Año V
La Habana
2007

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

ALEjandro García Caturla
El creador social
Josefina Ortega • La Habana

En 1933, el poeta cubano Nicolás Guillén recibía en La Habana una carta fechada en Remedios en agosto 4.

“Mi hermano y yo ―decía la misiva en uno de sus párrafos― suponemos en tu poder los dos números de Atalaya, incluyéndose en el primero tu bellísima Balada del Güije”.

La carta estaba firmada por el músico y abogado Alejandro García Caturla y entre otras cosas le advertía: “…hay espíritus reaccionarios que han pedido 6 meses de arresto para ti y 3 para cada uno de los directores de Atalaya. Afortunadamente no son autoridades; si no, ya sabes que iríamos al Príncipe o a alguna prisión por el estilo, por delito de lesa patria”.

Naturalmente el tono era jocoso y reafirmaba,  además el sentido del humor del músico, la burla a quienes despreciaban las nuevas tendencias de revalorizar a la cultura africana que iba insertándose en la cultura nacional.

Tal era la intención de numerosos intelectuales. Entre estos últimos estaba el novelista Alejo Capertier ―con quien García Caturla sostuvo un extenso intercambio de mensajes―,  el músico Amadeo Roldán y el ensayista Juan Marinello.

En el profuso epistolario que mantuvo Caturla con amigos, quizá por razones obvias con  Guillén, desarrolló ideas precisas en cuanto al tema.

En carta del 17 de junio de 1930 le contaba: “He leído dos veces la crónica de Ramón Vasconcelos  y creo como usted que está completamente equivocado (…) Durante mi estancia en París a fines del año 1928 y en banquete patriótico del 10 de octubre que se efectuó en La Rotonda, tuve la oportunidad de hablar con Vasconcelos sobre nuestra música vernácula mostrando, en cuanto a esta se refiere, igual criterio erróneo. Me decía que en Pinar del Río podía encontrar yo música guajira autóctona y no veía con buenos ojos artísticos, humanos y sociales las manifestaciones populares de la música afrocubana, fuente de las obras que desde hace cinco o seis años venimos produciendo Roldán y yo”.

No eran pocos quienes rechazaban la irrupción del “negrismo”,  pero ante ellos se alzó García Caturla justamente en unión de Nicolás Guillén,  componiendo música  a partir de los versos de este último.

“Le envío, como me pide, una copia de los versos a Kid Chocolate y tan pronto me sea posible le sacaré copia también de los otros que amablemente le interesa de mí”, le  había escrito Guillén a Caturla, el 10 mayo de 1930, para anunciarle más adelante que había hecho  “otro motivo” y un  “canto negro” que espero sean de su agrado. Estoy retocándolo no más para dárselos a conocer, a ver si tiene la misma suerte, también de llevar música suya”.

Antes, Guillén le había insistido ―el día 7― que tenía “deseos de que hablemos sobre todas las cosas relacionadas con  nuestro arte. Con el suyo y con el mío. Me parece que pudiéramos hacer cosas interesantes”.

La estima y la valoración que el poeta tenía sobre el músico se dejaba claro en una carta fechada en octubre 8 de ese mismo año, al saber que Caturla estaba en una suplencia: “Veo que está de juez en ésa, y lo compadezco,  sinceramente. Supongo que se sentirá usted más preso aún que muchos de los que condena, porque no creo yo que un hombre como usted se avenga de buen grado al ejercicio de tan pequeña disciplina”.                                               

El remediano le responde al día siguiente: “He recibido esta mañana su carta en el juzgado Correccional de Caibarién (…) los versos los encontré como todos los suyos que conozco: admirables y especialmente los he trabajado musicalmente”.

En cartas posteriores, Alejandro García Caturla mostraba su deseo de continuar con un trabajo similar.

Así, en noviembre 17 de 1931 escribía: “Si te queda algún ejemplar de tu libro Sóngoro  Cosongo, mucho te  agradecería me lo enviaras con su correspondiente dedicatoria, para la señorita Gloria Bausá y Gutiérrez, intelectual de este pueblo, muy amiga mía y que siempre se ha interesado por tu obra (…) En breve te daré buenas noticias de los últimos  poemas  tuyos que estoy musicalizando.

Luego en  julio 13  de 1933 le anunciaba: “Espero que podremos durante los quince días que pienso estar en ésa, llevar a cabo nuestro acariciado proyecto de una obra coral afrocubana. Yo me estoy apurando en la terminación de la reorquestación de la Rumba, cosa de tenerla terminada dentro de breves días, para estar expedito y poder trabajar solamente en lo nuestro”.

En párrafos más adelante  ―recordar el año―  notificaba una intención que,  además de su trabajo creador como músico, mostraba otros perfiles de su pensamiento progresista: “En el 3er número (de Atalaya) publicaremos versos de Manuel Navarro Luna y José Antonio Portuondo. Te sorprenderá extraordinariamente los de este último que van. No son afrocubanos; pero sí políticos de actualidad y profundos”.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
IE-Firefox, 800x600