Año V
La Habana

6 - 12 de ENERO
de 2007

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ENTREVISTA CON SANDOR GONZÁLEZ

Esto es una reafirmación

Antonia Vidal • La Habana
Fotos: Víctor Junco (La Jiribilla)

El joven artista de la plástica Sandor González se refiere al proyecto Arca de la Libertad como una oportunidad única que le permitió no solo trabajar entre maestros establecidos del arte pictórico cubano sino expresar su compromiso y homenaje personal gracias a la obra mayor que se logró de esta labor conjunta, en la que intervinieron 15 artistas de nuestro país, dedicada al Comandante en Jefe Fidel Castro en el contexto de la celebración por su 80 cumpleaños

¿Cómo se vinculó a la obra mural Arca de la Libertad?

Kcho me llamó, me dijo que estaba preparando un proyecto. Cuando llegué ya estaba montada la tela y el grupo de artistas reunido. Antes nos había enviado una carta explicando en qué consistía todo. Empezamos a trabajar casi enseguida, aunque algunos quedaron para después, yo mismo trabajé casi al final para unificar las obras. Había quien llegaba rápido en un tiempo libre y trabajaba en ese momento. Fabelo pasó y dejó planteado el boceto de lo que iba a hacer para que los demás no se atrasaran. Al otro día fue y lo terminó. El proyecto se hizo así, fue muy relajante, muy tranquilo.

Hubo organización, pero todo el mundo hizo lo que quiso. Por ejemplo, Bejarano llegó y pegó papeles en un gran espacio, después se dejaron elementos y lo demás se fusionó con el resto de las obras. Había mucha libertad. Fue muy espontáneo, pero con orden.

¿Con qué idea se enfrentó a la obra?, ¿cómo surgió su aporte personal?

Yo hago edificaciones, trabajo el tema urbano, el hombre dentro de su mundo. Estos elementos los puede reconocer quien conoce mi obra. Trabajo principalmente con carbón, dibujo, pero esta obra era más pictórica. Ya había texturas y pensé que no podía dibujar, así que empecé a pintar, pero no con brocha, lo hice con las manos, con los dedos, con la intención del dibujo pero pintando.

En mi fragmento se pueden ver dos situaciones diferentes con un puente en el medio y una pareja con una escalera en color blanco. La pareja no tiene que ver necesariamente con el hombre y la mujer, sino con la idea de que uno solo no puede llegar a “algo”, es una mentira. Siempre hace falta alguien por lo menos para contarle las cosas buenas o malas. La escalera transmite los deseos de seguir hacia arriba y a la vez te permite descender sin caer. Juego un poco con esta metáfora. El puente es la unión, y más que nada quería algo esperanzador, en medio de la presencia lúgubre de esos dos edificios.

Yo fui el niño de este mural, cumplo 30 años en unos días. Estaba entre Bejarano y Fabelo, y también el resto, que para mí son maestros. Debía unir las obras de los dos y creo que al final salió bien.

¿Se sintió intimidado al trabajar, no solo con maestros, sino con la imagen simbólica del yate Granma?

No, fue una gran experiencia. Ya había participado en otros murales y desde todos los puntos de vista representa un compromiso y una tensión, pero no soy cobarde para ese tipo de cosas. Es mi obra y es lo que más defiendo. Aunque es necesario hilar fino entre todos estos artistas.

Por otra parte, una cosa está clara: esto es una reafirmación. No es algo único, porque Fidel sabe lo que sentimos por él y lo que significa para nosotros.

Para mí fueron una sorpresa dos cosas que me marcaron: Una fue el formato del yate, que me pareció un regalo muy bonito para el Comandante; otra fue su decisión de traerlo para el Museo. Para mí tener una obra junto a estos maestros en el Museo Nacional, además de todo lo que simboliza, es algo muy significativo.

¿Está satisfecho con el resultado de la obra en general?

El mural me ha gustado mucho. Incluso viajé a España después de haber pintado mi parte el tercer día y no vi más. Faltaba aún Rancaño y alguna otra gente por pintar, no tenía los rifles ni las bases, que son excelentes para la pieza. Cuando lo volví a ver fue aquí en el Museo, ya terminado, y me impresionó. Se ve precioso. Me gusta también cómo mi parte, en el centro, rompe con la linealidad de la obra. Estoy muy satisfecho con todo: con el destino, con que nos haya gustado a todos, y sobre todo que le haya gustado a Fidel.

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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