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Canción
Desde que se crearon los planetas,
desde que apareció la ameba y los peces
aprendieron a andar para hacerse
lagartos
Y luego supo el mundo tener valles,
chimeneas y flautas,
he caminado dos veces por París
y siempre de tu mano.
La memoria del tiempo
lo grabó sin remedio
en un rincón del mapa de las eras.
Ahora que por primera vez
salgo sin ti a sus calles,
quedará la leyenda
del hombre que en vez de preguntar
por monumentos, catedrales y plazas,
gritaba tu nombre a cada cosa que
existía.
Si a nueva oscuridad parten los astros,
si se le ocurre al sol otro destino,
si regresara al sueño la llama que nos
hizo,
en algún sitio,
tras sus párpados,
estaré caminando dos veces por París
y siempre de tu mano.
Plaza de Rouen
(A Maritchu y Eduardo Aute)
Busco cualquier pretexto
para volver allí donde tu rosa se
complica,
donde su perfección se multifurca
en filos delicados y sinuosos,
en bordes palpitantes, en diminutos
pozos
húmeros que me susurran invenciones.
Desde ese encalve descubro en ti
los ojos con que Ingrid de Arco,
ardiendo
en la plaza del viejo del mercado de
Rouen,
imploraba a los cielos el fin de su
suplicio.
Y en vez de la misericordia
de un golpe de alabarda, transito
tus vidas, privadas callecitas, beso
los deslindes de su encantada
arquitectura,
deletreo sus recovecos góticos, sus
delicados
pliegues, turgencias y oquedades
—encajes de tu alma girando en agonía—,
hasta que te desatas en estremecimientos
y asciendes cantando como un ángel,
mártir y virginal, llamada
al fin por Tu Señor.
Escrito en la Asamblea
(A Sergio Corrieri)
Mientras estamos reunidos,
una pareja se despedaza
en un cuarto de desahogo
de la Asamblea Nacional.
Mientras nosotros leemos
ponencias, ellos sudan
bajito, enardecidos.
No son adoradores del silencio:
una hendija en la fiebre
les advierte el peligro.
Nosotros exploramos
perspectivas, nos lanzamos
a las honduras del ser social
y de la historia.
Ellos callan, temblando
de sí mismos.
Nosotros
continuamos reunidos.
Ellos
se apartan, agotados
de no gritar dulzuras.
Nosotros mañana
saldremos en los diarios.
Ellos para siempre
en sus memorias.
Gracias a mí
Gracias a mí Carmina es una santa,
un ser conmovedor, una princesa,
porque supe besarla con certeza
y descifrar su vocación que encanta.
Gracias a mí Rosa es una pagana,
un ser perturbador, una posesa.
no supe comprenderle la tristeza.
gracias a mí Rosa se hizo lesbiana.
Gracias a mí cursaron dos audacias:
he sido profesor de cicatrices
creyéndome doctor de las desgracias.
Pero respecto a tales aprendices
y a sus probados fueros y eficacias,
gracias a mí las dos hoy son felices.
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