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El corresponsal de guerra se expone
regularmente a la violencia y a la
tragedia humana en sus formas más
extremas. El testimonio de los hechos
que presencia en ocasiones no encuentra
cabida en los textos informativos que
publican los medios de prensa
internacionales, pues la verdadera
miseria del pueblo, la cara menos
mediática y más devastadora de los
conflictos armados, queda escondida tras
una nube de estadísticas, operaciones
militares y disquisiciones sobre
estrategias políticas.
Giovanni Porzio, corresponsal italiano
de la revista Panorama, así lo ha
entendido en su recorrido por los peores
escenarios mundiales de finales del
siglo XX y principios del XXI: “¿Cómo se puede transmitir, por ejemplo, el silencio: el silencio de la
muerte, el silencio del dolor, algunas
miradas particulares…?” pregunta, y la
respuesta se encuentra en su exposición
fotográfica Distancias, que ha
sido inaugurada por estos días en el
Centro de Prensa Internacional con el
apoyo de la Fototeca de Cuba y el
Ministerio de Cultura.
“No
soy un fotógrafo profesional —reconoce
Porzio ante los espectadores de su
muestra—. Comencé a tomar fotos muy
joven porque me gustaba la imagen y el
medio fotográfico, pero fue hace 10 o 15
años cuando me encontré en una situación
extrema en la que era el único
periodista presente y tuve que sacar
fotografías yo mismo, para testimoniar
lo que estaba viviendo. Así empecé a
acercarme a la fotografía, porque además
me di cuenta de que hay cosas que no se
pueden explicar o transmitir con
palabras”.
Las
imágenes en blanco y negro que conforman
Distancias, categóricas en su
desgarrador alegato de la realidad,
provocan y conmocionan, y vuelven
palpable el lejano escenario de la
guerra, efectos imprescindibles para que
el recuento de la destrucción y la
miseria humana no caiga en saco roto y
sea un verdadero testimonio del horror.
Giovanni Porzio aboga por un periodismo
que aproveche todos los recursos para
lograrlo:
“El
periodismo ahora tiene que convertirse
en un periodismo multimediático. Se
acabó la época del corresponsal de
guerra que partía con su pluma y con su
papel. El periodismo moderno se ha
convertido en un trabajo más completo y
más difícil, en el cual son importantes
todos los medios que tenemos a
disposición: la escritura, la imagen, el
vídeo”.
¿Cuál fue el comienzo de su relación con
Cuba y cómo se gestó este proyecto?
Llegué
por primera vez a Cuba hace 5 o 6 años
con mi familia, de vacaciones. Me
enamoré de la Isla, como todo extranjero
que la visita por primera vez: de su
gente, de su música, de su clima… y
decidí regresar. He estado aquí una o
dos veces como enviado de mi periódico,
para escribir sobre la situación
política y económica del país. Después
decidí, el año pasado, terminar de
escribir un libro —que será publicado en
los próximos meses en Italia— sobre el
tema de la información y la propaganda
en tiempo de guerra, que es un asunto
que me apasiona. Necesitaba un lugar
tranquilo donde pudiera concentrarme,
debía escribir casi 14 horas cada día
para terminar a tiempo. Decidí venir a
La Habana. Trabajé cinco semanas y antes
de regresar a Italia, ya concluido el
libro, le regalé a Abel Prieto el
catálogo de esta exposición en Italia.
Tengo muchos amigos escritores aquí,
como Daniel Chavarría y Miguel Barnet, y
a través de ellos conocí al ministro de
Cultura. De dicho regalo surgió la idea
de esta exposición.
En
pocos meses organizamos todo. Nunca
había pensado exponer mi fotografía aquí
en La Habana, pero me gustó mucho la
idea. Debo agradecer a los amigos
cubanos esta oportunidad.
¿Continúa siendo la fotografía una
herramienta de su oficio de reportero, o
ha cobrado autonomía como arte?
Mi
trabajo es muy intenso. Trabajo todo el
tiempo, viajo todo el tiempo. Paso de un
país al otro. Fue un milagro que se
pudiera organizar esta exposición porque
estaba en Somalia hace dos semanas.
Cuando me llegó la noticia de que se
inauguraba el 12 de febrero estaba en
Mogadisho.
Siempre viajo con mi cámara y las dos
cosas vienen juntas para mí. No hay
distinción. Es un medio de expresión. En
mi labor puedo estar escribiendo
papeles, artículos para mi periódico,
escribiendo libros o tomando fotografías
y también haciendo colaboraciones con
televisiones. Cuando estaba en Bagdad
era el único periodista italiano y
cuando algo importante se producía me
llamaba la televisión. He hecho también
emisiones radiofónicas.
Por
eso digo que es un trabajo
multidimensional y multimedial. Hay
diferentes técnicas de expresión y
diferentes medios de comunicación, pero
al final lo que cuenta es la capacidad
de poder transmitir no solamente la
información sino las sensaciones, contar
lo que realmente le pasa a la gente.
En
Distancias expone al hombre en
situaciones extremas. ¿Por qué las
imágenes de la tragedia humana como tema
de su trabajo fotográfico?
Para
mí la guerra no es el número de soldados
que mueren o la estrategia global, que
es el análisis común que se hace. Me
gusta contar la historia de la gente.
Por ejemplo, estuve en Iraq hace dos
meses y vi que las escuelas están
cerradas, los niños no van a la escuela.
Contar esto es lo que me interesa, la
dificultad de la gente. Eso es la
guerra, no solo los bombardeos que vemos
en la televisión. La guerra es la
destrucción total de la sociedad, de las
estructuras sociales y morales. Es el
derrumbe social y moral de un pueblo,
además de todas las dificultades
económicas, la comida que no se
encuentra, el peligro de los atentados.
Es muy importante para mí tener la
capacidad de contar esto a mis lectores,
a la gente que ven mis fotografías, para
reducir esa enorme distancia que va
creciendo entre los pueblos en conflicto
y los países desarrollados, de ahí el
nombre de mi exposición.
Recibimos muchísima información, por
internet, por la televisión, día y
noche, pero a pesar de ello la distancia
cultural, emotiva y sicológica, entre
los países desarrollados y los del
tercer mundo y en conflicto, para mí va
aumentando, no reduciéndose. Mi trabajo
como comunicador es reducir esta
distancia. |