Año V
La Habana

3 al 9 de FEBRERO
de 2007

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Rojo y azul, dos miradas

Axel Li • La Habana
Fotos: Cortesía de la galería de arte del Museo del Ron


Ha sido una coincidencia. Cada vez que se aproxima una fecha significativa en torno a José Martí salen a relucir sorpresas artísticas. Hay una por estos días que guarda relación con la exposición colectiva Confluencias (Museo del Ron, enero-febrero, 2007), una suerte de homenaje a la vertiente cubana del pop art. En dicha muestra está representado Raúl Martínez (1927-1995) con obras apenas conocidas. Entre ellas figuran dos sobre Martí: piezas aleccionadoras, importantes, curiosas.

Bien que pudiera celebrar el proyecto expositivo en torno al pop cubano, hacerle alguna que otra acotación; pero Martí hala, es deber afincarse en uno de los maestros de la plástica insular en casi todas sus variantes como Raúl para dar fe de dos de sus pinturas, privilegio de unos pocos en términos perceptivos.

Raúl Martínez merecería incluso una edición especial en forma de libro con el grueso mayor de sus figuraciones relativas al Maestro, como mismo requerimos de él la impresión de sus memorias de vida (Yo, Publio, inédito) para contrastar con la época, los hechos pasados... y también con aquellas evocaciones históricas (Elapso Tempore, 2001) de su colega de arte, el arquitecto y pintor Hugo Consuegra.

Suerte que sus Martí existen, estos se han divulgado por diferentes vías (postales, carteles, fotografías...), mas han de quedar algunos guardados. Ahora, más de diez años después del fallecimiento del artista, afloran dos exponentes inéditos de su obra martiana.[1] Eso son. Ambas pinturas se tributan parecidos. Las diferencias cromáticas y compositivas vivifican el interés por una pose frontal de amplios significados para el pintor. Una es de 1970, la otra corresponde a 1994. El tiempo de realización que media entre ambas no hizo mella en la recurrencia formal como estrategia. Razones particulares motivaron el énfasis en un Martí con antifaz estrellado: bella figuración que circunda los horizontes de la transmutación clarividente alcanzada por este ser que fue un ídolo en su tiempo y, además, un incomprendido por algunos.

Raúl Martínez: Martí (1994).
Técnica mixta sobre cartulina (73 x 51 cm).


Raúl Martínez enmascaró sabiamente a un preclaro hombre del siglo XIX. Con el antifaz de la estrella la lectura es más poética. La máscara es la estrella, la luz, el ideal. Así, se obtiene un rostro de vigor y distinto, el cual parte de ese siglo XX avanzado que honró a Martí una y otra vez desde las múltiples recolocaciones visuales. Las mismas que superan el retrato canónico de antaño. Retratar al Maestro es faena y aventura de largo alcance. Lo saben aquellos que han sondeado por esas zonas del arte y la historia cubanos: en Martínez esta actividad fue reiteración anunciada, una constante a agradecer.

La monografía sobre el pintor es pista para saber. En los años 80 él retorna a Martí y exhibe los resultados en la muestra Pinta mi amigo el pintor (1985). Este volver —más bien, un estar siempre— propicia una reflexión escrita años después: “Ha retomado a Martí para buscar fuerzas y seguir pintando. Cuando no lo apasiona ninguna idea, regresa a él como el impulso, con el deseo de encontrar las ideas futuras”.[2]


II


Es 1994 y Raúl grafica a una de sus más atractivas obras martianas: predomina el rojo. La fuerza compositiva es envidiable. ¿Qué lo hizo regresar?, ¿por qué insistir en una angulación que antes había sido bastante azul?, ¿qué lugar ocupará este Martí pictórico en la obra de Raúl Martínez?
 

Raúl Martínez: Martí (1970).
Tempera sobre cartulina (73 x 51 cm).


Finalmente los dos Martí aludidos antes, ya han sido expuestos. Han salido de su sitio permanente para ser recolocados en el imaginario amplio que nos compete, referido al héroe de Dos Ríos: el mismo sujeto histórico del que con paciencia y tesón Esteban Valderrama discursó (mejor) en una pintura —hoy día existente solo en fotografías—, y de manera específica, en torno al triste instante del 19 de mayo de 1895. Constituía esta una reinterpretación histórica, que fue bastante criticada, muy a pesar del sobreesfuerzo realizado por este pintor académico para alcanzar la objetividad in situ (Dos Ríos), un tipo de imposición desde sí a modo de ética pictórica.

A Raúl no se le vetarán sus Martí. Raúl Martínez tal vez solo llegó a repasar la geografía humana de quien fue uno de sus retratados de honor. Sus pinceles e ideas por instantes cruciales giraron en torbellino cromático sobre la esencia de este otro cubano del XIX.

A él retornó el pintor. El año 1994 lo ratifica. Es un buen punto de referencia. Sí, en efecto, un año antes de su partida física. Ha transcurrido ya más de una década...


NOTAS

[1] De acuerdo con los especialistas de la galería de arte del Museo del Ron es la primera vez que se exhiben tanto las obras sobre José Martí como las restantes realizadas por Raúl Martínez, presentes ahora en la muestra Confluencias. Estas pinturas forman parte de la colección personal del dramaturgo Abelardo Estorino.

[2] Gustavo Echevarría: Antología de un artista: Raúl Martínez. Casa Editora Abril, 1994, p. 41. (El subrayado es mío).

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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