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José
Antonio Fúster es un artista con acento
muy particular. Este pintor, ceramista y
habitante amante de Jaimanitas, ha
recibido múltiples premios y menciones
dentro y fuera de Cuba entre los que se
encuentra la Distinción por la Cultura
Nacional. Fúster navega con soltura en
las aguas de lo histórico, lo citadino,
lo campestre, conjugando la seriedad con
la irreverencia; al decir de Senel Paz
“su única frontera es la isla, que
trasciende al expresarla”.
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¿Cómo
se vinculó al proyecto del Arca de la
Libertad?
Yo
he pintado el Granma en más de
una ocasión y Kcho me llamó para que
formara parte de esta expedición. La
idea me encantó por el momento que vivía
el país y por ser un regalo tan
importante para Fidel. Fue tremendo
placer acudir a la convocatoria donde
estaba el Granma en blanco.
Recuerdo que cuando llegué, Choco estaba
esbozando su fragmento y Kcho me dijo: a
mí me hace falta que le des color a
esto. Lo primero que pinté fue el
guajiro ―mi guajiro de siempre,
guerrillero― una flor, un fusil, un
gallo ―que representa la alegría, la
virilidad de los cubanos― y después de
eso seguí integrado viendo el trabajo de
los demás. Fueron momentos de mucho
patriotismo, todo el mundo te apoyaba, a
mi juicio los cubanos estamos marcando
una nueva expresión con la pintura
colectiva. Kcho decía que sin el
Granma hoy no estuviéramos aquí y
esto, por lo menos a quienes estamos muy
comprometidos con el arte cubano y con
lo que representa este yate en la
Revolución, nos motiva mucho. El Arca de
la Libertad junto con Cinco Palmas ha
sido una respuesta de los pintores
cubanos al momento histórico, a la
necesidad de unidad nacional que vive
nuestro país, en mi parecer hemos
marcado un punto importante pintando
estas cosas, pues hemos sabido
subordinar nuestro arte al servicio de
este proyecto tan lindo.
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¿Hubo
límites o alguna guía fija para
trabajar?
No,
éramos como un colectivo. Kcho solo dijo
al principio que el Granma era
blanco y que la unidad de las pinturas
iba a ser en blanco y negro, pero
teníamos todo tipo de libertad, él
diseñó el barco en el sentido de que
organizó el sitio donde iba a pintar
cada uno, decidía en el orden en que
pintaría cada uno, en algunos casos
reservó espacios o les pidió a los
artistas a veces que dieran más color…
de manera general Kcho marcó el camino,
fue el guía.
¿Está
satisfecho con el resultado final del
yate?
Más
que satisfecho estoy contentísimo,
porque fue un trabajo de mucha
colectividad y mucha compenetración,
todos los que participaron lo hicieron
en calidad de amigos.
¿Qué
le ha parecido que esta obra mural se
haya expuesto en el Museo Nacional de
Bellas Artes?
Fue
una gentileza de Fidel, porque eso era
una obra para él y él dijo que se
pusiera aquí en el Museo para que la
gente lo viera con lo cual sigue
demostrando que Fidel es Fidel. |