Para eso se publica
La Edad de Oro: para que los niños americanos sepan cómo se vivía antes,
y se vive hoy, en América, y en las demás tierras; y cómo se hacen tantas cosas
de cristal y de hierro, y las máquinas de vapor, y los puentes colgantes, y la
luz eléctrica; para que cuando el niño vea una piedra de color sepa por qué
tiene colores la piedra, y qué quiere decir cada color; para que el niño conozca
los libros famosos donde se cuentan las batallas y las religiones de los pueblos
antiguos.
Les hablaremos de todo lo que se hace en los talleres, donde suceden
cosas más raras e interesantes que en los cuentos de magia, y son magia de
verdad, más linda que la otra; y les diremos lo que se sabe del cielo, y de lo
hondo del mar y de la tierra; y les contaremos cuentos de risa y novelas de
niños, para cuando hayan estudiado mucho, o jugado mucho, y quieran descansar.
Para los niños trabajamos, porque los niños son los que saben querer, porque los
niños son la esperanza del mundo. Y queremos que nos quieran, y nos vean como
cosa de su corazón.
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Fragmento de “A los niños
que lean La Edad de Oro”,
de José Martí