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Fin y comienzo de año. Temporada
tradicionalmente dada a las
reminiscencias, a paseos por la
memoria, a meditaciones sobre el
pasado con sugerentes implicaciones
al que vendrá. Tiempo promulgado
para fiestas aún en medio de
cualquier angustia, pero mucho más
auténtico como época para el
ejercicio voluntario de rememorar y
mirar atrás. Nada mejor entonces
para este momento que fijar La
Mirada con detenimiento en Dolly
back, la exposición de Jairo
Alfonso que se exhibe desde
diciembre y hasta enero en la
galería 23 y 12.
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A
primera vista el cine y su impacto
universal como massmedio y la
ubicación de esta galería —rodeada
de salas cinematográficas y tan
cercana al centro mismo de
generación de la industria fílmica
cubana, el Instituto Cubano del Arte
e Industrias Cinematográficos (ICAIC)—
pudieran parecer un manejo
artificioso del artista para llamar
la atención del espectador hacia
esta muestra que llanamente consigue
dejar lo fílmico en la epidermis y
lo lúdico de su presencia como ardid
de estructura para penetrar
significados y elaboraciones
plásticas mucho más antropológicas y
mnemónicas.
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Jairo
interrelaciona aquí una serie de
dibujos titulados Ejercicios para
la memoria —donde reafirma su
conocida práctica de utilizar el
café como esencia para matizar el
pasado dibujado— con una serie de
videos igualmente armados desde los
más naturales recursos de la técnica
audiovisual; siéndose así fiel a sus
maneras de atender estéticamente a
lo rural y lo campechano aún cuando
desde 1998 se graduó del Instituto
Superior de Arte (ISA) y, por tanto,
no le es ajena la ciudad y una buena
dosis de conocimientos académicos e
intelectuales sobre arte.
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Este joven recorre constantemente su
pueblo natal Aguacate, y
similarmente como al café, le extrae
y toma la sustancia capaz de quedar
impregnada en su historia personal
de ser humano-creador. Su condición
de artista la emplea entonces, desde
un aparente alejamiento, en decantar
símbolos y captar codificaciones
visuales que consiguen, desde la
particularidad de una localidad,
sobrepasar el entorno propio y
“sobresignificarse” como textos
paralelos a una historia de nación,
de mundo “global”. Nótese así en la
presencia conjunta de oposiciones y
semejanzas entre un campo arado, una
calle pueblerina, un malecón, un
central azucarero, el Capitolio o un
mapa de Europa; en un Che, un Bruse
Lee y un Mickey Mouse. Jairo
recuerda de sí, pero dibuja y
fotografía de todos, o al menos para
todos a partir de la síntesis y la
polémica que entabla con esos
referentes conformadores de su hasta
hoy y ante un amenazante olvidadizo
e incierto futuro.
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En estos Ejercicios para la
memoria resalta también un
carácter fotográfico que apoya la
armazón cinematográfica, que un
tanto se refuerza además con la
presencia colateral del video, como
nuevo soporte para una vuelta nueva
de Jairo sobre asuntos y
preocupaciones recurrentes tanto en
sí como en el quehacer artístico
cubano e internacional: Identidad y
Memoria.
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Sobre este camino, que va trillando
a su manera de hacer y desde las
peculiaridades de la autorreferencia,
ya han hecho alusión en muestras
anteriores otros conocedores del
arte como la Doctora
Yolanda Wood quien escribió: “Todos
los medios expresivos buscan el
mismo efecto, la mitificación del
tiempo y la leyenda de un pasado
reactivo como fuerza creadora”. Por
su parte la curadora Hilda María
Rodríguez ha resaltado: “La pesquisa
y el otro de este joven artista en
su origen campesino, en sus
ambientes rurales, familiares y en
los laberintos culturales de su
pasado son ya conocidos. Sin
embargo, lo que ha ido enriqueciendo
su obra son las nuevas experiencias
y referentes que, incorporados de
manera dialéctica a su microcosmos,
denotan una formación heterodoxa y
articulada”. Mientras que los
críticos de arte Larry J. González y
Nahela Echevarría expresan: “En
Jairo, lo autorreferencial habría
caído en reiteración estéril de no
ser por el encuentro renovado con
aquello que lo identifica; y es que
el artista sigue siendo un
transeúnte en la ciudad, que
disfruta
―a
menudo―
el retorno a su tierra: savia vital
que fertiliza y enriquece, sustancia
última de su particular manera de
decir.” |