Año V
La Habana

3 al 9 de FEBRERO
de 2007

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Últimas Puntadas de Ileana Mulet

Estrella Díaz • La Habana
Fotos: Cortesía de la artista

La pintora y diseñadora cubana Ileana Mulet (Holguín, 27 de junio de 1952) quiso nuevamente regalarnos su arte y para eso organizó Puntadas, exposición que incluye 17 obras que respiran cierto aire de homogeneidad o más bien poseen un denominador común con el cual arma su personal discurso pictórico.

Puntadas tiene varias características: el papel manufacturado es uno de los soportes más usados, las tonalidades en la gama de los naranjas prevalece, aunque casi siempre reforzada por el negro, y vuelve, una y otra vez, la ciudad de La Habana a colocarse como la gran protagonista. Y es que para Ileana los muros, las piedras, las columnas, las arcadas, el quinqué o el farol e incluso los hombres y mujeres que pueblan la Villa de San Cristóbal forman parte de un todo, alumbrado y entretejido, en esta ocasión, por una luz monocorde.

Pero parece ser que también para esta artista es importante atrapar lo que se define como patrimonio intangible: los cuadros inhalan y exhalan…, respiran y son poseedores de una espiritualidad que trasciende el soporte ya sea cartulina o lienzo; desbordan su propia sosegada energía.

La obra de Ileana —han dicho algunos y en eso coincide la propia artista— le debe a Marc Chagall, y creo que Puntadas es, igualmente, un coqueteo a lo cubano (¡claro está!) con la obra del gran pintor renacentista ruso en cuanto a temas y trazos.

Pero, en esta exposición —y es lo que marca la diferencia— es que en casi todos los cuadros aparece un querubín, ese ser alado y celestial que forma la segunda clase más alta de ángeles de las nueve existentes… ¿de dónde Ileana sacó estos querubines?, ¿son acaso apropiaciones de los frescos que cubren la Capilla Sixtina y que fueron concebidos en distintos momentos por Miguel Ángel, Sandro Botticelli o Domenico Ghirlandaio por solo mencionar a tres grandes del renacimiento italiano?

En ese sentido lo más interesante es que esos querubines se encuentran encajados, acoplados y articulados a la propia obra (no olvidar que a la Mulet le interesa mucho la experimentación y que la técnica del colage lo domina con destreza); es por eso que una lira, por ejemplo, puede mutar y convertirse en tres, uno de los instrumentos más auténticamente utilizados en la música cubana.  

Conformaron la muestra obras como “En fila hasta la puerta”, “Pensamientos”, “Los días del saber”, “Canto y puntadas”, “Bésame inocencia”, “Reflejo de la mente”, “Reposo de lo aprendido” y “La tormenta se avecina”, entre otras.

Comentario aparte merece “Jugando a las casitas con puntadas” (2006, óleo sobre tela, técnica mixta) que es a mi juicio la pieza que marca una ruptura dentro de la propia dramaturgia de la exposición. Esa quebradura se establece, sobre todo, en lo relacionado con el color: aquí el azul y el amarillo (primorosos y agresivos) son los preponderantes y en el fondo aparece lo que pudiera interpretarse como catedrales expresionistas… En este cuadro a Ileana se le revela su espíritu de diseñadora de vestuario y la impronta queda sellada cuando va, literalmente, colgando de una tendedera lo que otrora fueron ropas de muñecas; hermosa manera de, desde la infancia, humanizar la pieza.

Pienso que con “Jugando a las casitas con puntadas” la artista nos está dando nuevas claves y proponiendo, probablemente de manera subconsciente, un nuevo salto en su obra donde la tridimensionalidad o lo instalativo está como abocado, como luchando por nacer. Estamos ante la expedita idea de darle más vida a la obra a partir del estampado de esas ropas que, seguramente, tienen adheridas fantasías porque sirvieron para arrebujar sueños infantiles.    

Felicitemos, entonces, las más recientes Puntadas de Ileana Mulet, exposición que pudo verse en una de las galerías del Hotel Cohíba de la capital —institución que desarrolla un intenso trabajo de promoción del más genuino arte contemporáneo cubano— y que hasta los primeros días del próximo mes de marzo será exhibida en la Casa de Carmen Montilla, enclavada frente al Convento de San Francisco de Asís, uno de los sitios más bellos y emblemáticos de La Habana colonial.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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