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Así
como Abelardo Estorino imagina en su
ensueño ―contado en estas páginas―, la
entrada de José Lezama Lima y Virgilio
Piñera en la tertulia delmontina
protagonizada, para él esta vez sólo en
Matanzas, por José Jacinto Milanés; así
podemos apreciar La Gaceta de
Cuba: como tertulia “interminable
(del) atlas espiritual del país”, si
extendemos a toda ella, y de manera
permanente, este enunciado de los
editores a propósito del recorrido que,
“por los extraños pueblos”, siguiendo la
pauta del poeta, es núcleo de este
número.
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Sus
anfitriones principales ―Oh, Dios mío―,
no son Domingo del Monte ni Rosa Aldama
con sus champolas de guanábana, sino
Norberto Codina y Arturo Arango, junto a
un equipo no siempre idéntico en los
últimos 20 años, pero siempre eficaz
gracias a su “alta tensión intelectual”.
Todos, desde sus respectivos sitios,
acogen/proponen cada dos meses la
tertulia. Si puede parecer paréntesis
demasiado abierto entre una y otra,
recuerdo a sus participantes que no bien
agotados los ecos de la antigua, arriba
presurosa y puntualísima la próxima,
extraño milagro insular y caribeño, y se
lo dice alguien que sabe de estos
menesteres. Ah, eso sí, los viajes en el
tiempo acarrean pérdidas: olvídense de
las champolas de guanábana, ni en los
extraños pueblos, Eliseo, ni en los
centros espirituales.
Asomémonos, pues, a esta tertulia. El
jolgorio es visible y hay más visitantes
que de costumbre. La celebración parece
dictada por la cita de varios premiados
y ciertas euforias pueden achacarse a
una mayoría que, como yo, es del
interior y que padecen, no como yo, “ser
del interior”, para decirlo con Arango.
Los habaneros pueden contarse con los
dedos de una mano, ergo, menos
industrialistas que nunca en esta
Gaceta, digo, en esta tertulia.
La
cosa en sí entra en materia con la
lectura de tres cuentos, los vencedores
del concurso más reciente auspiciado por
la propia publicación, de Polina
Martínez Shvietsova y Orlando Luis Pardo
y el triunfante en el Premio Juan Rulfo,
de Miguel Barnet. Los tres concomitantes
en revisar marginalidades y periferias.
La agenda de viajes y vacíos, de
instantáneas nunca de primavera, de una
ruso-cubana, el extraordinario encuentro
entre un hombre y una muñeca Lilí, tal
vez cerca de la fábrica ahora abandonada
donde las producían, y los avatares del
travesti Fátima, nombre de guerra de
Manuel García, como aquel Rey de los
campos de Cuba, ahora princesa nocturna
del Parque de la Fraternidad.
Ese
desplazamiento hacia situaciones de
enunciación periféricas en estas
narraciones marca el foco de la
dramaturgia de la tertulia, de tal
urdimbre que parece bordada sola;
inmejorable preámbulo del mencionado
núcleo de esta sesión.
Cuando Norge Espinosa escucha en uno de
los cuentos la mención a “su” Alamar,
enciende bombillo rojo, poco después
salta para contar sobre un disco,
Alamar express, que le sirve para
preguntarse a qué suena Alamar, el
barrio, no el disco. Yo no lo sé, pero
sí sé que suena alto, al menos eso
recuerdo. Proclama que lo entregará a
Sarría para la Sección de Crítica,
entonces aprovechan los pretendientes de
esas páginas finales de la revista y con
él se apretujan Montesino sobre un libro
de David Mateo, los muy jóvenes críticos
Misael Verdazco sobre un poemario de
Alberto Marrero, David Leyva sobre otro
de Juan David y sus caricaturas, Darién
Sánchez sobre una exposición de Jorge
Camilo Díaz Olivares y Marialina García
Ramos repasa materiales audiovisuales
medio escondidos en los últimos años.
Derrotada la intromisión, los
camagüeyanos, como sus precursores de
antaño, avanzan en caballería sobre
occidente. Rompen fuego en el recorrido
por los extraños pueblos. Fenelo Noda
nos cuenta de los guapos recientes, y ya
extintos, de Florida, Roberto Méndez de
su iniciación en la lectura en la
holguinera Gibara, Osvaldo Gallardo de
Vertientes y Oneyda González de Najasa.
Al rememorar ella que por allí murió, en
1917, durante la Guerrita de la
Chambelona, el padre de Nicolás Guillén,
interrumpe Ciro Bianchi Ross, desde la
esquina donde da una clase a Susadny
González ―que, nota al pie, nació en
¡1987! ― sobre cómo hacer una buena
entrevista, y revela que aquel fue
muerto por la tropa al mando del padre
de Lezama, según le confesara a él mismo
Nicolás, en conversación de la cual da
detalles. En ese instante, Pepe Estorino
no quiere que aparezca Lezama alguno por
esa tertulia.
Pasada la tensión aprovechan los
avileños, acaso por la vecinería con los
camagüeyanos e Ileana Álvarez se detiene
en el barrio de Chincha Roja, mientras
Ibahim Doblado conversa en Turiguanó con
su abuelo. Los de Sancti Spíritus,
llegados en el camión verde de Sicilia,
ceden el turno a su transportista
oficial para iniciar la tonada
espirituana, con su entrañable
recorrido, tantas veces desandado, entre
Cabaiguán y Santa Clara. Liudmila
Quincoses cuenta sobre una estancia
infantil en La Boca. Rodríguez Salvador
gana a sus primos en las ventajas de
Taguasco sobre la capital y Bernal
Echemendía olvida al repasar sus
memorias de Tuinicú el aguardiente de su
destilería ―imperdonable.
Toca
el turno a los matanceros y Ulises
Rodríguez Febles rememora su Valle de
Guacamaro, Gerardo Fernández los
personajes que encontró en el Colón de
su niñez para sus seriales televisivos,
Gastón Varona se ufana de Manguito.
Los
demás tertuliantes no se agrupan por
regiones y leen dispersos sus crónicas.
Reinier Pérez-Hernández se lamenta por
la destrucción de Los Dos Hermanos en
Surgidero de Batabanó, Caridad Atencio
por los cines de Marianao, Claro Misael
Salcines evoca el paradero de Cumbre y
Argelio Santiesteban Manzanillo, Osvaldo
Cano sus escapadas cinéfilas a Las Cañas
y hasta el precursor Regino Eladio Boti
navega por la costa sur guantanamera.
Viendo el tono por el que discurre la
tarde, el actor Osvaldo Doimeadiós, que
ha sido invitado a hacer reír con su
genio magnífico, decide cambiar para su
testimonio de destrucciones y se dispone
para Santa Cecilia, no sin antes
brindar respuestas a su coterráneo
holguinero Leandro Estupiñán.
Los
pinareños se hacen los bobos para
cumplir con su leyenda, pero en verdad
se han reservado para el final porque
quieren ser el pórtico de otro momento
central de la tertulia: el homenaje a
Pedro Pablo Oliva por su Premio Nacional
de Artes Plásticas. Antes Nelson Simón
lee un poema al Puerto del Morrillo,
Ulises Cala se baja en Boca de Galafre a
descubrir historias, René Valdés ve a
San Luis más allá del tabaco.
Magali Espinosa y David Mateo elogian a
partes iguales a Oliva, destacando tanto
la grandeza de su lirismo pictórico como
su alma generosa, nunca caritativa o
filantrópica, sino consciente del
liderazgo intelectual y artístico que
tantos proyectos ha salvado, defendido
o estimulado en su Pinar. Pedro Pablo
agradecerá poniendo en manos de Codina
numerosas imágenes que ilustrarán todo
el número, ubicadas ―junto a algunas
obras de Vladimir León― con su diseño
estilísticamente propio, reconocible,
conseguido en su totalidad, de la mano
de José Luis Vega, Osmany Torres y David
Mateo.
Jesús
David Curbelo aguanta su nota hasta el
mismísimo cierre. Sitúa besos como
alfileres a largo de la isla, cual mujer
sobre la hierba.
Barnet admirado ante el despliegue
histriónico de Doime en la despedida
teatral de la tertulia, consulta a
Estorino sobre si Osvaldo no querrá
asumir como monólogo escénico el cuento
sobre Fátima.
Entre
los aplausos eufóricos de los
contertulios, invitados por Sicilia
muchos suben al camión verde todavía sin
rumbo preciso. Senel agita para
desembarcar en Cabaiguán a toda esa
gente importante, pero Pedro Pablo dice
que de eso nada, que la escala primera
es Pinar del Río, que él paga el
petróleo.
Si
fueran otros tiempos, los míos de la
propia Gaceta, digamos ―entonces
sin gaticos ni perritos―, me montaría
sin mirar atrás y, escudado en las
dificultades con los teléfonos, llamaría
a La Habana a los tres días. Pero ahora,
aunque sigo sin tener gatos ni perros,
entre los niños, Maité y tablas,
más las mejoras de ETECSA, no puedo ni
pensarlo.
Así
que debo conformarme con la tertulia
grapada en estos pliegos, con leer como
tantos, esta revista imprescindible de
los últimas dos décadas de la Isla, con
leer La Gaceta de Cuba.
Con
una imagen de Oliva en portada y otra de
Boti pintor en contracubierta, parte el
camión, verde, claro. Ahí va la
tertulia, La Gaceta, itinerante,
con el color del país, con la isla toda
encima, larga Gaceta verde, de Pinar a
Guantánamo.
* Palabras leídas el
jueves 15 de febrero de 2007 en la Sala
“Rubén Martínez Villena”, de la UNEAC,
como presentación del número 1
(enero-febrero), de 2007, de La
Gaceta de Cuba. |