a cientos de personas desde un escenario, armada sola de un cuento, llegó a mí hace muchos años de la mano (o de la voz, que en este caso es lo mismo) de Mayra Navarro. Como una asignatura optativa apareció aquel taller de narración oral y la experiencia ―que todavía mis amigos recuerdan― de narrar un cuento en el cine del preuniversitario Lenin repleto de personas. Ese taller fue uno entre tantos que Mayra ha impartido en nuestro país, Argentina, Colombia, España, Guatemala, México y Venezuela, ella, además es autora del libro Aprendiendo a contar cuentos. De aquel taller acá me he seguido tropezando con Mayra alguna que otra vez pero no fue hasta la reciente celebración del Festival de Narración Oral Primavera de Cuentos 2007 que tuve la oportunidad de hacerle una entrevista a mi antigua profesora.

¿Cómo llega la narración oral a la vida de Mayra Navarro?

En 1962 María Teresa Freyre de Andrade, entonces directora de la Biblioteca Nacional (BN), trajo al equipo de especialistas de aquel lugar a personas muy puntuales que ella consideraba que debían estar allí para hacer la cultura en aquel momento histórico del comienzo de la Revolución de rompimiento con el estatus social existente. Entre esas personas estaba Eliseo Diego quien vino como director del Departamento de literatura infantil y narración oral. Eliseo Diego era un pedagogo, un hombre con un conocimiento muy profundo del mundo de los niños y a mi juicio en eso tenía mucho que ver su espíritu de poeta. En ese departamento se publicó la colección Textos para narradores que tenía dos vertientes, una eran cuentos adaptados, preparados ya para contarlos, para poderlos distribuir en todas las bibliotecas para que las narradoras tuvieran un material bueno, de primera mano, donde apoyarse y además otra parte que se llamaba Teoría y técnica del arte de contar que eran las primeras traducciones hechas al español de textos de teóricos de la narración oral en el mundo, porque en aquel entonces no existían textos para que los narradores de habla hispana pudieran conocer la teoría del arte de contar cuentos.

Este trabajo duró varios años y fue en aquel momento que yo entré a trabajar en ese departamento como auxiliar de música en el departamento juvenil de la Biblioteca. Por una coyuntura que me fue muy favorable la narradora de allí no podía continuar en ese trabajo y nos pidieron apoyo a todas las jóvenes que trabajábamos en la biblioteca juvenil para que La hora del cuento tuviera una narradora hasta que apareciera otra que asumiera ese trabajo. Cuando nos dijeron eso todas nos quedamos sobrecogidas pero yo, que había estado escuchando a esa narradora y me había deslumbrado con aquello, dije: yo. Y empecé a contar.

Mi primer cuento sé hoy que fue un pálido reflejo de lo que debe ser la narración oral con niños, pero algo debieron ver en mí o quizá fuera porque era la única disponible, el caso es que empecé a ocuparme de eso en serio, al punto de que yo era estudiante de música y dejé de estudiarla, no trabajé más como especialista de música, sino que pasé a ser una especialista de narración bajo la tutela de Eliseo Diego y de María del Carmen Garsini quien era como la mano derecha de Eliseo en ese departamento. De esa manera empecé. Recuerdo las tardes memorables cuando yo era la única alumna de Eliseo y lo escuché decir poemas de Vallejo, leerme textos hermosísimos del Libro de las horas y luego él, María del Carmen Garsini, la doctora María Teresa Freyre y la doctora Audrey Mancebo, eran los profesores de los seminarios para formar narradores y yo devine la modelo de lo que ellos querían que la gente hiciera. Después andando el tiempo terminé mi bachillerato, estudié pedagogía y me dediqué completamente, en cuerpo y alma, a la narración oral. He hecho muchas otras cosas, pero siempre digo que la narración oral para mí ha sido mi pasión y mi razón, un instrumento de trabajo en todos los frentes en los que he estado. Después hice una maestría en educación por el arte y mi tesis de graduación fue precisamente eso: la narración oral en el trabajo sociocultural, como el animador y el promotor cultural deben usar esa herramienta de la educación por el arte, que es el arte de contar cuentos.

La narración oral ha ido ganando en reconocimiento y ya hoy se considera una especialidad dentro de las artes escénicas, ¿cómo ha sido ese proceso?

Primero que todo desde la Biblioteca Nacional generamos muchos narradores para las bibliotecas, trabajamos también con los círculos infantiles, con los jardines de la infancia… es decir, se veía la narración solo para un público infantil. Después en la década del 70 la narración oral tuvo un boom y se incluyó también al público adulto como un público importante y necesitado del arte de contar cuentos. Ha sido un largo proceso, llevo 45 años contando cuentos, de ellos más de 20 fueron nada más contando para los niños y por entonces no me conocía nadie hasta que no empecé a contar para adultos que son quienes en definitiva pasan a ser un público que decide, selecciona y valora. En este momento nosotros estamos haciendo este trabajo desde el Gran Teatro de La Habana, sede durante muchos años de talleres de narración oral, de formación de narradores bajo la labor de la Cátedra itinerante de narración oral y escénica que fundó y dirige Francisco Garzón Céspedes. Ahora en el Gran Teatro de La Habana (GTH) fundamos el Foro de narración oral del GTH, un foro integrado por cuatro proyectos de narración oral adscritos al Centro de Teatro de La Habana ―esa es otra cosa que hemos ganado: el centro nos tiene como profesionales, como proyectos artísticos― está el proyecto NarrArte que yo dirijo, el proyecto Te cuento, dirigido por Octavio Pino, el proyecto Para contarte mejor dirigido por Ricardo Martínez y el proyecto Guaycanamar, de Tania González. Esos cuatro proyectos somos la célula madre de este foro el cual, no obstante, está pensado para recibir a todos los narradores orales en ejercicio que quieran sumarse. Las líneas de trabajo son las mismas de todos estos años: superación e información de narradores, presentaciones de espectáculos puntuales en espacios que ya existen dentro del GTH y también presentación de funciones o espectáculos coyunturales que puedan ser dentro del GTH o de extensión pedidos por otras instituciones, festivales como el Fiesta con duendes, completamente dedicado a los niños, conducido por Octavio Pino y auspiciado por el GTH y el Centro de Teatro de La Habana o como este Festival Primavera de cuentos, que yo dirijo. En este Festival han estado representado no solo narradores de Ciudad de La Habana sino también de otras provincias y hemos tratado de tener un lenguaje que nos identifique y nos defina como una profesión, como un oficio, para poder hablar en un lenguaje común.

Hay una tendencia de demarcar insistentemente los límites entre la narración oral y el monólogo, ¿por qué?

Porque el monólogo corresponde a otro arte que es el arte teatral y la narración oral es un arte en sí mismo que tiene sus leyes propias, no es tributario del teatro como tampoco es tributario de ninguna de las ciencias sociales aunque se utiliza muchas veces en función pedagógica, sociocultural, etc., es un arte independiente, es el arte de la palabra viva.

Usted decía que los juglares eran una suerte de padres de los actuales narradores orales…

El juglar surge de la cultura popular y la cultura popular juega un papel de génesis de este fenómeno, pero ya en este momento, al decir de Eliseo Diego, los narradores orales contemporáneos somos una suerte de juglares o cuenteros populares artificiales en el mejor sentido de la palabra, porque tenemos una comprensión fenoménica del hecho artístico oral y nos proyectamos de otras maneras.

Se da por descontado la importancia de la voz a la hora de narrar un cuento, pero también pesan un gesto, una mirada, un silencio… ¿cómo se arma ese espacio donde se narra un cuento?

La palabra no está independiente de todo el movimiento, la palabra también está en movimiento. El hecho oral no se separa nunca de los lenguajes no verbales, los lenguajes no verbales ―sobre todo para las culturas latinas, que es el tronco de nuestra cultura― son muy importantes para poder dar esos otros valores a la palabra, que digan a veces lo que la palabra no dice.

¿Uno escoge un cuento o el cuento lo escoge a uno?

Uno escoge, pero al final el cuento lo escoge a uno, porque hay cuentos que uno los cuenta una vez, dicen lo que tienen que decir y se van, pero hay otros cuentos que se quedan para siempre y permanecen en la sangre y en la vida de los narradores.
 
 

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La Habana, Cuba. 2007.
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