Año V
La Habana
3 al 9 de MARZO
de 2007

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

Presencia del coturno americano

Humberto Arenal • La Habana


El domingo 11 de febrero, en la Feria del Libro de La Habana 2007, tuve el placer de presentar el libro Calzar el coturno americano, de la profesora de la Universidad de La Habana Elina Miranda Cancela. Quise entonces expresar al numeroso público que asistió a la presentación y venta del libro, mi satisfacción de que tengamos a partir de ahora una referencia bibliográfica tan cuidada y extensa de un tema que lo merece.

Confieso que cuando leí este libro por primera vez, como presidente del jurado del Premio de Teatrología Rine Leal 2005, convocado por Ediciones Alarcos, lo hice con la premura que siente uno por encontrar entre muchos un ganador absoluto. Estoy seguro que es una experiencia que uno enfrenta lo mejor que puede cuando asume el ser jurado de un concurso. Un pecado menor pero que le roba a uno el placer de la buena y pausada lectura. Pero ahora con tiempo y paciencia lo he leído con el interés que merece.

Con placer lo he tenido unos cuantos días entre mis manos, y esta vez he calibrado en buena medida la excelencia de este libro tan útil y necesario en la dramaturgia cubana. La espera no ha sido en vano, ahora tenemos la compensación de este momento de máxima lectura. El tema no es nuevo, ha sido tratado por algunos estudiosos, pero en este caso sorprende por la prolijidad y ampliación con que lo asume la profesora Elina Miranda, producto, como ella misma confiesa, de muchos años de labor investigativa y creadora.

Se trata nada menos que de un minucioso y documentado recorrido por la presencia en la literatura dramática cubana de la tragedia ática; una materia conocida y tratada por los estudiosos cubanos del tema, pero nos atrevemos a aseverar que nunca ha sido asumido con tanta profundidad y estudio por los investigadores de teatro.

Y para corroborar lo antes dicho, me permito citar la nota que aparece en la contraportada del libro: “La ensayista y profesora universitaria Elina Miranda Cancela reúne en este libro una decena de ensayos nucleados en torno a una temática común: estudiar cómo ha asimilado e integrado la tradición teatral cubana desde El príncipe jardinero y fingido Cloridano, el texto inaugural de Santiago Pita, hasta Bacantes, de Raquel Carrió y Flora Lauten, estrenada en 2001, los mitos y cánones trágicos de la antigüedad clásica griega”. Y no es necesario más. Ya están ustedes iniciados en la aventura intelectual que propicia este libro; ejemplar experiencia por su profundidad y diversidad.

Dicho así, a algunos conocedores de la materia les pudiera parecer un hecho sabido y consumado. Pero me atrevo a aseverar, y quizás no es más que mi apresurada opinión; nunca fue asumido antes con tanta autoridad y minuciosidad. Y me atrevo a dar esta opinión, no solo porque he seguido especialmente, a partir de la década de los años cincuenta del pasado siglo XX casi todos los textos y puestas en escenas cubanos inspirados en el tema, si no por algo más personal. Me unió al teatrólogo cubano Rine Leal una buena y fructífera amistad, y en nuestras largas y frecuentes charlas en la terraza de mi casa (fuimos vecinos cercanos durante casi 20 años) con su conocida erudición teatral me fue nutriendo en muchas ocasiones mis ansias de saber más y mejor sobre todos los aspectos de la escena cubana. Los nombres de los autores aparecían con frecuencia. Y así inevitablemente surgían referencias como estas que ahora se me amplían. José María Heredia se decide a calzarse el coturno americano, según carta que le envía a Domingo del Monte el l5 de abril de 1827:

“Voy por fin a calzarme el coturno americano, y a procurar pintar con el buril de Alfieri la catástrofe de Cualpopoca.”

He citado este dato tan exacto, porque hasta ahora lo desconocía y creo que puede ser de gran utilidad a los estudiosos de nuestro teatro.

Esta es la génesis de la conocida obra de José María Heredia Tiberio. Heredia, como escribiría Rine Leal en algún momento: “tiene el mérito de ser el dramaturgo que se plantea el teatro en grande y que ya posee una concepción trágica que soñara alguna vez aplicar a América como tierra única”. Pero no se detenía Rine en el mérito indudable de Heredia, más de una vez me ponderaba el talento teatral de Joaquín Lorenzo Luaces, a quien yo tenía más que nada como un talentoso poeta. Pero Rine Leal afirmaba, y con el tiempo estuve de acuerdo con él, que Luaces fue el mejor comediógrafo del teatro cubano del siglo XIX, lo que pude valorar personalmente cuando dirigí su fabulosa comedia El fantasmón de Aravaca. También fue autor de una tragedia griega basada en Aristodemo. Esta obra fue ponderada por el exigente crítico Enrique Piñeyro en un artículo publicado después de su muerte. E inevitablemente hablamos de José Martí como dramaturgo, que ya es sabido escribió Abdala con solo 16 años. Martí manifestó su admiración por los trágicos griegos, sobre todo por Esquilo. Su teatro, como es aceptado por muchos, no está entre lo mejor de su labor literaria, pero fue una constante en su vida. Dejó algunas crónicas que merecen ser leídas y valoradas. Pero esa posibilidad desborda el propósito de este artículo.

Pudiera seguir citando a Rine Leal, al que estoy seguro que la autora no le niega maestría del tema, pero si lo he referido es porque creo ver en esta obra que la profesora Elina Miranda ha andado y superado en cierta medida el camino que trazó Rine Leal como maestro y autor de indudable mérito, a quien no podemos obviar. Creo que es un acto de elemental justicia y reconocimiento.

El teatro griego está en el teatro cubano, y sigue estándolo porque como afirma el conocido teórico Jan Kott, citado por la autora, “…los clásicos reviven cuando se da la colisión del texto clásico con nuevas experiencias políticas e intelectuales”.

Esto es tan actual, especialmente en el amplio ámbito americano, que no hay que buscar tan solo ejemplos y pruebas netamente teatrales, que las podríamos citar, es que estoy seguro las vamos a encontrar en la más inmediata y actual realidad del continente americano. Hay una identificación entre mito y realidad, entre el teatro en su acepción más amplia y abarcadora y la realidad social y política nuestra; lo que resulta a veces inexplicable es que no esté presente con más frecuencia y diversidad de enfoque. Esto, por sí solo, merece todo un estudio cuidadoso y aparte, y está en la génesis de este valioso libro.

La autora destaca el estreno el 23 de octubre de 1948 de la obra de Virgilio Piñera Electra Garrigó, en el teatro Valdés Rodríguez, escrita en 1941, un dato muy significativo. La obra fue recibida con opiniones muy variadas, significativas y radicales. Es bueno decir que Piñera, a quien conocí bien a partir de mi puesta en escena de su obra Aire Frío en 1962, se reía muy regocijado con la afirmación de algunos de los que asistieron al estreno, de que su obra era como “un escupitajo al Olimpo”. Mucho pudiera decir sobre esta obra que en buena medida me reafirmó que el teatro cubano, y especialmente el de Piñera, contaba con audaces y talentosos dramaturgos, pero no es oportuno ni necesario. Hoy muy pocos son capaces de negar un hecho tan contundente. Pero, ¿a dónde voy a parar con tantas referencias, ajenas en parte a la autora de este libro que considero acucioso y exacto en su indagación? Muy simple. Nada ni nadie viene de la nada, según aseguran muchos ilustres pensadores y casi todos hemos comprobado. Este libro tiene antecedentes y también yo pudiera reiterarle mi sincera admiración por lo mucho que aporta. Pero no es necesario. Su valor actual está en sí mismo. Hay mucho y bueno en él. A través del volumen desfilan autores tan notables como José Triana y su Medea en el espejo, estrenada el 17 de diciembre de 1960, dirigida por Francisco Morín. Carlos Felipe y su Réquiem por Yarini, todo un complejo símbolo social. Antón Arrufat y su discutida Siete contra Tebas. Y Alejo Carpentier con su renombrada Aprendiz de bruja, su única obra de teatro. En fin, no se trata aquí de dar la totalidad de un libro que se destaca por su complejidad y entrelazado intelectual. Ya lo comprobarán sus lectores, que predecimos serán muchos.

Finalmente quiero dejar sentado que este volumen pienso quedará como un imprescindible libro de consulta, que no solo los dramaturgos, los directores, y hasta los actores y críticos se pueden beneficiar de él. Su espectro es amplio y trascendente.

 
 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600