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Cada vez que por razón de mi oficio me
piden que escriba algo sobre Martí, me
siento premiada en tanto por fuerza me
lleva a leerlo. Hace unas horas abrí un
tomo de las Obras Completas, las
de 1964, y una revisión rápida del
índice, Estados Unidos, me llevó al José
Martí crítico literario. A partir de ese
momento, una vez escogido un tema casi
al azar he comenzado a sentir gran deseo
de leer el libro comentado por él. Se
trata de la noveleta titulada: ¿El
vivo o el muerto? escrita por
una mujer, Amelie Rives.
La crónica de José Martí, escrita en
Nueva York y publicada en el periódico
La Nación, de Buenos Aires, el 6
de octubre de 1888 —hace 119 años—
comienza con una semblanza de un libro
sobre viajes de chinos y malayos por el
oeste y de negros por el este, muy
enjundioso y académico, cuyo autor, muy
afamado entonces es Eben Horsford, de
Boston, que, sin duda, incorporó datos
muy novedosos a su enjundiosa obra.
Leamos ahora a Martí:
“Pero de fijo que no alcanza este libro,
con sus reflejos de epopeya cósmica de
la Voluspá, la boga de la noveleta de
Amelie Rives, la osada y hermosa joven
de Virginia que acaba de salir de su
vida de amazona en la casa patriarcal,
donde la mimaron abuelos y siervos, para
ir de bodas a París, recién casada con
el millonario Chandler.
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Homenaje
a Martí
(Klvo) Rafael Calvo |
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“El Sur está dando un tipo humano nuevo,
donde con el atrevimiento del Norte, y
la fuerza y color de la vegetación
tropical, hierve la pasión latina. Es
como un paganismo; pero paganismo a
caballo, y con el látigo y botas de
montar, como anda por sus dominios,
dibujando troncos y acariciando niños la
impaciente Amelie Rives. Es un color sin
bridas, y un genio sin moderación. Ve al
que ama, y tiembla. Se echa en sus
brazos, y lo echa luego de sí. En esta
vibrante novela, ¿El vivo o el
muerto?, a cuyo título mismo ha dado
en inglés el sabor arcaico que señaló
sus primeras noveletas hípicas, hay un
drama brutal y magnífico, aunque sin
armonía, grados, ni beldad literaria,
entre la pasión carnal, la atracción
física, el influjo del cuerpo, el
trastorno causado por la aparición
triunfante de la belleza, —y la pasión
espiritual en su caso más bello y sutil,
el caso de amor de una viuda joven y
ardiente a su marido muerto.
“Ya ella va a ceder. Ya va a casarse con
el primo de su esposo ¡un primo que se
le parece tanto! Ya lo ha despedido, lo
ha acompañado en una noche de tempestad
al ferrocarril, ha contado, con
estertores de agonía unas veces y otras
con alaridos de triunfo, sus
desfallecimientos primeros, sus
miserables dudas, el encanto de su alma
y de su cuerpo, su victoria feroz y
pasajera, su sumisión al amor nuevo, un
amor imperioso, elegante y fuerte. Ya
están cerca las bodas; una tarde en que
él vuelve a casa a buscar algo olvidado,
ella se ampara de la tormenta en la
iglesia donde se casó con Valentín, con
su primer amor, con ‘Val’. Y la sombra
va creciendo, y su espanto. Ya ve a Val.
Ya tiene delante a Val. ¡Oh, Val! ¡Tuya
no más, Val de mi vida! Se arrodilla,
siente la mano fría, se retuerce, cae al
suelo sin sentido. Y cuando al día
siguiente ve en su sala delante de sí al
primo asombrado, no lo ve con rencor,
puesto que triunfa de él, sino como con
cierto frío cariño, por haber averiguado
gracias a su inútil belleza de hombre,
que puede más que las seducciones de la
carne la fidelidad del alma.
“Y en esta tierra puritánica ha
levantado gran escándalo, durable y
terco escándalo, esta obra desordenada y
vigorosa de una mujer de veintitrés
años”.
José Martí
Ciertamente leer a Martí es siempre un
homenaje que nos premia. |