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Para
todos los cubanos el nombre de Virulo es
sinónimo de risa. Mi generación, que
creció entre los 80 y los 90 con su
“Dame de tu platanito” y el animado de
“El pararrayos”, guarda en sus recuerdos
más risueños sus canciones disparatadas
y su voz inconfundible.
Aunque reside y trabaja en México desde
hace 15 años, Virulo —que perdió el
nombre de Alejandro García Villalón
desde que su maestra de primaria le
pusiera aquel apodo— no ha permanecido
lejos de Cuba en ningún momento. Lo
atestiguan las giras nacionales que casi
todos los años realiza por las
provincias cubanas, viaje que en 2006
tuvo lugar en diciembre y que concluyó
con un espectáculo humorístico en el
Karl Marx, donde, entre otros invitados,
participó Ernesto Acher, ex integrante
de Les Luthiers.
Desde
que en 1973 comenzara a cantar como el
integrante más joven del Movimiento de
la Nueva Trova, Virulo encontró en el
humor y en la provocación a través de la
risa sus mejores aliados, no solo para
divertir, sino también para hacer
reflexionar. De ahí la notoria frase con
que describió el camino de su vocación:
“El humor no distrae: concentra; el
humor no acepta: cuestiona; y finalmente
no gratifica: inocula el veneno de la
duda”.
¿Cómo lo recibió el público de las
provincias y de La Habana en la última
gira que ha hecho por Cuba?
Empezamos el 9 de diciembre con una
presentación en Cárdenas. Después nos
presentamos en Pinar del Río, después en
Cienfuegos, y el día 17 de diciembre, ya
con Ernesto Acher, el humorista
argentino, aquí en el teatro Carlos Marx.
Como todos los años, hago una pequeña
gira y trato de incluir la mayor
cantidad de provincias posible. El año
antepasado estuvimos en Santiago, en
Camagüey, en Matanzas, y el 2006
cambiamos un poco la cosa y estuvimos
más por occidente. Este año también lo
vamos a hacer. Me imagino que volveremos
a las provincias orientales, y tal vez a
la Isla de la Juventud. Quiero que venga
este año Jorge Guerra, el chileno que
trabajó tantos años con el Conjunto de
Espectáculos. Este año se cumplen 20
años del primer programa que hice en
Miramar, de los grupos de humoristas
jóvenes, y también quiero celebrar eso.
¿Es parte este show del que hace poco
presentó en varios países de América
Latina? ¿Cómo comenzó ese proyecto?
Los
últimos tres años he organizado un
encuentro de humor con amigos en México.
Llevo amigos míos de distintos lugares
del mundo y hacemos una gira, no lo
puedo llamar un Festival del Humor
porque es una cosa muy pequeña. Invité
en esta ocasión a Ernesto Acher, ex
miembro del grupo Les Luthiers; a
Laureano Márquez, humorista nacido en
Canarias y que radica en Venezuela, y a
Emilio Lovera que es el humorista más
importante de Venezuela. Ellos tres son
grandes amigos míos. Hicimos un periplo
bastante grande por México, con 10
presentaciones por todo el país, con
cuatro en el Distrito Federal. Quedamos
muy contentos con esa gira y después, en
diciembre, Emilio Lovera nos invitó a
que la hiciéramos en Venezuela, y allá
fuimos. Después invité a Ernesto Acher a
que viniera para Cuba conmigo a hacer
una presentación. Este año lo vamos a
repetir en España, a partir de junio, y
a partir de julio probablemente hagamos
un espectáculo juntos, Ernesto Acher y
yo. Esos son los planes.
El
año pasado también pasó una cosa muy
importante, para mí por lo menos, y es
que la Universidad de Canarias me dio el
título de Doctor Humoris Causa de la
Cátedra del Humor, que lo dan con toda
seriedad, con el Rector y todo eso.
Con tantos públicos diferentes, ¿debe
variar su forma de abordar el humor?
Hoy
justamente estaba hablando con Churrisco
de eso y le decía que lo importante es
no perder tu esencia. Es decir, hago lo
mismo en todas partes. Lo que he tratado
de ir a lo fundamental, no quedarme en
lo más superficial, que muchas veces es
algo que tiene una referencia directa en
cada lugar. No le puedo pedir a un
mexicano que entienda qué es una
“croqueta cosmonauta” o lo que es un
“camello” si no se lo explico, porque el
humor siempre necesita un conocimiento
previo de la gente. Para reírte de algo
tienes que conocerlo. Si te hago un
chiste de los ojos de los marcianos y no
tienes idea de cómo son, no te puedes
reír. Hay dos maneras de hacerlo: de una
manera humorística das ese conocimiento
previo para después cuando hagas la
canción se entienda, o te saltas eso y
vas a las cosas que son iguales en todas
partes, sea en Cuba, en México, en
Venezuela… En todas partes suceden cosas
similares y las personas somos similares
aunque tengamos características
diferentes. Cuando hablas de las
cuestiones humanas.
Lleva unos años viviendo en el
extranjero. Esta distancia de su cultura
y de sus raíces, ¿ha marcado de alguna
forma su acercamiento al humor, las
cosas que lo inspiran?
Nunca
he perdido ese vínculo con Cuba. Este
proyecto de las giras anuales lo
mantengo desde hace muchos años. A veces
no se podían organizar, pero lo estoy
haciendo a través de Artes Escénicas y
del Centro del Humor y ha funcionado
perfectamente.
Mi
disposición siempre ha estado presente,
mi deseo de estar aquí. Para mí es muy
importante estar cerca de Cuba, cerca de
su cultura. Ahora con los años siento
más necesidad de estar cerca, nunca he
estado lejos, pero sí siento más deseo
de no pasar tanto tiempo fuera de Cuba,
sin perder todo el trabajo que he hecho
en el exterior.
¿Dónde encuentra inspiración, cómo
descubre lo que hace reír a los demás?
El
problema es la manera en que se dicen
las cosas. Yo digo: el humorismo no se
puede estudiar. El humorista tiene una
manera de decir las cosas que causa risa
aunque esté hablando de las cosas más
serias. Tengo un amigo venezolano que
dice que los humoristas somos personas
que tratamos de hablar en serio y los
demás se ríen. Es verdad, es una
manifestación muy extraña. La gente
puede provocar risa de una manera
inconsciente, pero llegar a hacerlo de
una manera consciente tiene que ver
mucho con un elemento extraño que hay en
el humor y los humoristas en la forma en
que hablan, cómo ponen la cara, son
muchos detalles. Esa risa se causa con
una empatía con el humorista. A estas
alturas, después de tantos años haciendo
esto, sigue siendo rarísimo y difícil de
explicar qué es el humor y por qué es
así y no de otra manera.
¿Existe una diferencia entre el humor
para la televisión y el que se hace en
la escena, en contacto directo con el
público, cuando se debe lograr una risa
inmediata?
Creo
que es más fácil hacer humor en vivo
porque sientes a la gente allí. Tienes
como un termómetro de qué está
funcionando y qué no, y automáticamente
lo vas variando. Cuando trabajas para la
televisión o para el cine no tienes esa
cercanía, es un vuelo a ciegas, y tienes
que sentirte muy seguro de lo que estás
haciendo para que funcione. A mí me
cuesta un trabajo horrible, prefiero
mil veces trabajar el humor en teatro,
directo, porque de la otra manera sufro
mucho. En México, por ejemplo, tuve dos
programas de humor: Virulencia modulada,
con Televisión Azteca, que estuvo en el
aire un año, y después tuve otro llamado
La Coladera, con el Sistema Mexiquense
de Televisión. Sufrí horrores, porque no
tenía idea de lo que estaba pasando.
Solo veía a los camarógrafos aburridos
que estaban en lo suyo, en el trabajo
técnico, pero no se creaba un team
de apoyo para saber si lo que estaba
diciendo era gracioso, si funcionaba. Yo
me declaro incompetente para hacer el
trabajo de humor en televisión de manera
constante.
¿Qué significaron los años en el
Movimiento de la Nueva Trova para su
formación como humorista y músico?
Fíjate si influyeron esos años que
cuando llegué al Conjunto Nacional de
Espectáculos en 1983, lo primero que
traté de hacer fue una nueva trova del
humor. Reuní humoristas de las
universidades, junté gente de todos
lados, hacía humor en distintos lugares.
La Nueva Trova es como mi cimiento, de
ahí se elaboró todo el edificio, y por
suerte la Nueva Trova me dio bases muy
fuertes. Me siento muy orgulloso de ser
miembro fundador, aunque lo que haga sea
tan diferente de lo que hacen el resto
de los trovadores. Mucha gente fuera de
Cuba se extraña de que yo sea de la
Nueva Trova, porque soy una voz
completamente diferente de las que lo
caracterizan, pero para mí el Movimiento
fue mi formador.
La
música ha sido muy importante en su
carrera, ¿en qué se basa esta relación
de la música con el humor?
Como
vengo de la Nueva Trova la música es muy
importante y el humor nació como una
necesidad de expresión mía. Es decir, te
decía en un momento que los humoristas
tratamos de hablar en serio y los demás
se ríen. A mí me pasaba eso. Es una
manera mía muy especial de ver la vida y
de hacer las cosas, y aunque durante uno
o dos años estuve haciendo canciones más
dentro de lo que se conoce como Nueva
Trova, ese tipo de canción seria y
reflexiva, se impuso de una manera
natural en mi forma de ver el mundo, que
es a través del humor. Siempre estoy
viendo la vida con una óptica humorista,
a partir del absurdo: “Y si ahora pasara
tal cosa…” Tengo una fantasía un poco
alocada, siempre estoy fantaseando de
cosas que pueden pasar y que son
absurdos totales, y de ahí nace el
humor.
Se
encuentra en medio de la grabación de un
proyecto organizado por Silvio Rodríguez
y Pancho Amat. Cuénteme de qué se trata
este nuevo disco.
Esto
es un homenaje a Alfredo Carol. Fue un
trovador cubano que murió
desgraciadamente muy joven, pero dejó un
ramillete de canciones excelentes, de
humor y de otros tipos, dejó de todo.
Fue un compositor prolífico en los pocos
años que tuvo de vida, pues murió a los
21 ó 22. Era piloto y se mató en un
accidente de aviación en el Escambray.
Tuve la suerte de conocerlo muy joven,
de que fuera mi amigo. Iba a mi casa, me
cantaba sus canciones. Estuve muy cerca
de él y de toda su carrera y lamenté
muchísimo su pérdida. Era un muchacho
tremendamente talentoso que murió sin
despegar todavía con su música. Si murió
a la edad que murió, y dejó las
canciones que dejó, que todavía están
vivas después de tantos años, imagina lo
que hubiera podido hacer si hubiera
seguido su desarrollo.
Este
es un proyecto de Silvio, el de hacer un
disco en homenaje a Alfredito y a su
obra. Fíjate si fue complicada la vida
de Alfredo Carol que no hemos podido
ponernos en contacto con lo que queda de
su familia. No sabemos dónde están, o si
tenía más parientes.
Me
alegro mucho de que se le vaya a hacer
este homenaje. Le dediqué un disco, que
se llama Virulo furioso, donde
canto dos canciones de él: la de “La
navaja en la mano”, que estoy grabando
para el proyecto actual, y otra que he
cantado mucho y que dice: “El soldado
Aco’ta,/ con el ca’co pue’to/ que se
presente en la po’ta/ sin ecu’sa ni
prete’to”. Alfredo tenía unas canciones
de humor estupendas, y canciones serias
también maravillosas. |