Año V
La Habana
2007

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Amado del Pino • La Habana

Este sábado fue para Tania día de peinado y para mí una jornada de ansiedad. Como solemos —afortunadamente— hacer tantas y variadas cosas juntos, unas seis horas de separación me las siento y suelen disparar mi pertinaz impaciencia. La última tanda de embellecimiento transcurrió bastante rápida. Por estos días ando en una etapa febril de mis búsquedas sobre la vida y la obra de Miguel Hernández. Me quedé sin nadie al lado, pero con la fecunda compañía de un par de biografías de Miguel que tuvieron la buena fe de prestarme los de la Fundación que lleva su nombre en la natal ciudad alicantina de Orihuela.

Cuando mi mujer llegó de la calle, me encontraba muy concentrado en la lectura y antes de que mis ojos pudieran verla, le solté: “Nené, qué linda quedaste”. Ella  se percató de que tenía el “texto”, el parlamento, el vocadillo prefabricado. A eso se le llama en el teatro “actuar resultados”. Es decir, no se vive ni se siente el proceso interno que lleva a la acción o la palabra orgánica y lógica, sino que se va directo al final. Caer en esa tentación es fácil, pues tal vez el intérprete anda por la función cien y a la cifra de representaciones hay que sumarle la multitud de ensayos en los que —para poner el ejemplo de mi vida cotidiana— la mujer entró de la calle y él debió celebrarle el peinado. En mi caso sabía que si no  lo soltaba el piropito inmediatamente se me olvidaría y le hablaría a mi recién peinada media naranja de cualquier otra cosa. Tampoco se trata de hacerle a la mujer de uno aquello del chiste. Ella llega de la peluquería muy contenta de su nuevo aspecto y se lo anuncia al esposo. Él —tal vez sin levantar los ojos del periódico o del partido de fútbol— le dice: “¿Y qué pasó? ¿Estaba cerrada?”

Después de todo, el inocuo incidente sirvió para hacerme recordar uno de los tantos matices de mi querido arte teatral. Ahora que ando lejos, me pego a Internet —aunque tenga que arañarme el bolsillo en un locutorio público— y estoy al tanto de la vida escénica cubana. Supe de los 25 años de la revista Tablas, tan vinculada a los sueños teatrales de muchos, me sentí un poco viejo pero feliz de ver a Vivian Martínez Tabares, a Omar Valiño, al maestro Estorino y tantos otros afectos recordando ese cuarto de siglo de estrenos, comentarios y esperanzas. Murrieta es un tipo fuera de serie: fotógrafo, redactor, comunicador nato que hace una excelente página web, muy útil para los que —dentro o fuera, en la noche o la mañana— necesitamos informarnos sobre nuestra escena. Voy a felicitarlo y rápido, antes de que corra el peligro de que se me olvide.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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