Año V
La Habana

17-23 de FEBRERO
de 2007

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Entrevista con el cantautor argentino Pedro Aznar

El arte tiene que ser libre

Sandra del Valle • La Habana
Fotos: Kaloian

 

El artista afinó su guitarra y luego la rasgó seguro, a pesar del titubeo de las cuerdas por el frío del aire acondicionado que rápidamente desapareció con el calor de un público que rebasaba la sala del teatro del Museo Nacional de Bellas Artes. Era el preludio de un concierto bellísimo del cantante, compositor, bajista, arreglista argentino Pedro Aznar, sobre todo para los muy jóvenes que por primera vez lo oímos cantar en vivo, pues su primera visita a Cuba -donde también concertaría para el público cubano- fue hace cuatro años, invitado por el Centro Pablo de la Torriente Brau.

Empezó por “Amelia” de Johnny Mitchell y nos hizo un recorrido por discos anteriores, pasando por canciones como “Fotos de Tokio”; “Tu amor”; “Los Hermanos”, de Atahualpa Yupanki y “Angie”, de los
Rolling Stones. Acompañado no sólo de sus guitarras, sino también del músico cubano Pablo Milanés, su hija Haydée y Miguel Núñez en el piano, escuchamos además un adelanto de lo que será su próximo disco.

Nacido el 23 de julio de 1959 en la ciudad de Buenos Aires, Pedro Aznar formaría parte, desde 1978, junto a Charly García, David Lebón y Oscar Moro, del grupo Serú Girán, considerado como un verdadero hito en la historia musical argentina y que legaría diez discos.

En 1983 se incorporía al Pat Metheny Group como multiinstrumentista y vocalista con el que ganó tres premios Grammy por los discos “First Circle” (1984), “Letter from Home” (1989) y “The Road to You” (1993) hasta establecerse como solista en 1993 ya con once títulos producidos.

Justo después del concierto le dedicaría unas palabras a La Jiribilla

Con Pablo Milanés

En tu obra se une el músico con el poeta, pero has tenido la necesidad de expresarte sólo desde la poesía. En 1992 publicas tus Pruebas de fuego. ¿Cómo es este proceso creador?

La poesía en realidad nació primero en mí. No sé si es justo decir esto, no sé si es justo para con la música, pero mi primer intento de componer, de escribir poesía es anterior al de mis primeros intentos de componer música. Alrededor de los seis años escribí mi primer poemita y descubrí el mundo de las rimas y la sonoridad de las palabras. Pero se han ido desarrollando en realidad juntos. La poesía es una gran compañera. La música se profesionalizó muy pronto en mi vida. Empecé a estudiar música a los nueve años y a los catorce ya estaba tocando profesionalmente, en un grupo pequeñito y haciendo todo a pulmón; pero con la poesía no. La poesía siempre fue un lugar íntimo, como un lugar reservado para mí mismo, un lugar de creación que se quedaba en casa y recién a los 32 años publiqué con un poco de recelo. No me daban muchas ganas porque yo sentía que la poesía era un lugar que necesitaba que estuviera como a distancia, como un lugar interior, pero después me di cuenta que podía compartir eso y dejar esa puerta abierta porque es una manera de abrir el alma. 

¿Cómo te sientes, músico, poeta?

Las dos cosas, porque además el mundo de la canción, como decía recién en el concierto, es muy fascinante, muy enriquecedor para quien lo hace. Hay canciones que son una fusión de música con literatura y es muy gratificante cuando se encuentra ese nexo, ese vínculo en los cuales realmente la música y la poesía se encastran y hay un buen maridaje entre las dos cosas. 

Sé que le confieres una tremenda importancia a los textos de las canciones. ¿Tiene esto algo que ver con que en el año 2000 apareciera tu disco Caja de música donde musicalizaste poemas de ese genio de las letras argentinas que fue Jorge Luis Borges?

Lo de musicalizar los poemas de Borges fue, además de un gran halago de que me convocaran para hacerlo, una gran escuela. Convengamos que meterse con semejante peso pesado de la literatura es una responsabilidad demasiado grande. Encontrarle desde la música una expresión musical a poesía que tiene semejante música como poesía en sí es un desafío muy grande, pero fue también un aprendizaje.  

Conocemos de tu admiración a Los Beatles a quienes has versionado en numerosas ocasiones y a quienes versionarás también en tu próximo disco. Háblanos de la importancia de este grupo en tu obra.

Enorme. A mí me pasó como le ha pasado a cantidad de gente que a partir de escuchar a Los Beatles decidió ser músico o por lo menos sintió como una urgencia de convertirse en músico. Seguramente hubiera sido músico de todas maneras porque creo que eso viene en los genes -mis padres eran músicos-, creo que eso se hubiera manifestado de todas formas, pero el hecho de escuchar aquella música y esa poderosa electricidad y ese caudal de belleza fue como un despertar muy concreto en la música. 

Haces tu primera banda sonora en 1987 para el filme Hombre mirando al sudeste de Eliseo Subiela con quien continuaste colaborando. ¿Cómo te sientes trabajando por encargo?

Para un compositor los encargos son en realidad una motivación, a pesar de que pueda parecer una cosa un poco fría. A partir de una invitación o de un contrato para hacer una determinada cosa uno tiene que hacer surgir, fluir la creatividad. En realidad, son motivaciones, son incentivos. Creo que la creatividad lo habita a uno constantemente y las experiencias que uno tiene en la vida, las cosas que uno ve, las cosas que a uno lo conmueven buenas, malas, todas, van dejando un sedimento y esa experiencia uno la tiene al alcance de la mano todo el tiempo. Cuando aparece una invitación para plasmarlo en una obra artística, o cuando hay una fecha a cumplir, esa obligación hace que uno se conecte con ese momento. 

Una de las cosas más atractivas de tu música es esa búsqueda en lo latinoamericano. ¿Por qué te apegas a esas raíces después de la multiplicidad de estilos y géneros con los que has trabajado?

En los últimos diez años ha sido así y pretendo seguirlo ahondando porque creo que ahí hay una fuente riquísima de música. Además creo que para nosotros desde Latinoamérica es muy importante no perder de vista nuestra cultura, siempre con una mentalidad abierta, no excluyente de otras influencias y estando alertas a nuevas tendencias de cualquier lugar del mundo. Pero creo que uno dice las cosas más poderosas cuando está bien afincado en lo que le es propio, cuando habla de algo que verdaderamente lo apasiona y sobre lo cual uno verdaderamente sabe.  

¿Crees que la música tiene un fin social?

No. No tiene por qué tenerlo. Me gusta el arte que se compromete con la sociedad, me gusta el arte comprometido, pero no creo en el fundamentalismo de que el arte debe ser comprometido. El arte no debe ser nada. El arte no le debe nada a nadie. El arte tiene que ser libre, tiene que ser capaz de soñar, tanto sueños como pesadillas.  

Anoche estuviste en un megaconcierto en la Tribuna Antiimperialista, celebrando los cuarenta años del rock argentino. ¿Todavía te consideras parte de ese movimiento de rock?

Sí, desde lo afectivo y desde lo raigal. Mi raíz viene de ahí. Yo nací y crecí como músico de rock, le debo al movimiento muchas de las cosas que he aprendido y de las cosas que soy. Porque no es solamente la música de rock en sí, sino además la cultura rock. Particularmente de los años sesenta es una cultura revolucionaria, contestataria, una cultura que se oponía a la masificación, a la mentalidad de rebaño, que priorizaba la búsqueda en lo espiritual, en una lectura más honda de lo social, de la belleza y la celebración del cuerpo, en una apertura hacia niveles más elevados de la sensualidad y la sexualidad. Yo le debo muchos de esos encuentros de estas cosas tan valiosas a la cultura rock.

Has tenido varios momentos en tu carrera dentro de los que se destaca tu trabajo en Serú Girán y luego con Pat Metheny Group. ¿Qué recordarías de aquellas épocas?

De Serú Girán lo que recuerdo con más cariño es la actitud de amigos que teníamos. Éramos como una especie de pandilla que andaba como de vacaciones por los caminos y nos gustaba hacer locuras y la pasábamos muy bien, y a la vez había un continuo desafío entre todos nosotros por mejorarnos cada vez más, por ser cada vez mejores músicos.

El grupo de Pat Metheny fue para mí una escuela de excelencia de primer nivel mundial. Me encontré tocando con músicos de un calibre altísimo y con un nivel de profesionalismo realmente ejemplar. Yo creo que eso me formó profundamente, me dejó una concepción de la excelencia a la que se puede y se debe aspirar en lo artístico que me marcó profundamente. 

Nos adelantaste algunas canciones de tu próximo disco. ¿Qué perspectivas tienes para este año?

Lanzar el disco dentro de unos meses. Tenemos planeada una gira muy extensa por toda Latinoamérica y Europa para presentarlo. 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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