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En
1933, el poeta cubano Nicolás Guillén
recibía en La Habana una carta fechada
en Remedios en agosto 4.
“Mi
hermano y yo ―decía la misiva en uno de
sus párrafos― suponemos en tu poder los
dos números de Atalaya,
incluyéndose en el primero tu bellísima
Balada del Güije”.
La
carta estaba firmada por el músico y
abogado Alejandro García Caturla y entre
otras cosas le advertía: “…hay espíritus
reaccionarios que han pedido 6 meses de
arresto para ti y 3 para cada uno de los
directores de Atalaya.
Afortunadamente no son autoridades; si
no, ya sabes que iríamos al Príncipe o a
alguna prisión por el estilo, por delito
de lesa patria”.
Naturalmente el tono era jocoso y
reafirmaba, además el sentido del humor
del músico, la burla a quienes
despreciaban las nuevas tendencias de
revalorizar a la cultura africana que
iba insertándose en la cultura nacional.
Tal
era la intención de numerosos
intelectuales. Entre estos últimos
estaba el novelista Alejo Capertier ―con
quien García Caturla sostuvo un extenso
intercambio de mensajes―, el músico
Amadeo Roldán y el ensayista Juan
Marinello.
En el
profuso epistolario que mantuvo Caturla
con amigos, quizá por razones obvias
con Guillén, desarrolló ideas precisas
en cuanto al tema.
En
carta del 17 de junio de 1930 le
contaba: “He leído dos veces la crónica
de Ramón Vasconcelos y creo como usted
que está completamente equivocado (…)
Durante mi estancia en París a fines del
año 1928 y en banquete patriótico del 10
de octubre que se efectuó en La Rotonda,
tuve la oportunidad de hablar con
Vasconcelos sobre
nuestra música
vernácula mostrando, en cuanto a esta se
refiere, igual criterio erróneo. Me
decía que en Pinar del Río podía
encontrar yo música guajira autóctona y
no veía con buenos ojos artísticos,
humanos y sociales las manifestaciones
populares de la música afrocubana,
fuente de las obras que desde hace cinco
o seis años venimos produciendo Roldán y
yo”.
No
eran pocos quienes rechazaban la
irrupción del “negrismo”, pero ante
ellos se alzó García Caturla justamente
en unión de Nicolás Guillén,
componiendo música a partir de los
versos de este último.
“Le
envío, como me pide, una copia de los
versos a Kid Chocolate y tan pronto me
sea posible le sacaré copia también de
los otros que amablemente le interesa de
mí”, le había escrito Guillén a Caturla,
el 10 mayo de 1930, para anunciarle más
adelante que había hecho “otro
motivo” y un “canto negro” que
espero sean de su agrado. Estoy
retocándolo no más para dárselos a
conocer, a ver si tiene la misma suerte,
también de llevar música suya”.
Antes, Guillén le había insistido ―el
día 7― que tenía “deseos de que hablemos
sobre todas las cosas relacionadas con
nuestro arte. Con el suyo y con el mío.
Me parece que pudiéramos hacer cosas
interesantes”.
La
estima y la valoración que el poeta
tenía sobre el músico se dejaba claro en
una carta fechada en octubre 8 de
ese mismo año, al saber que Caturla
estaba en una suplencia: “Veo que está
de juez en ésa, y lo compadezco,
sinceramente. Supongo que se sentirá
usted más preso aún que muchos de los
que condena, porque no creo yo que un
hombre como usted se avenga de buen
grado al ejercicio de tan pequeña
disciplina”.
El
remediano le responde al día siguiente:
“He recibido esta mañana su carta en el
juzgado Correccional de Caibarién (…)
los versos los encontré como todos los
suyos que conozco: admirables y
especialmente los he trabajado
musicalmente”.
En
cartas posteriores, Alejandro García
Caturla mostraba su deseo de continuar
con un trabajo similar.
Así,
en noviembre 17 de 1931 escribía: “Si te
queda algún ejemplar de tu libro
Sóngoro Cosongo, mucho te
agradecería me lo enviaras con su
correspondiente dedicatoria, para la
señorita Gloria Bausá y Gutiérrez,
intelectual de este pueblo, muy amiga
mía y que siempre se ha interesado por
tu obra (…) En breve te daré buenas
noticias de los últimos poemas tuyos
que estoy musicalizando.
Luego
en julio 13 de 1933 le anunciaba:
“Espero que podremos durante los quince
días que pienso estar en ésa, llevar a
cabo nuestro acariciado proyecto de una
obra coral afrocubana. Yo me estoy
apurando en la terminación de la
reorquestación de la Rumba, cosa de
tenerla terminada dentro de breves días,
para estar expedito y poder trabajar
solamente en lo nuestro”.
En
párrafos más adelante ―recordar el
año― notificaba una intención que,
además de su trabajo creador como
músico, mostraba otros perfiles de su
pensamiento progresista: “En el 3er
número (de Atalaya) publicaremos
versos de Manuel Navarro Luna y José
Antonio Portuondo. Te sorprenderá
extraordinariamente los de este último
que van. No son afrocubanos; pero sí
políticos de actualidad y profundos”. |