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El lema Leer es crecer, que sirve
de pórtico verbal y sugerencia
explícita a la Feria del Libro, también adquiere
significación en cuanto al cine, puesto
que “leer” una buena película,
interpretarla, compartir las ideas que
nos suscita, son también modos de
prosperar intelectualmente. La República
Argentina será el país invitado de honor
en esta Feria, de modo que el Comité
Organizador ha previsto escenarios
colaterales para las presentaciones de
teatro, música y cine que llegarán de la
nación suramericana con obras puntuales.
En cuanto al cine, hay dos líneas
principales: un jugoso panorama de
filmes muy contemporáneos (en el Riviera) y una retrospectiva de Leonardo
Favio en el Chaplin.
El ciclo del Riviera está integrado por
filmes mayormente dirigidos por jóvenes
y producidos entre 2005 y 2006. Hay
dramas y comedias, casi todos
seleccionados entre los títulos más
exitosos y premiados de esas temporadas.
Entre muchos otros podemos ver Tiempo
de valientes, que se concentra en la
historia de un psicoanalista que debe
realizar tareas comunitarias dentro de
su actividad y se le encomienda atender
a un inspector de la Policía Federal
anímicamente devastado por una severa
crisis matrimonial. También se incluye
El abrazo partido, de Daniel
Burman, sobre un joven judío que trabaja
junto a su madre en una galería y está
iniciando los trámites para conseguir la
ciudadanía polaca e irse a vivir a
Europa; los documentales Amando a
Maradona y Carpani,
respectivamente concentrados en el
deportista y en el pinto homónimos.
El abrazo partido
es uno de sus títulos que se convirtió
en película-proa del cine argentino a lo
largo de dos o tres años. Con guión del
propio realizador, y excelente desempeño
de Daniel Hendler (quien lo acompaña
también en la anterior Esperando al
Mesías y en la posterior Derecho de
familia), este filme se ubica en el
estilo que con tanta suerte cultiva Burman: intimismo, el valor de las cosas
comunes, tono dramático de fondo
trascendental, momentos de humor
agridulce o sentimental no sensiblero,
reflexión sobre temas como la familia y
la identidad.
La retrospectiva del Chaplin se consagra
a exhibir algunas muy poco vistas piezas
de Leonardo Favio, uno de los autores
argentinos más reconocidos durante los
años sesenta y setenta. Más famoso en
Cuba como cantante pop (Fuiste mía un
verano, O quizás simplemente le
regale una rosa, Ding Dong, estas
cosas del amor) que como cineasta,
el prometido ciclo es buena oportunidad
para entrar en contacto con la
filmografía de quien consiguió
conformar, ya lo decíamos al principio,
por lo menos tres o cuatro películas
esenciales para entender la evolución
del cine argentino: Nazareno Cruz y
el Lobo (1975), Juan Moreira
(1973), El dependiente (1969),
Crónica de un niño solo (1964) y el
hermoso filme que tal vez tenga el
título más largo en la historia de las
cinematografías latinoamericanas,
Éste es el romance del Aniceto y la
Francisca, de cómo quedó trunco, comenzó
la tristeza y unas pocas cosas más...
(1966).
No será integral la retrospectiva, pues
entre el viernes 9 y el domingo 11 solo
son tres los títulos de Favio
programados para exhibirse en el Chaplin, pero se tuvo el
cuidado de seleccionar filmes muy poco
vistos en Cuba y se eligieron títulos
representativos de las etapas más
recientes, y consagratorias del
cineasta: los años setenta y la efímera
animación del cine en esos años gracias
al predominio de la renovación de formas
y conceptos generada por el breve
período peronista. De esta coyuntura se
benefició el cineasta, y ya en los
umbrales de la dictadura militar estrenó
Nazareno Cruz y el Lobo (1975) y
Soñar, soñar (1976) dos títulos que
podemos ver ahora junto con Gatica El
Mono (1993) regreso del talentoso
autor a sus motivos preferidos luego de
un largo período alejado de la
realización cinematográfica.
Estos breves ciclos de cine pueden
cimentar la excelente, cálida relación
que siempre ha existido entre nuestro
público y el cine argentino. Además,
como Leer es crecer, he aquí la oportunidad
de leer y crecer en la sala oscura. |