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El cuestionamiento de los eventos
que conforman la existencia del
hombre es uno de los motivos
principales en el arte más joven
realizado en la Isla. El contexto se
erige como pilar del producto
artístico y los creadores como
hacedores de realidad.
Katiuska Saavedra es de esos
artistas que nutren su poética de
vivencias cotidianas sacando
provecho de las innegables lagunas y
aversiones del entendimiento aún
presentes en la sociedad
contemporánea. El discurso
desarrollado en sus obras
responde a su responsabilidad como
creadora de artefactos
referenciales, a la manera de una
estrategia tenaz contra los modelos
estereotipados e impuestos por la
globalización, el mercado y los
medios de difusión masiva. La
representación de formas personales
y objetivas al mismo tiempo es
muestra de su interés en confrontar
la pérdida derivada del advenimiento
de los nuevos tiempos y de enfrentar
sus propios conflictos con el mundo
que le rodea, a través de metáforas
semánticas con cierto tono lúdico.
La más reciente obra de esta
creadora ha sido expuesta en el
Centro Provincial de Artes Plásticas
Luz y Oficios con el título
Insitus. La muestra contiene
fotografías de series realizadas en
México y que discursan sobre la
intervención en espacios domésticos,
la autorrepresentación y remiten a
muchos otros referentes contenidos
en la relación del individuo con su
esencia, estableciendo un
cuestionamiento polifuncional en
torno a la existencia misma.
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Desgaste
fotografía digital, 2006 |
Entre las interrogantes presentes en
su quehacer destaca la búsqueda de
la colocación del ser en el espacio
y su interacción con el mundo de los
objetos. Es por eso que en sus
propuestas suele aparecer este par
dialéctico marcando —a la vez— la
relación entre ambos y la evidente
dicotomía en lo concerniente a la
perdurabilidad. El carácter
autorreferencial de algunas de sus
obras denota la intención de un
discurso respaldado por su condición
de mujer, donde la lectura devela
enigmas inherentes al género.
Sus creaciones han franqueado
diferentes soportes en la indagación
de un estilo propio, aunque ha
encontrado en la fotografía un medio
conveniente para expresar sus
inquietudes plásticas. Es frecuente
el uso de símbolos sexuales en sus
trabajos pues es el eje donde se
concibe la existencia, y al mismo
tiempo es un elemento importante de
reafirmación y realización para la
especie humana.
El hecho de compartir esta imagen
con el receptor, a través de un tono
espontáneo y pródigo, hace de la
artista una defensora real de la
autonomía que le corresponde como
ser social, dejando a un lado falsos
esquemas de pudor para abrir paso a
la franca realidad.
La serie Intervención en espacios
privados del 2006 constituye el
grueso de la exposición. La autora
se apropia de zonas íntimas para
concebir la obra, en ocasiones sin
autorización previa, instaurando una
recreación aparente con los reflejos
de sí misma, autorretratada, en ese
ambiente que favorecen los espejos.
El propósito es examinar el espacio
dentro del propio espacio, esa área
de reflexión cotidiana donde se
refugia el hedonismo y se pierden
los límites con la realidad
circundante. En cada pieza el primer
plano es resaltado por la
interposición de objetos
o
por el movimiento de la luz que
actúa como
componente de censura auto imputada
sobre la representación. Con una
evidente intención de juego Katiuska
se vale de esos elementos contenidos
en el contexto doméstico para
subvertir a un segundo plano la
identidad y alimentar la curiosidad
del receptor, quien trata de
descubrir más allá de lo que el
propio reflejo puede develar. El
resultado final congela un espacio
fragmentado, donde se debate la
interrelación del todo y las partes,
del ser y el objeto, de lo consumado
y lo suspenso.
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Dentro del propio conjunto exhibido
son muchas las problemáticas
abordadas que dan lugar a
reflexiones. Una de las más
sugestivas, Pérdida de la
inocencia, aborda un tema
privativo del género femenino: el
tránsito de la pubertad a la adultez
materializado en la acción de
menstruar. La autora referencia un
aspecto vivencial que la diferencia
y la margina a la vez, pues esta
actividad biológica mensual ha sido
motivo de rechazo y discriminación
desde tiempos remotos y aun sigue
vigente esta situación en algunos
círculos de la sociedad
contemporánea como esquema
estereotipado que trunca en el
individuo —en este caso femenino— la
autonomía indispensable para fundar
sus propios valores y le obligan a
adoptar esa herencia de negación
impidiendo, en muchos casos, la
autorrealización y la inserción
espontánea en el medio social.
A
través de Insitus Katiuska
Saavedra se ha propuesto mostrar el
proceso de maduración de un trabajo
que venimos siguiendo de cerca desde
hace un tiempo. Ella ha conseguido
tantear sensibilidades con una
factura muy bien lograda y una
agudeza reflexiva incuestionable que
apela a la razón del receptor para
dilucidar los enigmas erigidos en
sus espacios, reflejos de una
humanidad en mutación constante. La
obra está instituida sobre conceptos
generales que transitan hacia lo
particular y se establece como
espacio de redención, donde el fruto
de la experiencia individual se
torna colectivo y emerge casi
rozando el margen de lo utópico en
una sociedad obstinada en legitimar
lo efímero. |