Año V
La Habana
2007

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TE PONGA EL PLATO?

Larga Gaceta verde, de Pinar a Guantánamo*

Omar Valiño  La Habana

Así como Abelardo Estorino imagina en su ensueño ―contado en estas páginas―, la entrada de José Lezama Lima y Virgilio Piñera en la tertulia delmontina protagonizada, para él esta vez sólo en Matanzas, por José Jacinto Milanés; así podemos apreciar La Gaceta de Cuba: como tertulia “interminable (del) atlas espiritual del país”, si extendemos a toda ella, y de manera permanente, este enunciado de los editores a propósito del recorrido que, “por los extraños pueblos”, siguiendo la pauta del poeta, es núcleo de este número.  

Sus anfitriones principales ―Oh, Dios mío―, no son Domingo del Monte ni Rosa Aldama con sus champolas de guanábana, sino Norberto Codina y Arturo Arango, junto a un equipo no siempre idéntico en los últimos 20 años, pero siempre eficaz gracias a su “alta tensión intelectual”. Todos, desde sus respectivos sitios, acogen/proponen cada dos meses la tertulia. Si puede parecer paréntesis demasiado abierto entre una y otra, recuerdo a sus participantes que no bien agotados los ecos de la antigua, arriba presurosa y puntualísima la próxima, extraño milagro insular y caribeño, y se lo dice alguien que sabe de estos menesteres. Ah, eso sí, los viajes en el tiempo acarrean pérdidas: olvídense de las champolas de guanábana, ni en los extraños pueblos, Eliseo, ni en los centros espirituales. 

Asomémonos, pues, a esta tertulia. El jolgorio es visible y hay más visitantes que de costumbre. La celebración parece dictada por la cita de varios premiados y ciertas euforias pueden achacarse a una mayoría que, como yo, es del interior y que padecen, no como yo, “ser del interior”, para decirlo con Arango. Los habaneros pueden contarse con los dedos de una mano, ergo, menos industrialistas que nunca en esta Gaceta, digo, en esta tertulia. 

La cosa en sí entra en materia con la lectura de tres cuentos, los vencedores del concurso más reciente auspiciado por la propia publicación, de Polina Martínez Shvietsova y Orlando Luis Pardo y el triunfante en el Premio Juan Rulfo, de Miguel Barnet. Los tres concomitantes en revisar marginalidades y periferias. La agenda de viajes y vacíos, de instantáneas nunca de primavera, de una ruso-cubana, el extraordinario encuentro entre un hombre y una muñeca Lilí, tal vez cerca de la fábrica ahora abandonada donde las producían, y los avatares del travesti Fátima, nombre de guerra de Manuel García, como aquel Rey de los campos de Cuba, ahora princesa nocturna del Parque de la Fraternidad. 

Ese desplazamiento hacia situaciones de enunciación periféricas en estas narraciones marca el foco de la dramaturgia de la tertulia, de tal urdimbre que parece bordada sola; inmejorable preámbulo del mencionado núcleo de esta sesión.  

Cuando Norge Espinosa escucha en uno de los cuentos la mención a “su” Alamar, enciende bombillo rojo, poco después salta para contar sobre un disco, Alamar express, que le sirve para preguntarse a qué suena Alamar, el barrio, no el disco. Yo no lo sé, pero sí sé que suena alto, al menos eso recuerdo. Proclama que lo entregará a Sarría para la Sección de Crítica, entonces aprovechan los pretendientes de esas páginas finales de la revista y con él se apretujan Montesino sobre un libro de David Mateo, los muy jóvenes críticos Misael Verdazco sobre un poemario de Alberto Marrero, David Leyva sobre otro de Juan David y sus caricaturas, Darién Sánchez sobre una exposición de Jorge Camilo Díaz Olivares y Marialina García Ramos repasa materiales audiovisuales medio escondidos en los últimos años. 

Derrotada la intromisión, los camagüeyanos, como sus precursores de antaño, avanzan en caballería sobre occidente. Rompen fuego en el recorrido por los extraños pueblos. Fenelo Noda nos cuenta de los guapos recientes, y ya extintos, de Florida, Roberto Méndez de su iniciación en la lectura en la holguinera Gibara, Osvaldo Gallardo de Vertientes y Oneyda González de Najasa. Al rememorar ella que por allí murió, en 1917, durante la Guerrita de la Chambelona, el padre de Nicolás Guillén, interrumpe Ciro Bianchi Ross, desde la esquina donde da una clase a Susadny González ―que, nota al pie, nació en ¡1987! ― sobre cómo hacer una buena entrevista, y revela que aquel fue muerto por la tropa al mando del padre de Lezama, según le confesara a él mismo Nicolás, en conversación de la cual da detalles. En ese instante, Pepe Estorino no quiere que aparezca Lezama alguno por esa tertulia.

Pasada la tensión aprovechan los avileños, acaso por la vecinería con los camagüeyanos e Ileana Álvarez se detiene en el barrio de Chincha Roja, mientras Ibahim Doblado conversa en Turiguanó con su abuelo. Los de Sancti Spíritus, llegados en el camión verde de Sicilia, ceden el turno a su transportista oficial para iniciar la tonada espirituana, con su entrañable recorrido, tantas veces desandado, entre Cabaiguán y Santa Clara. Liudmila Quincoses cuenta sobre una estancia infantil en La Boca. Rodríguez Salvador gana a sus primos en las ventajas de Taguasco sobre la capital y Bernal Echemendía olvida al repasar sus memorias de Tuinicú el aguardiente de su destilería ―imperdonable. 

Toca el turno a los matanceros y Ulises Rodríguez Febles rememora su Valle de Guacamaro, Gerardo Fernández los personajes que encontró en el Colón de su niñez para sus seriales televisivos, Gastón Varona se ufana de Manguito.

Los demás tertuliantes no se agrupan por regiones y leen dispersos sus crónicas. Reinier Pérez-Hernández se lamenta por la destrucción de Los Dos Hermanos en Surgidero de Batabanó, Caridad Atencio por los cines de Marianao, Claro Misael Salcines evoca el paradero de Cumbre y Argelio Santiesteban Manzanillo, Osvaldo Cano sus escapadas cinéfilas a Las Cañas y hasta el precursor Regino Eladio Boti navega por la costa sur guantanamera. 

Viendo el tono por el que discurre la tarde, el actor Osvaldo Doimeadiós, que ha sido invitado a hacer reír con su genio magnífico, decide cambiar para su testimonio de destrucciones y se dispone para Santa Cecilia, no sin antes brindar respuestas a su coterráneo holguinero Leandro Estupiñán. 

Los pinareños se hacen los bobos para cumplir con su leyenda, pero en verdad se han reservado para el final porque quieren ser el pórtico de otro momento central de la tertulia: el homenaje a Pedro Pablo Oliva por su Premio Nacional de Artes Plásticas. Antes Nelson Simón lee un poema al Puerto del Morrillo, Ulises Cala se baja en Boca de Galafre a descubrir historias, René Valdés ve a San Luis más allá del tabaco. 

Magali Espinosa y David Mateo elogian a partes iguales a Oliva, destacando tanto la grandeza de su lirismo pictórico como su alma generosa, nunca caritativa o filantrópica, sino consciente del liderazgo intelectual y artístico que tantos proyectos ha salvado, defendido o  estimulado en su Pinar. Pedro Pablo agradecerá poniendo en manos de Codina numerosas imágenes que ilustrarán todo el número, ubicadas ―junto a algunas obras de Vladimir León― con su diseño estilísticamente propio, reconocible, conseguido en su totalidad, de la mano de José Luis Vega, Osmany Torres y David Mateo. 

Jesús David Curbelo aguanta su nota hasta el mismísimo cierre. Sitúa besos como alfileres a largo de la isla, cual mujer sobre la hierba. 

Barnet admirado ante el despliegue histriónico de Doime en la despedida teatral de la tertulia, consulta a Estorino sobre si Osvaldo no querrá asumir como monólogo escénico el cuento sobre Fátima. 

Entre los aplausos eufóricos de los contertulios, invitados por Sicilia muchos suben al camión verde todavía sin rumbo preciso. Senel agita para desembarcar en Cabaiguán a toda esa gente importante, pero Pedro Pablo dice que de eso nada, que la escala primera es Pinar del Río, que él paga el petróleo. 

Si fueran otros tiempos, los míos de la propia Gaceta, digamos ―entonces sin gaticos ni perritos―, me montaría sin mirar atrás y, escudado en las dificultades con los teléfonos, llamaría a La Habana a los tres días. Pero ahora, aunque sigo sin tener gatos ni perros, entre los niños, Maité y tablas, más las mejoras de ETECSA, no puedo ni pensarlo. 

Así que debo conformarme con la tertulia grapada en estos pliegos, con leer como tantos, esta revista imprescindible de los últimas dos décadas de la Isla, con leer La Gaceta de Cuba

Con una imagen de Oliva en portada y otra de Boti pintor en contracubierta, parte el camión, verde, claro. Ahí va la tertulia, La Gaceta, itinerante, con el color del país, con la isla toda encima, larga Gaceta verde, de Pinar a Guantánamo. 

* Palabras leídas el jueves 15 de febrero de 2007 en la Sala “Rubén Martínez Villena”, de la UNEAC, como presentación del número 1 (enero-febrero), de 2007, de La Gaceta de Cuba.

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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