Año V
La Habana
2007

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Katiuska Saavedra
Un espacio de redención Insitus
Aylet Ojeda Jequín • La Habana

El cuestionamiento de los eventos que conforman la existencia del hombre es uno de los motivos principales en el arte más joven realizado en la Isla. El contexto se erige como pilar del producto artístico y los creadores como hacedores de realidad.

Katiuska Saavedra es de esos artistas que nutren su poética de vivencias cotidianas sacando provecho de las innegables lagunas y aversiones del entendimiento aún presentes en la sociedad contemporánea. El discurso desarrollado en sus obras responde a su responsabilidad como creadora de artefactos referenciales, a la manera de una estrategia tenaz contra los modelos estereotipados e impuestos por la globalización, el mercado y los medios de difusión masiva. La representación de formas personales y objetivas al mismo tiempo es muestra de su interés en confrontar la pérdida derivada del advenimiento de los nuevos tiempos y de enfrentar sus propios conflictos con el mundo que le rodea, a través de metáforas semánticas con cierto tono lúdico.

La más reciente obra de esta creadora ha sido expuesta en el Centro Provincial de Artes Plásticas Luz y Oficios con el título Insitus. La muestra contiene fotografías de series realizadas en México y que discursan sobre la intervención en espacios domésticos, la autorrepresentación y remiten a muchos otros referentes contenidos en la relación del individuo con su esencia, estableciendo un cuestionamiento polifuncional en torno a la existencia misma.

Desgaste
fotografía digital, 2006

Entre las interrogantes presentes en su quehacer destaca la búsqueda de la colocación del ser en el espacio y su interacción con el mundo de los objetos. Es por eso que en sus propuestas suele aparecer este par dialéctico marcando —a la vez— la relación entre ambos y la evidente dicotomía en lo concerniente a la perdurabilidad. El carácter autorreferencial de algunas de sus obras denota la intención de un discurso respaldado por su condición de mujer, donde la lectura devela enigmas inherentes al género.

Sus creaciones han franqueado diferentes soportes en la indagación de un estilo propio, aunque ha encontrado en la fotografía un medio conveniente para expresar sus inquietudes plásticas. Es frecuente el uso de símbolos sexuales en sus trabajos pues es el eje donde se concibe la existencia, y al mismo tiempo es un elemento importante de reafirmación y realización para la especie humana. El hecho de compartir esta imagen con el receptor, a través de un tono espontáneo y pródigo, hace de la artista una defensora real de la autonomía que le corresponde como ser social, dejando a un lado falsos esquemas de pudor para abrir paso a la franca realidad.

La serie Intervención en espacios privados del 2006 constituye el grueso de la exposición. La autora se apropia de zonas íntimas para concebir la obra, en ocasiones sin autorización previa, instaurando una recreación aparente con los reflejos de sí misma, autorretratada, en ese ambiente que favorecen los espejos. El propósito es examinar el espacio dentro del propio espacio, esa área de reflexión cotidiana donde se refugia el hedonismo y se pierden los límites con la realidad circundante. En cada pieza el primer plano es resaltado por la interposición de objetos o por el movimiento de la luz que actúa como componente de censura auto imputada sobre la representación. Con una evidente intención de juego Katiuska se vale de esos elementos contenidos en el contexto doméstico para subvertir a un segundo plano la identidad y alimentar la curiosidad del receptor, quien trata de descubrir más allá de lo que el propio reflejo puede develar. El resultado final congela un espacio fragmentado, donde se debate la interrelación del todo y las partes, del ser y el objeto, de lo consumado y lo suspenso.

Dentro del propio conjunto exhibido son muchas las problemáticas abordadas que dan lugar a reflexiones. Una de las más sugestivas, Pérdida de la inocencia, aborda un tema privativo del género femenino: el tránsito de la pubertad a la adultez materializado en la acción de menstruar. La autora referencia un aspecto vivencial que la diferencia y la margina a la vez, pues esta actividad biológica mensual ha sido motivo de rechazo y discriminación desde tiempos remotos y aun sigue vigente esta situación en algunos círculos de la sociedad contemporánea como esquema estereotipado que trunca en el individuo —en este caso femenino— la autonomía indispensable para fundar sus propios valores y le obligan a adoptar esa herencia de negación impidiendo, en muchos casos, la autorrealización y la inserción espontánea en el medio social.

A través de Insitus Katiuska Saavedra se ha propuesto mostrar el proceso de maduración de un trabajo que venimos siguiendo de cerca desde hace un tiempo. Ella ha conseguido tantear sensibilidades con una factura muy bien lograda y una agudeza reflexiva incuestionable que apela a la razón del receptor para dilucidar los enigmas erigidos en sus espacios, reflejos de una humanidad en mutación constante. La obra está instituida sobre conceptos generales que transitan hacia lo particular y se establece como espacio de redención, donde el fruto de la experiencia individual se torna colectivo y emerge casi rozando el margen de lo utópico en una sociedad obstinada en legitimar lo efímero.

 

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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