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Conversando sobre mujeres y literatura
encontré a la escritora argentina
Liliana Heer. En su ponencia
reivindicaba el poder de las letras
femeninas, en especial a la hora de
abordar los aspectos del erotismo y del
cuerpo. Me resultó interesante, deseé
conocer más acerca de su pensamiento y
su literatura.
Llegó
a La Habana para participar en la XVI
Feria de Libro, donde se han publicado
dos títulos en los que participa, como
una de las voces más importantes de las
letras de su país: el primero, la
antología publicado por la Editorial
Arte y Literatura, Narrativa
Argentina Contemporánea, en la que
se incluye su cuento “Verano Rojo”; y el
otro, la compilación Palabra Viva,
que compila textos de escritoras y
escritores desaparecidos o asesinados
durante la dictadura militar argentina.
Aprendió a escribir y a tocar el piano
casi al mismo tiempo. Su madre fue una
importante concertista. Tal vez por eso
sea amiga de un arte integrador y no
solo incursione en la narrativa, sino en
el guión cinematográfico y la crítica
narrativa. Entre sus libros publicados
se encuentran Dejarse llevar de
relatos; y las novelas Frescos de
amor y Bloyd, esta última
resultó premio Boris Vian en 1984.
Género y literatura. ¿Cómo relaciona
estos dos conceptos?
Yo
trabajo lo de-generado, la ruptura de
géneros en el sentido de lo teatral, lo
cinematográfico, lo plástico y lo
literario; inmiscuyéndose cada uno como
si fuera un palimpsesto con miles de
capas. Ahora, evidentemente, cada quien
escribe lo que ha vivido, lo que ha
soñado, lo que vivirá. Por eso me gusta
decir que no hay autor, hay obra; pues
no se puede confundir una literatura
Rioplatense con una literatura caribeña
aunque tengamos las mismas lecturas,
porque tenemos distintas costumbres,
otro calor, otro rumor de la letra, y
eso es lo que finalmente queda reflejado
en la escritura.
¿Qué distingue el texto escrito por una
mujer?
El
cuerpo de la mujer tiene una leyenda
trágica pues ha sido tan desplazado que
no podemos apartarnos de todas las
marcas que han dejado y dejan en el
cuerpo. La experiencia vital de ser
ciudadana de segunda, con hijos que no
tienen el nombre propio de la mujer,
nuestras condiciones distintas, el hecho
de que las mujeres hemos leído muchísimo
más, porque leímos a los hombres y a las
mujeres; todo esto influye en la forma
de decir de una mujer. Por eso yo
reivindico todo este trabajo del
feminismo, incluso cuando se puedan
llegar a equivocar en ciertos aspectos
por sectarismos. Porque yo pienso que
está muy bien gritar, está muy bien
susurrar, está muy bien escribir y sobre
todo, escuchar. En Argentina en estos
momentos hay grandes escritoras como
Luisa Valenzuela que ha viajado por todo
el mundo y es una de las más traducidas
a todas las lenguas, Tununa Mercado que
ha estado en el exilio y cuya escritura
parece un bordado, o María Negroni,
quien acaba de escribir una novela que
se llama La Anunciación y que
cuenta toda la época dura de la
dictadura argentina desde adentro. Todas
ellas se han preocupado por los
problemas de la mujer y están presentes
en esta feria.
La
literatura tiene mucho de experiencia
vital. ¿Cuáles aspectos de la suya
influyen en su forma de narrar?
Además de ser mujer y argentina, he
trabajado como psicoanalista con
enfermos de Sida, con prostitutas,
intentando resolver desde lo discursivo
una serie de problemas en situaciones de
aborto, en situaciones de cárcel; y todo
eso me ha enseñado.
También traté con esta miscelánea que
fue estar bajo el sometimiento de una
dictadura militar, cuando de la noche a
la mañana intentaba calmar la
desesperación de familiares de
desaparecidos y al mismo tiempo mi
trabajo ponía en riesgo a toda la
manzana y a mi casa pues estaba
proscrito atender como psicoanalista. En
aquel momento, el más duro de la
historia Argentina, verdaderamente
avasallante por el abuso de poder del
estado, yo sentí que si no escribía no
iba a poder sobrevivir. Entonces inventé
un personaje que era una cosedora de
cadáveres, Nora, la protagonista central
de mi libro La tercera mitad.
Ella cose callada la boca del cadáver,
está en un sitio donde los tiene que
arreglar, metaforizando el infierno que
estaba transcurriendo. Esta fue mi
reacción.
¿De qué le sirve ser psicoanalista a la
hora de abordar la escritura?
Es un
instrumento infinitamente superior ser
escritora para ser psicoanalista que ser
psicoanalista para ser escritora. Es
decir, en los momentos de coyuntura, de
dolor, de crisis y desesperación de un
paciente, la palabra poética es una
forma de intervenir que va más allá del
sujeto, del yo, e inclusive apela más
allá del otro. En los últimos seminarios
de Lacan, él se refiere a la
interpretación como una entonación. Así
que todo lo que leo, lo que escribo,
toda la poesía, la música, el teatro de
la vida sublimado; me sirve para
interpretar.
¿En este siglo, qué es lo que debe
hacer la literatura y en especial, la
escrita por mujeres?
Los
argentinos venimos de la mezcla, del
mestizaje, y este mestizaje nos lleva a
ser promiscuos en el arte, a tener
relaciones con la literatura, con la
música, con la plástica, con el cine. Yo
diría que hoy día, si uno no ve varias
veces una película y sigue el cine de
autor, si no ve mucha imagen; no sabe
hacer montaje literario. El siglo XIX ya
pasó y la crítica que yo haría es que la
mayor parte de la literatura adolece de
renovación. Y muchas veces yo me doy
martillazos, porque me incluyo, porque
lo que ya está escrito hay que moverlo
si queremos que nos lean. Hay que ser
permeables al cambio.
En
cuanto a las mujeres, siento que
habiendo sido herederas de luchadoras
arremangadas que han conseguido
muchísimo lugar para la mujer; tenemos
que dar lo mejor que podamos en cuanto a
la letra que quede. No la protesta, sino
el atravesamiento de las diferencias,
sin fundamentalismo alguno, y que a la
vez incluya todos los tonos.
¿Cómo lleva este principio a su
literatura?
Siendo muy crítica con lo que escribo,
sin que importe qué sello editorial me
publique o quién me haga un reportaje.
¿Qué le ha llamado la atención en esta
Feria del Libro donde Argentina es el
país invitado de honor?
Fundamentalísima es la atención de los
organizadores. Lo primero que tengo que
decir es que el trato del pueblo cubano
es inigualable. Yo he estado en
Frankfurt, en Nueva York, en muchísimos
sitios; pero nunca me había sentido así.
Hay algo muy hermoso en la apuesta del
pueblo cubano y esta feria lo revela. El
que Argentina sea el país invitado de
honor me llena de felicidad; pero ya ahí
se me saldría el orgullo, y ese es mejor
dejarlo guardado. |