Año V
La Habana
2007

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Tiempo y espacio para mirar atrás
Andrés D. Abreu • La Habana

Fin y comienzo de año. Temporada tradicionalmente dada a las reminiscencias, a paseos por la memoria, a meditaciones sobre el pasado con sugerentes implicaciones al que vendrá. Tiempo promulgado para fiestas aún en medio de cualquier angustia, pero mucho más auténtico como época para el ejercicio voluntario de rememorar y mirar atrás. Nada mejor entonces para este momento que fijar La Mirada con detenimiento en Dolly back, la exposición de Jairo Alfonso que se exhibe desde diciembre y hasta enero en la galería 23 y 12.

A primera vista el cine y su impacto universal como massmedio y la ubicación de esta galería —rodeada  de salas cinematográficas y tan cercana al centro mismo de generación de la industria fílmica cubana, el Instituto Cubano del Arte e Industrias Cinematográficos (ICAIC)— pudieran parecer un manejo artificioso del artista para llamar la atención del espectador hacia esta muestra que llanamente consigue dejar lo fílmico en la epidermis y lo lúdico de su presencia como ardid de estructura para penetrar significados y elaboraciones plásticas mucho más antropológicas y mnemónicas. 

 Jairo interrelaciona aquí una serie de dibujos titulados Ejercicios para la memoria —donde reafirma su conocida práctica de utilizar el café como esencia para matizar el pasado dibujado— con una serie de videos igualmente armados desde los más naturales recursos de la técnica audiovisual; siéndose así fiel a sus maneras de atender estéticamente a lo rural y lo campechano aún cuando desde 1998  se graduó del Instituto Superior de Arte (ISA) y, por tanto, no le es ajena la ciudad y una buena dosis de conocimientos académicos e intelectuales sobre arte.

Este joven recorre constantemente su pueblo natal Aguacate, y similarmente como al café, le extrae y toma la sustancia capaz de quedar impregnada en su historia personal de ser humano-creador. Su condición de artista la emplea entonces, desde un aparente alejamiento, en decantar símbolos y captar codificaciones visuales que consiguen, desde la particularidad de una localidad, sobrepasar el entorno propio y “sobresignificarse”  como  textos paralelos a una historia de nación, de mundo “global”. Nótese así en la presencia conjunta de oposiciones y semejanzas entre un campo arado, una calle pueblerina, un malecón, un central azucarero, el Capitolio o un mapa de Europa; en un Che, un Bruse Lee y un Mickey Mouse. Jairo recuerda de sí,  pero dibuja y fotografía de todos, o al menos para todos a partir de la síntesis y la polémica que entabla con esos referentes conformadores de su hasta hoy y ante un amenazante olvidadizo e incierto futuro.

En estos Ejercicios para la memoria resalta también un carácter fotográfico que apoya la armazón cinematográfica, que un tanto se refuerza además con la presencia colateral del video, como nuevo soporte para una vuelta nueva de Jairo sobre asuntos y preocupaciones recurrentes tanto en sí como en el quehacer artístico cubano e internacional: Identidad y Memoria.

Sobre este camino, que va trillando a su manera de hacer y desde las peculiaridades de la autorreferencia, ya han hecho alusión en muestras anteriores otros conocedores del arte como la Doctora Yolanda Wood  quien escribió: “Todos los medios expresivos buscan el mismo efecto, la mitificación del tiempo y la leyenda de un pasado reactivo como fuerza creadora”. Por su parte la curadora Hilda María Rodríguez ha resaltado: “La pesquisa y el otro de este joven artista en su origen campesino, en sus ambientes rurales, familiares y en los laberintos culturales de su pasado son ya conocidos. Sin embargo, lo que ha ido enriqueciendo su obra son las nuevas experiencias y referentes que, incorporados de manera dialéctica a su microcosmos, denotan una formación heterodoxa y articulada”. Mientras que los críticos de arte Larry J. González y Nahela Echevarría expresan: “En Jairo, lo autorreferencial habría caído en reiteración estéril de no ser por el encuentro renovado con aquello que lo identifica; y es que el artista sigue siendo un transeúnte en la ciudad, que disfruta a menudo el retorno a su tierra: savia vital que fertiliza y enriquece, sustancia última de su particular manera de decir.”

 

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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