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La
trova cubana, una de nuestras más
antiguas manifestaciones musicales, que
fue incluso espejo de la perfilación de
nuestra identidad cultural, ha sido
siempre un acto de íntimo disfrute
espiritual colectivo.
El
trovador, ese personaje que desde el
siglo XIX anda por los caminos y las
ciudades cubanas, siempre en busca del
bar, la cantina, el patio o el salón de
una casa hospitalaria…para brindar su
canción en el ejercicio de la bohemia;
ha procurado encontrar en cada punto de
su camino interminable a sus semejantes.
Otros trovadores para intercambiarse
guitarras y canciones.
Aunque han pasado más de 150 años desde
que Céspedes, Fornaris y Castillo Moreno
despertaran a Luz Vázquez para cantarle
“La bayamesa” y con ello dar inicio a
nuestro cancionero juglaresco; hay
formas de comportamiento de este tipo de
músico que se mantienen intactas, una de
ellas es esa empedernida costumbre de
reunirse con otros de su estirpe, a
consecuencia de lo cual unos terminan
cantando las composiciones de los otros.
El quehacer de Enriquito Núñez hace
mucho tiempo da muestras de ello y queda
reafirmado en su recién aparecido disco
Con cierta ternura.
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Nació
aquí en La Habana en 1953, y a pesar de
que sus padres lo internaron en un
instituto militar, ya a finales de la
década del 60 del siglo pasado había
optado por la canción. Enamorado a
primera vista de los temas de Silvio,
Pablo y Noel; en cuanto tuvo a mano una
guitarra, casi al mismo tiempo de
dominar el instrumento, empezó a
componer canciones y a frecuentar
descargas. Se preocupa por superarse
técnicamente. A inicios de los años 70
entra en Centro de Desarrollo de la
Música del Consejo Nacional de Cultura y
logra asistir como oyente a las clases
que los maestros Leo Brouwer, Federico
Samith y Juan Elósegui, brindaban a los
integrantes del Grupo de Experimentación
Sonora del ICAIC. No es de extrañarse
entonces que en diciembre de 1972, sea
uno de los 43 jóvenes que funden en la
ciudad de Manzanillo el Movimiento de la
Nueva Trova.
Aunque su primer trabajo profesional fue
precisamente cantar sus canciones en
solitario o junto a otros colegas, desde
1980 trabaja en el Teatro Nacional de
Cuba, donde se formó como director
artístico. Esto le ha permitido hasta el
presente desarrollar una prolongada e
intensa labor de promoción cultural. Por
esta razón su constancia en la trova
frecuentemente ha estado alejada de los
escenarios, pero de ningún modo ha
dejado de ser uno de los intereses
prioritarios para Enriquito. Gracias a
ello, todavía en la época de los discos
negros, grabó su primer disco titulado
Con dulce rabia. En este larga
duración, que fue merecedor del Premio
EGREM de la Crítica, participaron Pablo
Milanés, Sara González, Tanya, Kiki
Corona, Omara Portuondo, Osvaldo
Rodríguez y Silvio. En la realización
del álbum también participaron los
maestros Frank Fernández, José María
Vitier y Ernán López-Nusa.
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En el
2005 concluyó la grabación de Con
cierta ternura, su segundo disco.
Ahora con la natural experiencia que
proporcionan los años y los mismos
deseos de descargar trova que tenía en
sus años de fugarse del instituto
militar; ha reunido 16 temas para
echarlos a volar desde un número
semejante de voces. La mayoría de las
composiciones tienen texto y música
suyos, pero también enseña aquí su gusto
por musicalizar poemas de otros, como
los cubanos Rubén Martínez Villena y
Monchy Font. También del reconocido
poeta panameño Manuel Orestes Nieto.
Hay
cantores como Pablo Milanés y Kiki
Corona que son reincidentes en los
discos de Enriquito. Ahora cantan
respectivamente “La Montaña” y “Hoy”.
Los demás intérpretes son Niurka Reyez
(“Sin temerle a nada”), Amaury Pérez
(“Los ojos de Raquel”), Pedro Romero
(“Motivos), el importante músico boricua
Danny Rivera (“Como hace un año”),
Vannia (“Mirar por dentro”), Chaviano
(“El broche”), Mayito Rivera (“La
flecha, no el blanco”), Liuba María
Hevia (“Si no supiera nada”), Leo Vera
(“Invitación al vals”), Aníbal Cruz (“El
perfume”), Manuel Argudín (“El pozo”),
Miriam Ramos (“Para esperar la
despedida”), Raquel Hernández y Coco
Freeman (“El año de mis sueños”).
Enriquito reservó para su propia voz
“Aquel pañuelo”.
Gracias a la sencilla belleza de las
canciones, que de modo esencial es un
mapa de los sentimientos cotidianos de
su autor, y de las orquestaciones de
Gabriel Gómez, José Bustillo, Jorge Luis
Triana y Pucho López; se ha logrado
Con cierta ternura. Un CD que tiene
otro componente particularmente
atractivo, que es precisamente esa
polifonía de voces en torno a la música
de Enriquito Núñez, incluyendo
intérpretes que como Vannia, Mayito
Rivera, Raquel y Coco Freeman, no se
dedican de modo habitual a la nueva
canción. |