Año V
La Habana

6 - 12 de ENERO
de 2007

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Panamá: pasado, presente y futuro
Humberto Arenal • La Habana


¿Qué sabía yo de Panamá antes de ahora que casi acabo de regresar de ese acogedor país, después de cumplir la función de jurado de teatro del concurso Ricardo Miró? Muy poco, en verdad. Lo que me habían enseñado, hace mucho tiempo, en los elementales cursos de historia de América en la Escuela Primaria Superior donde estudié; lo que leí alguna vez en un libro de historia o en un artículo periodístico hace tanto que no recuerdo cuándo; y lo que mi amigo el escritor y profesor universitario, el guatemalteco Manuel Galich, me refirió en detalle en aquellas largas y provechosas conversaciones que sostuvimos en la Casa de las Américas. Y como diría mi padre: Pare usted de contar.

¿Fue el imprescindible Cristóbal Colón quien descubrió esas tierras que hoy llaman Panamá?, le pregunté alguna vez a Galich. Y él amable y sonriente, como siempre, me dijo que no. Y mencionó algunos nombres de conquistadores españoles como Vasco Núñez de Balboa (la moneda panameña se nombra precisamente Balboa), Pedrarias Dávila y Juan de la Cosa, que a principios del siglo XVI exploraron esas tierras, pero no fueron muy bien recibidos por los bravos nativos y se retiraron prestos para no perecer en la empresa. La misma suerte corrió el almirante don Cristóbal Colón poco tiempo después. Fue en su cuarto viaje realizado en 1502 cuando fundó Santa María de Belén, pero se asegura que aquello no duró mucho, ante la hostilidad de los nativos. Pero el primer establecimiento que perduró fue el de Santa María de la Antigua del Darién, fundado por Vasco Núñez de Balboa en 1513 el que atravesó el istmo y descubrió el océano Pacífico. Pero el nuevo gobernador Pedrarias Dávila, por rencillas y ambiciones personales ordenó la ejecución de Balboa en 1517 y fundó la ciudad de Panamá en 1519. Me decía Galich que relatan los historiadores que unos cuantos años después, España, por fin, emprendió la colonización del istmo. Entonces para alguien fueron  evidentes las ventajas de contar con una ruta marítima a través de Panamá.

Fue el Rey Carlos V de España el que ordenó los primeros estudios topográficos para la construcción de un canal por una sección del istmo de 80 kilómetros de ancho. Pero el proyecto nunca prosperó. La complejidad de una obra como esta estaba más allá de las posibilidades técnicas de la época.

Su posición de escala de las flotas que iban a España convirtió a Panamá en centro de ataque de los corsarios y piratas, durante los siglos XVI, XVII y XVIII, como lo hicieron los muy renombrados Drake y Morgan, el que saqueó y destruyó en 1671 la ciudad de Panamá. Vamos a dar un salto histórico. La independencia de Panamá no fue proclamada hasta 1821, uniéndose a la Gran Colombia de la que formó parte el departamento del Istmo, que gozó de gran independencia. En el año de 1826 fue sede del Primer Congreso Interamericano convocado  por Simón Bolívar. Cuando este murió hubo diversas tentativas secesionistas, estimuladas por la evidente importancia del Istmo.                    

Ahora, en este año 2006 del siglo XXI, en total mis conocimientos no pasaban de saber que Panamá ocupa la zona más estrecha del istmo centroamericano. Que el sector agrícola es muy importante, el que exporta sobre todo, por supuesto, a los EE.UU. Y algo muy fundamental, que el famoso Canal de Panamá, que merece toda una historia aparte, desde muy temprano fue concebido como dije por los españoles, después por los franceses, y finalmente fue completado por los norteamericanos que lo explotaron muy provechosamente hasta que llegó el general Omar Torrijos y proclamó: “Teníamos dos objetivos fundamentales en la Revolución del año 68. Primero, la recuperación del Canal, y segundo, convertir una caricatura de país en Nación.” Ahora sé que me adelanté. Vuelvo atrás.

Un folleto que tengo delante de mí me informa que: “más de tres siglos después, el conde francés Ferdinand de Lesseps, quien construyó el Canal de Suez entre 1859 y 1869, organizó en 1879 la Compañía Universal del Canal Interoceánico de Panamá con el propósito de construir un canal a nivel en el istmo de Panamá. En 1880 De Lesseps inauguró las obras y, por medio de la Compañía Universal, vendió bonos y acciones para financiar la construcción de la vía, pero la experiencia y conocimientos de los ingenieros franceses no fueron suficientes para  sobreponer los obstáculos propios de un clima como el que encontraron. Las enfermedades y la deficiente administración del proyecto terminaron por hacerlo fracasar financieramente en 1889.”  Pero este folleto no menciona que los infelices obreros venidos de Jamaica primero y de Barbados después, que trabajaban diez y doce horas diarias por un dólar  de salario, murieron por miles durante años, sin que la millonaria empresa francesa dirigida por el famoso De Lessep hiciera otra cosa que lamentarse por las cuantiosas pérdidas monetarias de la riesgosa empresa.

Sigue relatando el folleto que “los franceses no se dieron del todo por vencidos y en 1894 fue organizada la Nueva Compañía del Canal de Panamá. Un comité técnico investigó las características topográficas, geológicas, e hidrológicas del Istmo. El comité recomendó la construcción de un canal de esclusas para controlar los efectos de las crecidas del río Chagres y, a la vez, disminuir la magnitud de las excavaciones que implicaría la construcción de un paso a nivel.  Este segundo intento tampoco prosperó. Huérfanos de apoyo financiero estatal o privado, y ya sin fondos, los representantes de la Nueva Compañía del Canal se vieron obligados a vender al gobierno de EE.UU. las propiedades y derechos que tenían sobre la construcción del Canal.”  Este sería el inicio de las calamidades futuras  de los panameños.

En 1903, Panamá, que ya era una nación independiente de Colombia, acordó con el gobierno de EE.UU. el Tratado Hay-Bunau Varilla, que les permitía a los norteamericanos emprender la construcción de un canal interoceánico a través del Istmo de Panamá.  En 1904 EE.UU. compró la opción a un costo de B.40 millones.

Durante una década de muy peligrosos trabajos, los estadounidenses se dieron a la tarea de completar el Canal de Panamá. La obra demandó la presencia de 75 000 hombres y mujeres —muchos de ellos murieron víctimas de la fiebre amarilla, el tifus, la malaria y las pésimas condiciones de vida. La obra costó B.400 millones. Al igual que los franceses, los nuevos constructores se enfrentaron con descomunales problemas: como los derrumbes constantes; la complejidad del enorme volumen de excavación; el gran tamaño de las esclusas y la necesidad de establecer nuevas comunidades; importar distintos materiales y organizar desconocidos niveles de trabajo. Una tarea realmente sobrehumana de los trabajadores y los directores del magno proyecto.

Pero hay que destacar quiénes fueron los verdaderos héroes de esta empresa gigantesca. La voluntad y el empeño de seres humanos, la mayoría de ellos ahora anónimos: los hombres y mujeres que construyeron el Canal, lo que se constituyó en un legado muy valioso para la humanidad.

Por esa fecha el doctor Carlos J. Finlay, un eminente y laborioso médico cubano, descubrió  que el mosquito Aedes Aegypti, era el trasmisor de la fiebre amarilla, lo que llegó a ser conocido y utilizado ampliamente  por el equipo médico norteamericano —con el coronel William Crawford a la cabeza, que atendía al personal que laboraba en la construcción del canal. Con los profesionales que fueron concibiendo la obra como el ingeniero jefe John F. Stevens y su equipo de trabajo, los que levantaron poblados, establecieron el sistema de abastecimiento y organizaron un importante sistema ferroviario para extraer el material pétreo excavado del corte; el coronel George Washington Goethals y su personal llevaron adelante la excavación del Corte Culebra, diseñaron los planos finales y construyeron las esclusas así como la represa de Gatún. Una obra verdaderamente gigantesca, hay que reconocerlo. Este trabajo conjunto permitió la inauguración del Canal de Panamá el 15 de agosto de 1914, con el primer tránsito oficial de uno a otro océano del vapor Ancón. Es necesario decir que desde esta fecha hasta octubre de 1979,  en que según lo dispuesto en el Tratado Torrijos-Carter se inició una nueva etapa para el Canal, el gobierno de EE.UU. obtuvo enormes ganancias provenientes de los fondos que obtenía del pago que efectuaban las empresas navieras por el derecho a transitar por el Canal de Panamá.

Durante 85 años el pueblo panameño subordinó su independencia nacional a la intervención constante y múltiple del gobierno norteamericano. El Canal de Panamá era su mayor riqueza económica, e iba a parar a las manos del gobierno de EE.UU., mientras los panameños carecían de las normas más elementales de vida.

En un discurso que pronunció en la Plaza 5 de Mayo, el 11 de octubre de 1971, en la Ciudad de Panamá, el general Omar Torrijos afirmaba: Yo quiero hablarles a ustedes de que hay 200 000 analfabetos panameños que esperan la redención del libro, la redención del maestro para aprender a leer y escribir. Yo quiero hablarles a ustedes de los 45 000 panameños que están sin trabajo.  Quiero hablarles a ustedes de los 50 000 agricultores panameños cuyos ingresos no llegan siquiera a los cien balboas al año.  

¿Quién era el tan mencionado general Torrijos? Este era un lenguaje nuevo, este era un hombre que se atrevía a desafiar a los poderosos, a los políticos que habían pactado desde siempre en contra de los intereses del pueblo panameño.

Omar Torrijos era el Comandante de la Guardia Nacional, que derrocó en 1968 al corrupto y tradicionalista presidente Arnulfo Arias y asumió el poder. En un discurso que pronunció ante el Primer Congreso de Corregidores de la República, en el Palacio Legislativo, el 17 de agosto de 1971, dejó sentado un principio básico de la Revolución que encabezaba. “Esta Revolución es para los desvalidos, no para los que tienen. Para los desvalidos porque solo ellos pueden hacer la Revolución.” Y en otra ocasión definió el ideario político de él y sus seguidores en estos términos: “Cuando nosotros llegamos al Gobierno, la Guardia Nacional junto con todos los funcionarios que nos acompañan, hicimos el juramento de dedicar el esfuerzo del Gobierno Revolucionario al servicio del hombre a quien el estado nunca había recordado: el indio, el campesino el pobre, el que tiene hambre, el que está anémico, el que anda agachado.”  Estos no eran retóricos ni huecos conceptos como acostumbraban los políticos de siempre, para adormecer al pueblo con falsas promesas. Eran opiniones contundentes, y respondían a las necesidades más esenciales de los panameños.

Pero Omar Torrijos sabía bien quiénes eran sus enemigos internos —la burguesía nacional— y los externos —que estaban agazapados con falsas promesas en los EE.UU. Por eso advirtió el 15 de marzo de 1973 ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. “Si se nos impide emprender cambios pacíficos, están empujando a nuestro pueblo a que propicie cambios violentos.”

Él sabía no solo quiénes eran sus enemigos, si no los métodos que seguirían. Él lo dijo muy claro, advirtiendo el final violento que tendría su vida. “Eso está previsto, y eso no me preocupa…lo que me interesa es que el día que eso pase, recojan la bandera, le den un beso y sigan adelante.”  Todavía muchos se preguntan, ¿en qué circunstancias murió el general Omar Torrijos? Sabemos lo evidente, que fue en un accidente aéreo, pero quién lo propició. Y muchos siguen contestando, en circunstancias muy sospechosas, no aclaradas, en circunstancias que señalan con el dedo a los culpables, y hasta surge un nombre: los Servicios de Inteligencia de los Estados Unidos de América. ¿Quedará aclarado este misterio, que para muchos no es tal, algún día?  Este no es un acto de intromisión en los asuntos internos de Panamá, lo recogí allí en las opiniones de muchos.  

El Tratado Torrijos-Carter, como es ampliamente sabido, permitió que la República de Panamá asumiera la administración plena del Canal a partir del mediodía del 31 de diciembre de 1999. La encargada de hacerlo ha sido desde entonces la Autoridad del Canal de Panamá (ACP), una institución autónoma del Gobierno, dirigida por un administrador y un subadministrador bajo la supervisión de una Junta Directiva integrada por 11 personas. La ACP fue creada por la Constitución Política de la República de Panamá. Las cosas estaban cambiando. 

Se dice que a veces los números hablan. Aquí tenemos un caso muy elocuente que habla por sí mismo. En 85 años de administración norteamericana, el Canal aportó al Tesoro Nacional 1, 877,907, 000 en balboas. En seis años de administración panameña, el aporte económico al Tesoro Nacional fue de 1, 821, 100, 000 balboas. El argumento es tan contundente que no necesita ser ampliado. Pero los panameños no están conformes, están enfrascados en una tarea gigante para el futuro. La Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá entregó al presidente de la República, Martín Torrijos (como es sabido hijo del general Torrijos y seguidor de sus ideales) el 24 de abril de 2006 la propuesta de ampliación del Canal mediante el proyecto del tercer juego de esclusas. Después de ser aprobado por el ejecutivo de la nación, el proyecto fue aprobado recientemente en un referendo votado mayoritariamente por el pueblo panameño. Se asegura que este proyecto duplicará la capacidad del Canal y le permitirá captar la creciente demanda de comercio marítimo que usaría la ruta por Panamá. La construcción del proyecto tomará entre siete y ocho años y el costo estimado es de B. 5,250 millones. El proyecto se iniciará en el 2007 y se completará a más tardar en el 2014.

La mayoría de los panameños con quienes hablé durante mi reciente estancia en ese bello y amistoso país, está de acuerdo con el proyecto de ampliación del Canal. Y yo pensaba que los beneficios de esta obra tienen un nombre y un apellido: Omar Torrijos. Si el Canal no hubiera pasado a manos de los panameños, como él se propuso, los beneficios de todo tipo de esta obra no llegarían a la mayoría del pueblo de Panamá. En un discurso que pronunció en 1973 preguntó: ¿No será que unos se están muriendo de opulencia, mientras otros se mueren de miseria? Parece que la historia presente de Panamá le está dando la respuesta que Omar Torrijos esperaba. La riqueza ha comenzado a pasar, cada vez más, a los que se morían de miseria.  

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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